domingo, octubre 17, 2010

Y en el último momento

No debería escribir nada a estas horas. Le hubiera besado mil veces. Hoy no le he dicho lo guapo que estaba, aunque lo he pensado. Tenía tantas cosas que decirle en poco tiempo...
Es adorable y me voy a dormir y a soñar con él...

En el último momento, justo cuando pensaba que no me lo iba a encontrar, aparece...

sábado, octubre 16, 2010

Tan sólo un deseo

Anhelo encontrarme con ese ángel lleno de perfección, deseo que su mirada me envuelva de tal forma que no exista nadie más que él, quiero escuchar sus historias rescatadas de un pretérito desconocido para mí, ansío tocar sutilmente su rostro y susurrarle lo guapo que está, quiero verle sonreír...

Deseo que mis pasos me lleven a él...

El Árbol de las Lágrimas

El laurel que se plantó en el lugar donde estaba el Garoé original
Después de leer el libro de Garoé, que parecía del más surrealista estilo fantástico en lo que respecta al árbol que proveía agua a los habitantes de la isla del Hierro, he investigado y, efectivamente, ese árbol existió. Me sorprendía que un árbol pudiera hacer las funciones de fuente de agua dulce, pero, tras documentarme, he comprobado que sí existió un árbol así en el Hierro.

El Garoé era el árbol sagrado de los bimbaches, antiguos habitantes de la isla del Hierro, así como uno de sus símbolos. El Hierro es una isla muy escarpada, con abruptos acantilados, muy volcánica, con enormes alturas y escasa población.
Debido a su situación elevada, donde descargan los vientos alisios, el agua de las nubes se condensa en las ramas de los árboles y se precipita al suelo en forma de lluvia horizontal.
La antigua leyenda dice que era un gran laurel, situado en la cumbre más alta, que aseguraba la vida de los bimbaches proporcionándoles agua en cantidades suficientes para sobrevivir. Allí acudían los bimbaches para llenar sus zurrones de agua, que luego transportarían a todos los poblados de la isla. Otra leyenda asegura que el agua proveniente del árbol era conducida por un agujero que llegaba hasta donde vivían los bimbaches. De esta forma lograron rechazar la invasión castellana durante un largo período de tiempo.
Una tempestad derribó el árbol original en 1610. En 1957 se colocó un laurel en el emplazamiento original del Garoé, que ha ido creciendo con el paso del tiempo y, en la actualidad, se encuentra rodeado de musgo. Las nubes siguen chocando con las cumbres herreñas y, en los días de niebla espesa, se puede observar el fenómeno de la lluvia horizontal.
En la conciencia de los habitantes del Hierro, el Garoé sigue siendo el árbol sagrado que puede proveer de agua a la isla y se le contempla como un símbol de salvación ante el peligro.Ubicación del Garoé y pozos donde se recogía el agua

Dulces recuerdos

Me encuentro en una perpetua tranquilidad, con el corazón en llamas y sonriendo sin motivo aparente. Y a veces me acuerdo de él, de su mirada perfecta, de esa voz tan sensual, de esa sonrisa tan dulce... Daría un mundo por encontrármelo de nuevo esta noche y volverme a quedar prendida en sus historias.
Hace unos días hablaba de la armonía que rige mi vida en los últimos meses. Ahora esa armonía está aquí en todo su esplendor.

A dos segundos de los sueños

Llevo soñadora todo el día. Incluso ha habido un momento en que me he encontrado más tímida de lo habitual, aunque quizás nadie lo haya notado más que yo.
El caso es que me he encontrado con esa mirada, casi ocultándome, para volver a asomarme. En ese momento me he sentido muy tímida. Quizás él también lo haya notado. Desconozco por qué ha sido.
Al pensarlo después he comprendido que quería verle. Tan dulce estaba... En estos momentos me acuerdo de su sonrisa de ese instante y con el recuerdo de esa sonrisa me voy en busca de los sueños.
Le he echado tanto de menos estos días...

viernes, octubre 15, 2010

Garoé


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"Es el árbol más hermoso de este mundo y con frecuencia se me aparece en sueños permitiéndome escuchar de nuevo su inolvidable melodía... No sólo está vivo y da vida, ¡tiene magia!, y puedes pasarte horas sentado frente a él teniendo la sensación de que las raíces que pasan bajo tus pies te están transmitiendo una fuerza que se remonta a tiempos anteriores al nacimiento de Cristo".

Ésta es una historia de amor, cuyo trasfondo histórico se encuentra en la isla del Hierro (Canarias), unos años después de los grandes descubrimientos que marcaron la Historia.
El general Gonzalo Baeza se encuentra tranquilamente en su casa, cuando recibe la visita de su viejo amigo, monseñor Alejandro Cazorla, que viene a traerle un documento real por el que se le nombra a Baeza gobernador de la isla de Hierro. El soldado se niega y, pese a ser parco en palabras, le cuenta a su amigo el motivo por el que no quiere volver a aquella volcánica isla.

Cuando desembarcaron en el Hierro, Gonzalo Baeza era un simple teniente obligado a cumplir las órdenes del cruel capitán Diego Castaños. Los nativos de la isla les brindaron todo lo que tenían, pero muy pronto empezaron a regalarles collares y baratijas a cambio de un extraño liquen que crecía por toda la isla, sobre todo en zonas abruptas y escarpadas, cerca de los acantilados. Se trataba de "orchilla", una yerba de la que se sacaba el tinte púrpura, muy codiciado en la época por cualquier poderoso. Diego Castaños, ávido de poder y riquezas, convirtió la isla en una tintorería, para la cual necesitaban mucha agua dulce y mezclarla después con orines putrefactos. Pero el Hierro no era una isla que tuviera muchos manantiales, teniendo en cuenta que tiene muy cerca el desierto africano. Llegó un momento en que no había suficiente agua para que todos los habitantes, españoles y nativos, sobrevivieran.
Gonzalo Baeza, enamorado de Garza, una isleña muy inteligente, se había mantenido al margen hasta que la situación se hizo insostenible, por lo que llegaron a drogar a toda la tropa para enviar a Diego Castaños en una falúa, con sus hombres más fieles, a mar abierto. La calima, tormenta de arena procedente del desierto, les hizo desaparecer.
Mientras, el resto de la tripulación se moría de sed. Hasta que Garza les enseñó el truco de sus ancestros: Garoé, el árbol del que manaba agua y que hacía sobrevivir a su pueblo. Embarazada de Baeza, su pueblo se la lleva porque, al descubrir el secreto a unos extranjeros, está condenada a muerte. Ante los ojos de su marido es despeñada hacia un acantilado y muere.
Baeza no puede volver a esa isla tan llena de recuerdos para él.

