viernes, septiembre 19, 2008

La llave de los sueños

En el Registro de la Propiedad Intelectual tendrán que hacerme un pase especial, desde el control de la puerta de entrada hasta el tercer piso, donde se alberga todo lo relacionado con la Cultura.
Hacía más de un mes que no pasaba por allí, cosa lógica porque no escribí nada en las semanas que estuve en casa. Ya directamente me entregan impresos en blanco para rellenarlos en casa y adelantar tiempo allí.
Vuelven a ser cuentos, un compendio de cuentos que enviaré a Canarias. Las bases son las mismas que en el anterior certamen. Mi hermano me ha llamado para darme su opinión sobre uno de ellos, porque en ése (no sería propiamente un cuento) aparece alguien ausente ya de nuestras vidas. Todo lo que se escribe, cualquier creación -no solamente literaria- se convierte en inmortal desde el mismo momento en que se plasma como texto escrito, aunque no lo publiquen. De ahí que las personas moriremos, pero lo que dejamos aquí se convierte en algo imperecedero, y los personajes de esas historias se convierten también en eternos. De esa manera nunca morirán completamente...
-¿Te acuerdas mucho del tío, verdad? -preguntaba al otro lado del hilo mi hermano.
-Sí, claro. Es mala época...
Y eso es. El recuerdo de mi tío puede morir con nosotros, cuando al final de nuestras vidas tomemos el camino hacia las estrellas, pero nunca se apagará mientras se haya convertido en algo perpetuo...
Piedad, la registradora, me ha preguntado si tendré inspiración de cara al invierno. Cuando lee los títulos, le entra la curiosidad sobre el tema de lo que hace unas noches escribí.
Respecto a los fallos de los certámenes anteriores... me siento nerviosa, con una enorme ansiedad. Temo a la decepción, pero estoy orgullosa de mí misma. Son ya tres concursos a los que me he presentado, y la próxima semana serán cuatro. Y las ideas siguen rugiendo en mi mente, queriendo salir hacia el exterior convertidas en una ¿obra de arte?

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