
Cuando un libro te hace llorar, la sensación final es casi indescriptible. Intuyes que algo no es como debería para encontrarte de frente con algo inesperado que, si te hubieras puesto a pensar, hubieras adivinado...
Óscar Drai había desaparecido del internado durante una semana sin dejar rastros. Un policía le había encontrado y sólo le había preguntado su nombre. No pidió más información: la mirada del muchacho hablaba por sí sola.
Óscar estaba en un internado del barrio de Sarriá, de donde desaparecía a menudo. Un día, sus pasos le llevan a un viejo caserón que parece abandonado. Allí conoce a Germán y a su hija Marina. Enamorado de la muchacha, la pareja se pierde por las calles de Barcelona en busca de respuestas del pasado: una mujer vestida de negro con un velo tapándole el rostro, un carruaje anacrónico, el hedor a podredumbre y muerte, la mariposa negra de alas desplegadas... Siguiendo las pistas del pasado y hablando con los protagonistas, descubren la historia de Mijail Kolvenik, un hombre empobrecido que había llegado desde Praga y que había encontrado la fama, notoriedad y riqueza en Barcelona. Paralelamente a su trabajo, por las noches se ocupaba de una labor clandestina y maquiavélica: compraba cadáveres de los que nadie se hacía cargo y les insuflaba vida de una manera macabra. Mijail murió, junto a su esposa, supuestamente en un incendio. Él mismo, antes de morir, aquejado de una locura ante el tormento de verse cara a cara con la muerte, se había reconstruido sus órganos vitales para volver a resurgir desde las sombras. Formado su ejército de "zombies", Kolvenik ha venido a apoderarse del último frasco de suero para mantenerse con vida...
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