Lo único que queda de nuestro paso por la vida es la huella que dejamos en quienes nos rodearon; lo demás sólo es historia”.

*El Garoé continuó dando agua y protegiendo a los herreños hasta que hace exactamente cuatrocientos años una tempestad lo derribó durante la primavera de 1610.
Aún se conservan los aljibes en los que se recogían sus ‘lágrimas’.

Un viernes diferente

He estado en un sitio que me ha encantado, la verdad. La única pega es que está un poco lejos, pero tampoco está tan lejos. Me estoy aguantando las ganas de enviar un mensaje a una persona muy especial.
Que esta tarde le he visto, y estaba guapísimo, encantador, tan dulce. Me hubiera quedado más tiempo allí si sólo fuera para mirarle a los ojos. Y hubiera regresado después para perderme en su mirada.
Aun así tendré que compartir mis impresiones de esta tarde con él, ¿con quién si no?

Al regresar, me he liado hablando con mi compañera de trabajo y hemos terminado tomando unas cervezas. He llegado a casa feliz.

Estaba guapo. Iba vestido con un color que le sienta perfectamente bien.

Un día de la semana dedicado a suspirar

Me han invitado el domingo a pasar el día a Arnedo y mi pensamiento ha sido: "Los domingos los dedico a suspirar (de amor)". Realmente he declinado la invitación diciendo que el domingo prefiero holgazanear y, en todo caso, tomar un café tranquilo a media tarde.
Es que en los domingos pienso mucho en él y, sobre todo, cuando tengo un aliciente, como ocurrió el último domingo. Que sonreía y suspiraba a partes iguales.

Es la magia que sólo puede brindarte un ángel.

Otra sonrisa mientras caminaba por la calle

Nada.
Hoy es uno de los pocos días en que he ido a Correos caminando, sobre todo porque no había muchas cartas, pero rápidamente porque tenían que salir hoy. Iba contenta, saludando a unos y parándome a hablar con otros. Por eso a veces pienso que el coche es más rápido, que si voy caminando a cualquier sitio tardo el doble de tiempo, incluso el triple.
El caso es que al volver he visto su coche y he sentido un cosquilleo en el corazón. No estoy segura de que fuera, pero en ese lugar... es bastante posible. Entonces he sentido que me relajaba y sonreía. Tan cerca...
Y eso que no le he visto y por eso mismo le estoy echando de menos.

Ya no puedo dibujarle estrellas, porque se lo dije. Es una de las pocas personas de este mundo a quien no puedo ocultar nada. Y le dije que un día había dibujado una estrella en su coche. Así que ahora no puedo hacerlo, porque entonces sabría quién era. De todas formas, su coche estaba lejos; posiblemente, él estaba más cerca... tan sólo a unos pasos.

Es inevitable sonreír al saberle tan cercano. Su proximidad de reconforta. Seguro que hoy está guapísimo y me lo he perdido. Como también me he perdido su mirada angelical, esa mirada que hace que los minutos se congelen, esa mirada que porta todo lo mejor del mundo... Y eso lo echo mucho de menos.

Una sonrisa para empezar el día

Estoy contenta hoy. No veo porque pase esta media hora rápidamente. He venido a las ocho, porque si esta tarde no voy a poder echarme la siesta, he preferido venir más tarde.
No sé si influye que sea viernes o mi estado de ánimo en sí. El caso es que llevo con una sonrisa de oreja a oreja desde que las primeras luces del día empezaban a desplazar a la oscuridad. A las ocho empieza a amanecer, ya hay claridad.
Hace mucho frío.
Aunque yo siento intensamente la calidez de un ángel que, supongo, no está muy lejos. Me encantaría verle hoy. El universo está en una extraña sintonía para que eso ocurra.

jueves, octubre 14, 2010

Recuerdos de...

Le he visto pasar y no iba solo. Cuando he saludado, ya había pasado, así que es muy posible que no me haya visto.
Y después... me he vuelto a acordar de él.
El perro me mordió el enchufe de un alargador este fin de semana, así que he ido a comprar otro. Entonces he pasado por el bar donde nos encontramos el fin de semana, el mismo bar donde nos conocimos, el mismo bar que siempre me trae su imagen, que siempre me hace revivir aquel día tan remoto. Recuerdo a la perfección aquella noche. Ya sentía una atracción magnética por él, pero ¡quién iba a pensar entonces que iba a llegar a sentir esto que siento!
Aquel bar... la primera vez que le miré a los ojos, la primera vez que escuché el timbre de su voz, la primera vez que le vi sonreír...
¡Quién iba a pensar entonces que esa persona me brindaría tantas alegrías al cabo del día, que ese ángel iba a dar sentido a mi vida!
Y cada minuto que pasa le quiero un poco más.

En ese bar hay un panel impresionante de una ciudad de noche. Creo que es Nueva York y creo que es el puente de Brooklyn.

Niños... niños son

Los niños siempre serán niños. Y por ver una sonrisa de esas merece la pena darles todos los caramelos de la oficina.
Estaba en la calle cuando tres niños han pasado por delante de mí. Por los rasgos podían ser pakistaníes. El más pequeño se me ha quedado mirando y entonces le he preguntado si quería un caramelo. Les he dado caramelos a los tres y se agradece la sonrisa de felicidad que me han brindado. La niña ha ido corriendo un poco más lejos hacia unas mujeres que venían por la calle. Iban vestidas con un sari, pero los cabellos los llevaban cubiertos por un velo. Podrían ser de Pakistán, pero también de la India.
Cuando han pasado a mi lado me han sonreído y la mayor, posiblemente abuela de los niños, me ha dado las gracias.
Sólo por la sonrisa de esos niños merecía la pena salir a la calle en ese momento.

