Todavía estoy con la incertidumbre del final de esta película. Hace mucho tiempo que quería verla, sobre todo después de que Javier Bardem ganara un Oscar. No lo hace mal, aunque la película en sí misma es un bodrio, o quizás influye el hecho de que a mí no me gustan mucho este tipo de películas.
Todo comienza cuando Llewelyn Moss (Josh Brolin) encuentra en medio del desierto texano los restos de una refriega donde hubo por medio drogas y dinero. Consigue hacerse con el maletín de dos millones de dólares, pero deja atrás los cadáveres, sus camionetas y la marihuana mexicana.
Sin embargo, vuelve al lugar, pero esta vez comienza a ser perseguido por un psicópata asesino, Anton Chigurh (Javier Bardem), que lleva un arma peculiar: un tubo y una bombona de aire comprimido, igual que las que se usan para matar a las reses.
Tanto Llewelyn como Anton son dos supervivientes y los dos consiguen enfrentarse, se pegan unos tiros, pero ninguno muere, aunque está claro que para que todo siga su rumbo uno de los dos perderá la vida a manos del otro.
El sheriff Bell (Tommy Lee Jones), que está a punto de retirarse, intenta proteger a Llewelyn y a su esposa, sin éxito. Tampoco consigue dar caza al asesino ni encuentran el dinero.
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