Madrugar siempre me resultó extraño. Siempre preferí la noche, quizás por el silencio y la tranquilidad. Me he tragado las noticias matinales mientras comía un donut (odio comer nada recién levantada, pero estoy tomando antibiótico y mi estómago no puede estar vacío).
Ayer, una vez más, soñé con F., en si le enviaré un ejemplar del libro donde publicarán mi relato (seguramente que sí), en lo que le diré. No sé. Acabo de enviarlo a la organización del premio, porque me pidieron el soporte digital. Parece ser que estoy más tranquila, que la efusividad de los dos últimos días va remitiendo.
Anoche me curré otro relato cuyo plazo acaba el 31 de octubre. Me queda pulirlo y preparar la plica, la encuadernación, las copias, etc. Pero me lo tomo con enorme parsimonia, ya que hasta finales de octubre queda todavía un poco. También he de ir al Registro de nuevo. Todavía tengo algo sin registrar y ya lo envié la semana pasada.
Hoy me dejaré ver por la facultad. A secretaría tengo que ir la próxima semana.
De momento, ahora he de hacer tantas cosas que no sé por dónde empezar. Lunes... son horribles.
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