Destellos de oro

Hay civilizaciones antiguas que adoraban la luna llena, otras incluso la temían. Lo que está claro es que en las noches de luna llena hay una magia especial. Y a veces es lo que nos gusta creer, porque los días sin magia no son días completos.
Hoy he tenido que acudir al enriquecedor álbum de mi memoria para que el recuerdo de su mirada trajera la magia. Es una magia más débil que cuando le miro directamente, pero incluso en los recuerdos él me sigue envolviendo con esa magia especial que sólo él me brinda.
Imagino que me tumbo bajo la luna llena, sintiendo en mi piel el roce del frío y la humedad de la hierba húmeda, percibiendo cómo una suave brisa intenta robarme los recuerdos. Y miro al cielo y todos mis pensamientos se funden con las estrellas que me hacen evocarle cada noche. Susurro su nombre en la oscuridad y, de repente, siento el roce invisible de sus alas a mi lado. Y me siento en paz, contemplando esa luna llena perfecta. Su brillo se refleja en mi mirada, cierro los ojos y siento que unos destellos dorados cubren mi alma y mi corazón, y entonces vuelvo a oír esa voz tan sensual, vuelvo a rememorar la dulzura de su sonrisa, vuelvo a sentir que nada puedo ocultar a esa mirada perfecta. Entonces siento que puedo alargar los brazos y rodearle en un tierno abrazo, que puedo levantar mis dedos y tocar ese rostro tan amado, que puedo cerrar los ojos y sentir el sutil contacto de mis labios posados en los suyos.
Y le siento cercano, noto un cosquilleo en mi corazón y sonrío de felicidad.
Quien sea capaz de aportarte tanto en unos minutos es digno de querer.

Me siento proclive a soñar.

El sol engaña

Aunque me han traído una nueva pantalla, he optado por quedarme en el ordenador que he encendido esta mañana. Aunque el sol no da directamente, ilumina radiante la calle. Aunque engaña, porque en realidad hace frío.
Me encantaría tumbarme con él en cualquier azotea y dejar que el sol dé directamente en mi cara, para inclinar la cabeza hacia él y sonreír de felicidad. Y decirle todo con esa sonrisa sin necesidad de pronunciar nada en voz alta.

Es una tarde para soñar.

El abrazo onírico

Hoy he soñado con él, aunque sólo recuerdo que estábamos abrazados, recuerdo sentirme reconfortada en sus brazos, recuerdo el silencio que nos rodeaba y recuerdo que los dos mirábamos hacia el horizonte.
Y he sentido una calma total.

Hoy he soñado con un ángel y lo único que recuerdo del sueño es su abrazo tranquilizador.

Me he quedado sin pantalla

Me he quedado sin pantalla de ordenador. Parece ser que estaba defectuosa y se la han llevado para tramitar rápidamente que está en garantía. Me salía como una nube negra y, poco a poco, iba apareciendo el escritorio. Pero eran unos minutos de espera. Como por teléfono no entendían mi explicación de la nube negra, han venido a verlo y se lo han llevado.
Ahora estoy en un ordenador que está más cerca de la calle y, por tanto, veo a todo el mundo pasar.

Más de medianoche

Pasada la medianoche y con un pie en la cama, me pregunto qué estará haciendo, en qué estará pensando, si estará soñando ya. Me gustaría tanto abrazarle en estos momentos y preguntarle cómo le ha ido el día, cubrirle el rostro de besos hasta quedarme dormida...
Con ese pensamiento que me trae calma, debería ir a dormir. Aunque es pronto para cerrar los ojos y, posiblemente, me embarque en un libro, un libro que tiene tantas frases de amor que me desborda y me lleva a hacer increíbles pausas para pensar en él.

En el silencio de la noche sigo pensando en él.

Añoro que llegue mañana sólo para volver a encontrarme con él (quizás), para volver a sentir ese torrente de emociones tan variopintas, para sentir cada vez más fuertes los latidos de mi corazón, para redescubrir el mundo tan perfecto que me muestran sus ojos...

miércoles, octubre 13, 2010

La sinfonía inacabada

Hace meses que me encuentro en armonía con el mundo. Con lo que me rodea. Con la gente con la que me relaciono a diario. Con lo que veo en esos ojos angelicales…

Una persona es excepcional desde el momento en que te hace sentir algo que no puedes describir, desde el efímero instante en que sus pupilas se cruzan con las tuyas y en ellas encuentras todo aquello de que carece ese mundo que te rodea, y te arropas con el magnetismo y el misterio que provienen de él. Él es una persona excepcional desde el mismo momento en que me da aquello que nadie más me aporta, independientemente de sus magníficos atributos o de las grandísimas cualidades que posee.
Hoy he visto a ese ángel, me ha mirado y he sentido la magia. Estoy rodeada de magia, cuando hubo una época en que llegué a creer que esa magia no existía.

Quien no lo ha conocido niega tercamente su existencia, pero quien ha sentido de cerca la fuerza de su aliento se rinde ante el hecho innegable de que es el único monstruo ciertamente invencible”.

Esa magia que aparece desde el mismo momento en que abro los ojos por la mañana y sonrío al pensar en él, que pasa por los instantes en que le miro y siento tanta paz, que hace que sonría pese a las tempestades, que me impulsa a describir emociones indescriptibles, que me lleva a embarcarme en unos sueños extraordinarios… Esa magia existe cada día, existe desde aquel remoto instante, hace ya muchos meses, en que su mirada se cruzó con la mía por primera vez.

Y en este tiempo he tropezado en ocasiones contra muros insondables, he tocado fondo en los pozos más lúgubres de la tristeza, he aprendido a confiar por completo en una persona, he admirado (y admiro) cada rasgo de su rostro y cada gesto de su cuerpo, he derramado torrentes de lágrimas, he subido a las montañas más altas para sonreír mientras le imaginaba, he soñado un sinfín de situaciones variadas, he escrito párrafos increíblemente hermosos… y en todas y en cada una de esas circunstancias siempre había algo de él. Cada vez que me derrumbo, me levanto con una fuerza casi sobrenatural y noto que el sentimiento en mi corazón cada vez es más sólido y más intenso, como si el fuego de una hoguera se avivara lentamente sin posibilidad de apagarlo… Cada día le quiero más y al quererle tanto siento una armonía alrededor de mí impresionante, una armonía que llegó gracias a él.

De trasfondo, mi mente evoca el eco de sus palabras, la sensualidad de esa voz que tantas veces me ha hecho suspirar, como si me encontrara danzando sobre las notas apasionadas de una sinfonía inacabada, una sinfonía que no deseo, por nada del mundo, que termine nunca.

El rugido del mar

Recuerdo la pereza de levantarse de la cama en las mañanas invernales. Esta mañana hacía un frío terrible, aunque después haya salido el sol y ahora haga una tarde espléndida.
Me encantaría dar un paseo con él, refugiarme en sus brazos mientras escucho las innumerables historias que quiera contar, esas historias que de repente ven la luz, cuando siento que está compartiendo algo nuevo conmigo y me siento demasiado feliz porque, en el fondo, soy consciente de que me está dando algo de sí mismo. Y sus palabras, pronunciadas con esa magnífica voz, se quedan grabadas como a fuego.

