viernes, diciembre 08, 2006

El Hombre-Pez de Liérganes


Es famosa en Cantabria la leyenda del siglo XVII acerca del Hombre-Pez de Liérganes. Eruditos de la época se expresaron acerca de tan prodigioso acontecimiento.
El padre Feijoo, en su Teatro Crítico Universal, cree en la veracidad de la historia, mientras Gregorio Marañón critica la famosa leyenda alegando que el joven estaba aquejado de múltiples enfermedades.
Sí es cierto que existió Francisco de la Vega Casar, que parece ser el nombre verdadero de tan extraño ser. Nació en Liérganes (Cantabria) donde desde muy pequeño demostró unas habilidades natatorias inusuales. Siempre que podía se escapaba al río Miera, que pasa por su villa natal, y se zambullía en sus oscuras aguas. Cuando contaba con 16 años, el joven se fue a aprender el oficio de carpintero a Las Arenas (Vizcaya). Una tarde salió de la carpintería para no regresar más. Esa tarde se tiró a las frías aguas de la ría de Bilbao pero no volvió más.
La gente que le conocía y sabiendo lo buen nadador que era nunca perdió la esperanza de que estaría pronto de vuelta, pero Francisco no regresó. Cuando la noticia llegó a Liérganes su familia lloró su pérdida, pensando que se habría ahogado y, aunque buscaron el cadáver por las playas y acantilados cercanos, nunca lo encontraron.
Cinco años después, un extraño y monstruoso ser se dejó ver en la bahía de Cádiz. La gente que faneaba en el puerto gaditano al principio sintió pánico, luego curiosidad, y dejándole alimento, consiguieron atraerle hasta la costa, donde le atraparon.
El ser que tenían los andaluces ante sí había desarrollado escamas a lo largo de su pecho y espalda. Era un gigante pez monstruoso que no paraba de gruñir. Le encerraron e intentaron hacerle hablar, pero los sonidos que salían de su boca eran ininteligibles. Un día llegó a decir algo comprensible: "Liérganes". Entonces comienzan a investigar y se descubrió que el ser tan extraño que tenían delante era el muchacho desaparecido en el mar Cantábrico cinco años antes.
Le llevaron a su casa, donde su familia lo reconoció enseguida. Jamás conseguiría después comunicarse con la gente. Estaba vigilado las 24 horas. Un día consiguió liberarse y se zambulló en el mar para siempre. Nada más se supo de él.

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