sábado, septiembre 20, 2008

¿Puedo dormir en tu casa?

Con la llegada de San Mateo me viene a la memoria (para variar) una conversación que mantuve con F. hace unos años. Íbamos dos amigas y yo (perdidas del resto) buscando al grupo cuando nos encontramos con los del pueblo de F. Era una semana antes de que empezaran las fiestas de Logroño. Por aquel entonces yo era de las que "mendigaba" cama para las fiestas de la capital riojana, debido a que ni mis hermanos ni yo estábamos allí y, por tanto, a diferencia de la gran mayoría, no teníamos techo propio. Ahora, con mis hermanos allí, eso ya no es un problema. Pero hace unos años... cada uno se buscaba su refugio. No es plan de dormir en el Parque del Carmen (donde, por cierto, ya he pernoctado en mis épocas de adolescente).
El caso es que ese día nos encontramos con F. y sus amigos. Nos acercamos, preguntamos por nuestra gente, ellos ni idea, pero la conversación se alargó. De repente, mis amigas hablaban con el resto, mientras F. y yo habíamos hecho un aparte y susurrábamos. He de decir que F. tiene piso en Logroño y en aquella época sus padres ya se habían trasladado a su casa nueva del pueblo de al lado, de ahí que los anfitriones fueran F. y su hermana. Se lo salté, fue una autoinvitación en toda regla, sabedora de que F. no sabe decir nunca que no. Lo mejor fueron las exigencias, a medida que yo disfrutaba con un sinfín de muecas que mostraba su rostro en cuestión de pocos minutos.
-Tengo un problema (haciendo pucheros): Es que no tengo casa para dormir en San Mateo... ¿Me das una cama en la tuya?
Él me observaba, primero interrogativo, luego sorprendido por que fuera capaz de pedirle algo así, tanteando si le tomaba el pelo o no. Lo pensó unos segundos...
-Si de verdad no tienes casa en San Mateo, puedes venir a la mía, pero (poniendo mucho énfasis) sólo si no tienes dónde quedarte...
Ni que yo fuera una "sin techo". En fin... La respuesta que yo había esperado.
-Y bien, dime, ¿tienes muchas camas libres? Porque yo, aunque haya otras camas, me pido tu cama. Te vas a otra si te parece mal.
No sabría decir si él disfrutaba de la conversación o se estaba poniendo de mala leche. Encima de que me da techo, yo iba exigiendo cómo y dónde quería dormir. No me extraña que de vez en cuando se enfade conmigo, me he pasado muchas veces, como ésta...
Si mal no recuerdo, me dijo que la cama que hubiera. Y yo seguía con mi monólogo de: "o tu cama o paso de ir a tu casa", para terminar con la guasa que siempre me sale con él de un modo inesperado.
-En fin, F., es bueno saber que me darías techo, aunque no iré a tu casa, gracias igualmente. Ya tengo dónde quedarme. Sólo te he preguntado a ver lo que decías.
Él, enfadado por supuesto (no sabría decir si además estaba decepcionado), se tocaba la perilla y se preguntaba cuántas veces le habría sometido a pruebas de ese estilo (porque lo cierto es que en aquella época yo le tomaba mucho el pelo, y siempre caía en mis trampas). Yo con mi sonrisa de "me apunto un tanto" le miraba fijamente, mientras él intentaba controlar su genio. Y creo que aquella vez lo controló, porque luego seguimos hablando de cosas que no se pueden decir por aquí, para redimirme le estuve contando secretillos inimaginables mientras disfrutaba de sus gestos de sorpresa e incredulidad.
Desde entonces hemos caminado hacia atrás. Alguna vez damos un paso hacia adelante, pero cada vez es peor. En estos momentos sé que está arrepentido de lo que me dijo, seducido y desconcertado por mis palabras de después y se preguntará si iré o no a San Mateo.
Y yo me pregunto si sería capaz, en la actualidad, de autoinvitarme a su casa como aquella vez. Es obvio que él no sabría decir que no y yo me aprovecharía de eso. Pero... creo que ahora, tal y como estamos, sería yo la que no le preguntaría siquiera.

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