Anoche imaginaba el mar, imaginaba que estábamos sentados en una playa desierta y que un sol anaranjado empezaba a ocultarse por la línea del horizonte, frente a nuestros ojos. Y escuchábamos el murmullo de las olas al acariciar suavemente la orilla. Había una calma silenciosa...
Iba a levantarme a describirlo, pero tenía demasiado frío. Esta mañana he tecleado rápidamente antes de marchar, pero parte de la magia del pensamiento nocturno había desaparecido.

Hoy he visto a un ángel y me he sentido envuelta por su magia.

Es un buen momento para marchar a casa.

Perfección

Hoy es un día especial. He mirado a los ojos a un ángel y, a partir de ese momento, todo era perfecto. Adoro esos minutos en que aparece él.
Incluso ha salido el sol...

En una playa tormentosa

Ayer cerré los ojos demasiado pronto. Imaginé la inmensidad del mar rugiendo frente a nuestros ojos, imaginé la humedad de la arena de una playa completamente desierta. El viento que silbaba y hacía que unas solitarias palmeras se tambalearan. Y sentía el tacto de sus dedos enlazados con los míos.

"El océano es como la vida. Si ya resulta agotador llegar hasta el final, imposible resulta regresar".

Es un buen momento para sonreír hacia el nuevo día que lleva.

martes, octubre 12, 2010

Esperando a mañana

Tengo ganas de que llegue mañana, que me da la sensación de que es como un lunes. Encima trece. Pero quizás le vea. Quizás vuelva a congelarse el tiempo en ese minuto y pueda contemplar toda la grandeza que hay en sus ojos. Quizás vea esa sonrisa angelical.
Le echo de menos.

"El mejor tipo de amor es aquél que despierta el alma y nos hace aspirar a más, nos enciende el corazón y nos trae paz a la mente. Eso es lo que él me ha dado y lo que yo esperaba darle siempre".

El frío acechando

En dos meses largos entrará el invierno, pero ya hace un frío invernal. No me gustan mucho los días como hoy, con un día colgando en mitad de la semana que descoloca por completo la noción del tiempo. Al menos, si cae en lunes, parece que el fin de semana se alarga. Y yo no he tenido puente para decir que mi fin de semana se ha alargado, porque no ha sido así.
Tengo las manos heladas, aunque será porque mi corazón está caliente. Quizás, porque hoy he pensado mucho en él. De hecho, estoy deseando que llegue mañana para verle. Para desearle en silencio todo lo mejor, para quererle un poco más...
Y, aunque haga frío, pienso en él y veo su calidez. Entonces dejo de sentir frío.

Alberto Vázquez-Figueroa


Como voy a empezar a leerme un libro del autor, he optado por hacer un recordatorio de todo lo que me he leído de él, y es mucho. No en vano se ha convertido en uno de mis autores españoles favoritos. Me fastidia no tener el blog desde mucho antes para poder haber comentado sus historias cuando estaban frescas. Para mí, este periodista canario es un marinero en tierra, un pirata de las letras, un historiador nato.
Me encontré con él por casualidad en 1996, justo una década antes de empezar este blog. Me gusta porque combina en sus libros mis temas favoritos: piratas, historia contemporánea y de las conquistas y unos personajes sublimes y a veces muy peculiares.
Me gustan sus títulos cortos, por lo general englobados en una única palabra que define el libro al completo. Con leer ese título ya sabes lo que hay dentro de sus páginas.
Dejando aparte los dos últimos libros que me leí de él y de los que sí pude hablar en el blog (Alí en el País de las Maravillas y Tuareg) y que obviamente no voy a comentar, porque ya lo hice en su momento, empezaré explicando cómo pude convertirme, en cuestión de poco tiempo, en admiradora de Vázquez-Figueroa.
A pesar de que tenía varias novelas del autor en casa, no me atraían. Quizás porque siempre me ha dado algo de pereza empezar un autor nuevo, porque no sé lo que me voy a encontrar, y creo que es mejor lo malo conocido… Entonces llegó mi hermano y me entregó el libro que se acababa de leer: Piratas. Me atraía mucho el título, pero en cuanto abrí las páginas y leí un poco me desinflé y lo tuve un tiempo cogiendo polvo en una estantería. Y es que Vázquez-Figueroa alarga mucho la acción, de tal manera que a veces puede llegar a aburrir. Realmente es más periodista que escritor, así que nos encontramos ante un novelista que escribe sus novelas con las reglas del periodismo. Por eso, a veces se hace un poco pesado: sólo hay que imaginar una historia de acción de piratas como si estuvieses leyendo una noticia en un periódico. Yo prefiero diferenciar esa línea. Hay otro autor español en cuyas novelas también es algo difusa esa línea entre periodismo y narrativa, que no es otro que Arturo Pérez-Reverte, pero eso se nota mucho más en Alberto Vázquez-Figueroa.
Lo que está claro es que Vázquez-Figueroa es uno de los escritores más prolíficos en lengua castellana. Tiene tal cantidad de novelas publicadas en vida que incluso yo misma posiblemente me deje en el tintero alguna de las que ya han pasado por mis manos. Porque es obvio que en el momento en que entré en contacto con este autor y con la vasta producción literaria que tiene, también he leído muchos libros de él. Es una pena, repito, que tenga que acudir a los rincones más alejados de la memoria para traer aquellas lecturas de este autor que cayeron en mis manos desde 1996 a 2006.


Piratas sería el primero. Recuerdo el momento concreto en que lo leía, mientras acumulaba cerca de mí infinidad de periódicos de nuestro país y alternaba los capítulos del libro con las noticias de actualidad que tenía que seleccionar para realizar un enorme dossier de prensa.
Piratas me gustó muchísimo (y eso me impulsaría a seguir leyendo otras obras del mismo escritor). De hecho, creo que ese primer libro que leí (que no por ello es el primer libro que escribió) del autor es uno de los que más me gustó. Por una parte era el tema de los piratas, que desde siempre me ha atraído. Sebastián Heredia es un joven buscador de perlas, español afincado con su familia en el Caribe, a quien las circunstancias del destino le conducen hasta el barco del temido Jacaré Jack. Termina convirtiéndose en pirata y acabará engrosando una enorme fortuna. Los combates en alta mar, los peligrosos juegos de intriga, el destino de una familia de españoles afincada en el Caribe en la época de la trata de negros y la corrupción generalizada de las autoridades coloniales constituyen el transfondo de una trama trepidante.


