Ya tengo preparado el siguiente manuscrito. Éste va a Canarias. Sólo me queda hacer cinco copias, que se dice pronto, pero que me llevarán media mañana los de la fotocopiadora, encuadernarlas, pasarme por Correos y después hacer otra visitilla al Registro con los dos relatos que no tenía terminados la semana pasada. Lo que daría por vivir, como hace cuatro años, justo enfrente del Monumento de la Constitución. Al menos no tendría que caminar tanto, sólo tendría que cruzar la calle para ir tanto a un sitio como a otro.
Y ando mirando el siguiente certamen literario al que me voy a presentar. Mientras que no se fallen los antiguos no puedo usar los textos escritos anteriormente, pero es cierto que la inspiración en estos momentos es infinita.
Estoy sin dormir y a las 9.00 haré la ronda por la fotocopiadora. Después volveré a por una mochila, porque lo cierto es que llevar seis manuscritos de cien folios en las manos me resulta pesado con sólo pensar en ello. Cargados a la espalda irán mejor. Y bien, me pregunto a qué hora dormiré hoy...
Estoy impaciente. Aunque sólo escribiera para que leyera mi madre mis textos habrá merecido la pena. Ella llora y con éste también se le van a caer las lágrimas. Ella dice que me descubre en cada relato. Será que es mi madre y es, posiblemente, la que mejor me conoce.
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