Después cayeron en mis manos algunos libros sueltos de la saga de Cienfuegos, pero como siempre he optado por contar con todos los volúmenes de una saga antes de empezar a leerla, esperé hasta hacerme con toda la serie. Entonces eran seis, pero ahora sé que hay un séptimo libro, que salió en el nuevo milenio. Y, mientras me iba haciendo con la saga de Cienfuegos, Vázquez-Figueroa sacó a la luz la continuación de Piratas, que se titulaba Negreros.

No me entusiasmó tanto como el primero, quizás porque el tema de los barcos negreros difería bastante del tema tratado en el libro anterior. El argumento trata de la historia de Celeste Heredia (hermana de Sebastián Heredia, protagonista de Piratas) que quiere seguir los pasos de su hermano y, para ello, toma las riendas de un buque cuyo objetivo es terminar con el tráfico de seres humanos, por lo que atacará cualquier barco negrero que encuentre a su paso y devolverá la libertad a los presos.
En pleno siglo XVIII y con los beneficios que este mercado suponía, esta fría mujer de nombre Celeste se erige como bastión de los derechos humanos y no dudará ni por un instante en adentrarse en el corazón de África para acabar con el macabro negocio del rey de Níger.


Para leerme el tercer volumen de esta serie aún tendría que esperar unos años, y en esa espera leí otros libros del autor que tocaban otro tipo de temas. El tercer libro de la saga era León Bocanegra.
La trama de esta novela tiene como protagonista a un capitán de barco, el capitán Bocanegra, que navegará por las costas de África, donde su barco encallará y su tripulación será convertida en esclavos. Apresados, son conducidos como esclavos cruzando toda África. Es fácil comprender que este argumento es la otra cara de la moneda con respecto a la novela de Negreros. Los hombres del capitán Bocanegra son encadenados, vendidos, violados y degradados, convertidos en esclavos en medio de las más míseras condiciones humanas. Los más afortunados morirán, mientras que los que sobrevivan terminarán en unas salinas donde serán obligados a realizar trabajos forzados en las más inhumanas condiciones. Al final, sólo sobrevivirá León Bocanegra. Por la noche saca sal, siempre con los ojos vendados, porque la sal se come los ojos, y durante el día intenta dormir. Nunca come carne porque es consciente de que, si lo hiciera, podría estar comiéndose a alguno de sus compañeros.
Pasan muchos años hasta que uno de sus hombres decide escapar de la salina, pero terminará muriendo a su lado. Es el momento en que el capitán Bocanegra idea un plan para escapar de allí. Es obvio que este personaje tiene una gran fuerza psicológica. Me encantó.


Incluso deseé que Vázquez-Figueroa sacara más libros de la saga. Y cuando llegó a mis manos Tiempo de conquistadores, creía que era de la misma saga, pero no es así. El mismo título nos muestra que el argumento tratará de las conquistas, otro de los temas más tratados por el autor.
Éste es uno de los libros de Vázquez-Figueroa que menos me gustó, quizás porque tiene mucho argumento y poca acción (la historia de una historia, narrada siempre por la percepción de una persona que está postrada en cama). Es la historia de una narradora excepcional, Catalina Barrancos, una anciana a las puertas de la muerte que decide contar su ajetreada vida llena de peripecias a su hija. Catalina era una sevillana de familia pobre que un día decide emigrar al Nuevo Mundo para empezar una nueva vida. Al llegar, conoce al que será su marido y, juntos, deciden abrir una taberna que se convertirá en próspera. Catalina, desde su lecho de muerte, relata cómo en aquella taberna conoció a la mayor parte de los célebres conquistadores del Nuevo Mundo: a los hermanos Colón, Pizarro, Hernán Cortés… Cuando su marido es asesinado, ella se convierte en una empresaria que terminará sacando el negocio adelante.

La saga de Cienfuegos también trata el tema de las conquistas. Reconozco que el autor cambió mi punto de vista sobre Cristóbal Colón, al que presenta como un personaje interesado, un reyezuelo en el Nuevo Mundo al que tanto colonos como indígenas odiaban.

La saga de Cienfuegos narra las aventuras de Cienfuegos, un personaje que vivió en los siglos XV y XVI. Cienfuegos, cuyo nombre real se desconoce, es el apodo que se le da a un joven canario por el color de su cabello, de un rojo como el del fuego, herencia de su padre, gobernador de la isla de Gomera. Cienfuegos, sin embargo, no es un señorito, sino que es un bastardo que se dedica a cuidar cabras. Su vida transcurre monótona y apenas tiene contactos sociales. La llegada de un nuevo señor a la isla transformará el mundo de Cienfuegos, que tras su relación amorosa con la nueva señora, tendrá que huir de la isla. Termina navegando en la Marigalante (más conocida como la Santa María) y acompañará a los marineros que buscan una nueva ruta bajo las órdenes de Colón.
Tras una agotadora travesía en barco, donde Cienfuegos no sólo aprenderá a leer y escribir, sino también el vicio de los naipes, llegarán a San Salvador, donde los indígenas les reciben con los brazos abiertos. Como no hay allí oro, Colón manda embarcar de nuevo y llegarán a Cuba, donde tampoco encontrarán tan preciado metal. La Pinta desaparece a manos de Martín Alonso Pinzón y Colón provoca un accidente en la Santa María, que les obliga a quedarse en San Salvador, que ellos denominan como “Fuerte de la Natividad”.
Las tensiones entre los nuevos colonos y los nativos van en aumento. Recuerdo que las ejecuciones de los nativos, a quienes habían esclavizado, eran muy sádicas… como si no fueran más que animales. Quiere la casualidad que Cienfuegos se mantenga neutral, al ser el que mejor comunicación mantiene con los isleños. Junto a dos compañeros, buscarán un lugar adecuado para asentarse. Se encontrarán con un peligro inminente: los caribes, un pueblo caníbal que viene a la isla a cazar seres humanos. Los dos compañeros de Cienfuegos perderán la vida a manos de los caníbales, pero Cienfuegos consigue escapar y advertir a los habitantes del "Fuerte".


Caribes es la segunda parte de la saga que enlaza magistralmente con el volumen anterior. Caribes narra la odisea vivida por Cienfuegos cuando Colón regresa a España, abandonando el "Fuerte de la Natividad" a su suerte, con un contingente de 39 hombres.

En otoño de 1493 un violento huracán arrasa la isla de Haití. Los sanguinarios guerreros del cacique Canoabó se encargan de rematar la obra iniciada por la naturaleza, asesinando despiadadamente a los pocos españoles que habían sobrevivido al desastre. Cienfuegos consigue, de nuevo, salvar la vida, gracias a la ayuda de Sinalinga, una indígena que dará a luz un hijo de Cienfuegos. El joven canario y maese Benito de Toledo, otro de los supervivientes, deciden alejarse de allí. Los dos hombres habían construido un barco en secreto, temerosos de la presencia de los caribes en la isla. Sin embargo, serán hechos prisioneros por un grupo de mujeres caribes, desconociendo que la escuadra de Colón se encuentra muy cerca de donde ellos padecen sus sufrimientos a manos de las mujeres caribes.
A bordo de uno de los barcos llega la bella Ingrid, la mujer que motivó que Cienfuegos abandonara su isla natal. El joven canario sobrevivirá en un mundo hostil.


La tercera entrega de la saga es Azabache. Cienfuegos se embarca como grumete en el São Bento, un navío portugués al mando del capitán Eu, un cruel personaje que provoca terror en su tripulación. La vida de Cienfuegos pende de un hilo. Herido y hambriento, Azabache, una joven negra dahomeyana, se encargará de curarlo y alimentarlo. Cuando el temible Eu cae en desgracia, los dos jóvenes escapan y atraviesan un territorio exótico y desconocido. Se terminan uniendo a una extraña tribu de hombres blancos liderada por el misterioso Yakaré. Azabache queda embarazada de Yakaré y, para asegurar la vida de su hijo, debe cumplir unos arriesgados rituales en las cumbres heladas de las montañas. Cienfuegos la acompañará en este difícil trance.
En otro punto del Nuevo Mundo, Ingrid, la amante de Cienfuegos, se ha instalado con los españoles y ha adoptado al hijo mestizo de Cienfuegos. En medio de un mundo de intrigas y sobresaltos, no está dispuesta a abandonar la búsqueda de su amante.
En España, mientras tanto, se prepara una nueva expedición al Nuevo Mundo, con el fin de explorarlo a fondo y descubrir las riquezas más preciadas.


El cuarto libro de la serie es Montenegro. Azabache y Cienfuegos se encuentran en la montaña blanca, sufriendo enormes penalidades a manos de los primitivos mutilones.
Mientras, Ingrid, movida por su amor apasionado, se hace llamar Doña Marina Montenegro y ordena construir el barco más moderno de esa orilla del océano, el Milagro. Contrata una expedición para recorrer los mares en busca de su amado Cienfuegos.
También ha cruzado el océano tras Ingrid, su esposo el Vizconde de Teguise, que quiere limpiar su honor y su nombre, pero será nuevamente humillado por el Cienfuegos.
Los amantes se reencuentran finalmente y viven una tranquila etapa de amor y felicidad, etapa que será breve por la interrupción de la Inquisición, cuyas alas se abatirán sobre la pareja.


El siguiente libro de la saga es Brazofuerte. Acababa el volumen anterior con la llegada de la Inquisión al Nuevo Mundo. Cienfuegos, un hombre que se ha enfrentado a las más terribles tragedias, que ha echado varios pulsos a la muerte saliendo victorioso, se encuentra ante un trance inesperado: la Inquisición. Personificada en Fray Bernardino de Sigüenza, un personaje repulsivo y muy inteligente, la Inquisición encuentra en Ingrid Grass la víctima perfecta. Ingrid será acusada injustamente de practicar brujería. Es detenida y conducida a una tétrica fortaleza. En este momento, se origina un desesperado duelo verbal entre el inquisidor y la presunta bruja, que lleva en su vientre al hijo de Cienfuegos. El canario emprende un plan para liberar a su amada de las garras de la Inquisición. La intervención de variados factores políticos ayudarán a Cienfuegos a encontrar una solución a esta dramática situación.


Cuando terminé de leerme la saga con la última entrega hasta entonces, Xaraguá era el sexto volumen de Cienfuegos. En 2006, Vázquez-Figueroa publicó Tierra de bisontes, que sería, hasta ahora, el último libro de la saga. De momento no me he leído el séptimo, pero seguramente que algún día caerá.


Xaraguá es el paradisíaco lugar donde viven apaciblemente Cienfuegos, Ingrid y el hijo de ambos personajes. Viven bajo la protección de la princesa Anacaona, mujer inteligente y agresiva si tiene que defender sus libertades e intereses. Xaraguá se tendrá que enfrentar al gobernador español fray Nicolás de Ovando, que está dispuesto a ejercer, al precio que sea, el control absoluto de toda la isla La Española. Es inevitable el enfrentamiento entre españoles e indígenas.


En esa época me había llegado, a través del Círculo de Lectores, el libro del mes, que era uno de Vázquez-Figueroa titulado La ordalía del veneno. Leí un poco la contraportada para saber de qué iba y opté por dejarlo en un estante cogiendo polvo, hasta que un día opté por leerlo. Es, con diferencia, el libro del autor que menos me ha gustado. Quizás porque era un tema atípico. El protagonista es un catedrático jubilado que tiene la ocurrencia de sustituir la energía eléctrica que gastan las plantas tradicionales en propulsar el agua del mar a las membranas que la desalan, por la fuerza de la gravedad. Me pareció una hipótesis científica bastante pesada.

A partir de aquí, los libros de Vázquez-Figueroa caían a pares (y digo esto porque realmente me los compraba de dos en dos). Compré Bora Bora y Ciudadano Max juntos, aunque este último no lo he leído. Algunos libros del autor siguen rondando por casa esperando su turno para que los coja.


Bora Bora narra la tranquila vida de un pueblo polinesio situado en el Pacífico Sur, alterada por la incursión de unos bárbaros cuya procedencia se desconoce, atacan la isla y raptan a la princesa de la isla y otras jóvenes. El poblado organiza una asamblea para decidir qué hacer y optarán por construir un enorme catamarán para ir a rescatar a su princesa.


Poco tiempo después también me compré otras dos novelas del autor: Fuerteventura y Palmira. Aquí sí que me las leí las dos y, además, seguidas. De hecho, empecé con Palmira, que me parecía la menos entretenida de las dos, ya que el tema que tocaba Fuerteventura es una temática que me atrae mucho: el espionaje durante la IIª Guerra Mundial.


Palmira cuenta la historia de Palmira, una mujer casada con Omar Monteverde. Este hombre es un multimillonario chileno cuyo máximo objetivo es quitar a Pinochet del poder. Palmira y Omar tienen tres hijos: Celeste, Violeta e Ismael.

Andrea, amiga del matrimonio, es invitada a una excursión en yate. Consecuencia de los excesos y la depravación del dinero y el lujo, Palmira se adentra en la droga y contrae el SIDA. Su degeneración física (hablamos de los años 80) hace que se oculte en el yate de un viejo amigo, un multimillonario ecuatoriano, que se encuentra anclado en la Costa Azul. Ante la desaparición de su esposa, Omar contrata un detective para que la encuentre, mientras intenta ganarse el afecto de Andrea.


Fuerteventura utiliza una base real: la utilización de la isla canaria de Fuerteventura por los alemanes como lugar de reposo para los oficiales de los submarinos durante la IIª Guerra Mundial. Es una novela de espías y es una novela fantástica.

El servicio secreto inglés, conocedor de esa noticia, decide infiltrar a una judía alemana como prostituta en la isla. La entrenan en toda clase de artes, sobre todo en el lenguaje corporal (y sexual). Le encomiendan la ardua tarea de descubrir el nuevo prototipo de submarino que tienen los alemanes y conocer la ubicación exacta. Lo que no pueden controlar, empero, es que ella pueda llegar a enamorarse de un oficial alemán, como ocurre en el libro, y tendrá que elegir en qué bando está.

En otro momento de recorrido literario por librerías, me traje a casa Sicario y Viracocha. También en esta ocasión me leí los dos seguidos y, de la misma manera, empecé por el que pensaba que me resultaría menos entretenido.


Viracocha habla de las aventuras de un soldado natural de Úbeda, Alfonso de Molina, que forma parte de los “Trece de la Fama”, que desembarcaron en Perú con Pizarro. Curioso por las costumbres de los incas, decide quedarse para conocer a aquellas gentes y sus tradiciones, mientras los incas del Imperio del Sol creen que se trata de Viracocha, el dios barbudo y blando que regresaría del mar con un “Tubo de Truenos” (así llaman al arcabuz del español).



Sicario, finalmente, es uno de los libros que más me ha impactado. Se trata de un chico que nace en los bajos fondos de Bogotá, de madre prostituta y alcohólica, crece en la calle y las compañías le llevan a convertirse en un sicario. Es muy fuerte en ciertos momentos, por ejemplo, cuando se describe el primer asesinato. A mí me impactó mucho.


Con todos los que tiene y los que seguirá publicando, seguramente tendremos mucho Alberto Vázquez-Figueroa aún. Es un escritor que me gusta mucho. Reconozco que tiene novelas que no merecen la pena, que son las mínimas, pero las tiene, y luego novelas que se disfrutan mucho. Espero que Garoé merezca la pena.

Abriendo los ojos

No queda ningún resquicio del pesimismo que se cernía sobre mí en la tarde de ayer. Al contrario, me he levantado pensando en él y he esbozado una sonrisa. He sentido que el mundo era perfecto y he imaginado una vez más cómo sería despertar junto a él. Porque hoy se me han pegado las sábanas. Como no había preocupaciones de ningún tipo, me he hecho la remolona.

Me pregunto dónde estará ese ángel de mirada perfecta.

El Palestino


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Antonio Salas, periodista español, se infiltrará en las redes del terrorismo internacional durante seis años. Para ello, tendrá que aprender árabe y convertirse al Islam (con todo lo que conlleva, incluso hacerse la circuncisión).
Para crear su coartada, visitará Israel y la franja de Gaza y Cisjordania, donde elegirá un pequeño pueblo como lugar de origen de sus abuelos, que supuestamente tuvieron que exiliarse en Venezuela. Y es una coartada perfecta, como se verá más adelante, cuando muchos desconfiados le pongan a prueba. Como él dice en algunas ocasiones en el libro, “no basta con parecer, hay que ser”. Hay veces incluso que el lector pasa miedo por todas las masacres que está leyendo, asesinatos injustos, venganzas sangrientas.

Salas alimenta más mi posición en cuanto a la causa palestina, ya que él describe el horror de las familias que viven en Gaza y Cisjordania, en cuyas casas entra el ejército israelí de noche y se lleva a los hombres, que jamás volverán a ver. ¿No nos recuerda a lo que hacían unas décadas atrás los oficinales nazis con las familias de judíos? Esto me lleva a pensar que el ser humano utiliza siempre las mismas armas, aunque las ideologías varíen.

Hubo momentos en que me emocioné con las sangrientas y crueles historias contadas por los mismos palestinos ante la cámara oculta del periodista español. Y también por historias más sangrientas aún en la selvática zona colombiana.

No voy a entrar en cuestiones ideológicas. Si bien es cierto que el terrorismo muchas veces se instrumentaliza políticamente, sea desde unas posturas, sea desde el lado opuesto. Lo que está claro es que cualquiera que sea capaz de empuñar un arma y quitar la vida a otro ser humano, independientemente de las ideologías, es un asesino y su acción es un delito. Desde este punto de partida, el terrorismo, tenga el disfraz que tenga, no se puede justificar en modo alguno, ya que es un arma de destrucción masiva, que deja en el mundo muchas viudas e innumerables huérfanos (que sólo habrán conocido esa violencia, y la violencia lleva a más violencia). Y lo más terrible de todo es que es un monstruo que no para de crecer.
Tan terrorista es un kamikaze que de autoinmola en una plaza de Jerusalén como los marines que matan a quemarropa, violan y asesinan a civiles iraquíes. Lo injusto es que sólo vemos una versión de lo que pasa en el mundo. Hay que tener en cuenta que no todos los yihadistas (Yihad: 'guerra santa') son muyahidines (guerreros en nombre de Alá). Los últimos se entrenan para matar, mientras que la gran mayoría de yihadistas intentan hacer llegar su mensaje sin utilizar la violencia armada, y muchos de ellos son pacifistas (Yihad se traduce literalmente del árabe como “esfuerzo”, pero en Occidente se le llama 'guerra santa').
El resultado de toda la información que nos llega es que “los malos” son los musulmanes. Y en nuestra mentalidad occidental se estigmatizan, de tal forma que vemos un hombre de piel oscura, palestino cubriendo su cabeza y largas vestiduras y se le señala, sin darnos cuenta que quizás sea el más devoto islamista (si practicara nuestra religión sería simplemente un buen cristiano), sin que por sus manos hayan pasado más armas que el Corán y el tashbith (rosario musulmán).

Eso me recuerda que no hace mucho conocí a Said, un joven marroquí que no creo que pase de los veinte años. Su sonrisa hace que caigan todos los prejuicios, su mirada es franca. Te agrada porque Said muestra lo mejor de sí. Después de su primera visita, vi una sentencia de un tribunal español donde un conductor había atropellado a su hermano de nueve años, mientras éste jugaba en la calle. El conductor había sido absuelto y en la sentencia decía que “el niño se había cruzado con su bicicleta delante del coche”. No soy yo persona letrada en el Derecho para juzgar el resultado de una sentencia así, pero lo poco que leí hizo que me posicionara del lado del niño. ¿Si el niño hubiera sido español habrían absuelto al conductor tan rápidamente? ¿Y si hubiera sido al revés: si el conductor hubiera sido marroquí y el niño hubiera sido uno de nuestros hijos? Teniendo en cuenta que el conductor, mayor de edad, debería tener algún tipo de responsabilidad, desde mi punto de vista se había juzgado el color de la piel del niño y no el hecho en sí mismo.

Siguiendo con el libro, Antonio Salas vivirá en Venezuela y se infiltrará en el movimiento tupamaro. Entrará en una de las calles más peligrosas de Caracas, la del 23 de Enero, de donde salen los más peligrosos guerrilleros radicales a favor y en contra del presidente. Y aquí descubre la venganza: si un hermano tupamano es asesinado por otra banda, cada grupo armado está obligado a vengar la muerte de su hermano asesinado… a través de la sangre. Es el nunca acabar. Esta será, finalmente, uno de los motivos que impulsen a Antonio Salas a salir de la infiltración.
Pero lo que me ha sorprendido de Venezuela es la cantidad de gente que apoya a Hugo Chávez. El presidente venezolano es el presidente del pueblo, ya que la inmensa mayoría de la población es pobre, y todos los pobres están a favor de Chávez. Otra cosa que sorprende es que los medios de comunicación venezolanos le critican sin piedad (sin que él tome represalias). Y esto me hizo reflexionar, ya que tenía un concepto de Hugo Chávez que era el que me habían ‘vendido’ en los medios de comunicación de mi país. No es que me guste su ideología, pero reconozco que nuestros medios tienden a desacreditarle, de tal forma que su imagen aparece en Occidente bastante desvirtuada. Por ejemplo, se dice de él que en Venezuela hay campos de entrenamiento de muyahidines, con el beneplácito del presidente, concretamente en Isla Margarita. Parece ser que Isla Margarita es una isla turística en la que hay una pequeña comunidad musulmana que predica la paz y que malviven con sus pequeñas tiendas de souvenirs. Ahora bien, es cierto que no muy lejos de la frontera, las FARC colombianas enseñan sus técnicas guerrilleras a terroristas llegados de todo el mundo (y aquí parece ser que han aprendido sus tácticas asesinas muchos conocidos etarras, entre otros). Pero peor que las FARC y el ELN de Colombia son los 'paracos'. Al leer los reportajes de muchas personas que habían tenido contacto directo con los paramilitares colombianos se me puso la piel de gallina. Los 'paracos' provienen del ejército colombiano, luchan contra los guerrilleros ocultos en la selva, pero también asesinan cruelmente a víctimas que se encuentran en su camino: agricultores con un pequeño terreno de cultivo, acusándoles de apoyar a los guerrilleros. Lo más terrible es que les mutilan en vida con motosierras eléctricas. Muchos colombianos han tenido que huir de su país ante las amenazas de los 'paracos'.

En su infiltración, Antonio Salas estará en contacto permanente con célebres terroristas, así Ilich Ramírez, alias El Chacal, uno de los terroristas más temidos del siglo XX y cumpliendo cadena perpetua en una prisión francesa; y con Eduardo Rózsa Flores, un boliviano exiliado en Hungría, que volvió a su país, después de mucho tiempo, para empuñar de nuevo las armas. Murió en Santa Cruz (Bolivia) en abril de 2009, tiroteado por la policía, acusado de que estaba planeando un atentado contra Evo Morales. También entrevistará a la temida Leyla Khaled, una activista musulmana, la única mujer que ha secuestrado un avión en el siglo XX, y que se hizo la cirugía estética varias veces para seguir perpetrando atentados contra Occidente. Hoy es una mujer entrada en años que se ha convertido en la voz de los yihadistas.

He hablado de las líneas más generales del libro, pero no sigo, porque se convertiría en algo extenso. Considero que es preferible leérselo, aunque sólo sea por todos los datos que el libro aporta. Hay un párrafo que no está de más transcribir aquí y que, en cierta forma, resume todo lo que es el libro en unas pocas palabras: “Porque los que mueven los hilos del terrorismo internacional jamás empuñan un fusil, ni se inmolan con un cinturón explosivo. Eso sólo lo hacen los creyentes. Los que son capaces de morir, e incluso de matar, en nombre de una causa”.

Trata de alcanzar la luna con una piedra… Nunca lo conseguirás, pero terminarás manejando la honda mejor que nadie”.

lunes, octubre 11, 2010

El que busca encuentra

He estado viendo fotos de mi infancia. No sé en qué época me dio por escanearlas. Hace un tiempo ya, cuando me agencié uno de esos primeros escáneres de la posguerra.
Buscaba una foto en concreto, porque estaba pensando en él.
Pero al buscar esa foto, he encontrado otras fotos de no hace tanto, fotos ajenas. Y eso también lo tengo que compartir con él. Entonces te sorprende comprobar que el mundo es demasiado pequeño.
Tengo muchísimo frío.

Hoy he pasado por diferentes estados de ánimo. Por la mañana no he podido escribir nada, pero hubieran sido palabras algo nostálgicas. Ahora estoy feliz. Y al acordarme de él... se lo tenía que decir de alguna manera. Necesitaba escribirle unas palabras y lo he hecho.

Por esos momentos

Si supiera que la noche me va a brindar momentos similares a los del sábado por la noche, me va a brindar instantes de esa persona tan especial... saldría. Y solamente disfrutar de su presencia, mirarle a los ojos y ver... lo que sólo yo puedo ver en ellos.

Estoy recordando que, a veces, los días nos hacen pasar por variadas pruebas. Yo hoy he pasado por una prueba muy dura, una prueba que me ha hecho reflexionar sobre mis sentimientos. El resultado es que he comprobado que lo que siento por él es más sólido y más intenso que nunca. Que quizás realmente me ha roto el corazón.

Si supiera que la noche me va a brindar un momento donde esté él... termino saliendo. Además he visto que hay ambiente, aunque dentro de unas horas todo esté vacío. Pero me apetece salir.

Le quiero más...

Lo que nos queda

Es un buen momento para irse a casa. Al final, se ha hecho de noche.
No ha sido buen día. Por la mañana me dolía la cabeza, después se veían unas increíbles nubes grises y ahora sonrío. Sonrío al pensar en él. Aunque no le he visto, y entonces le echo de menos.
Me acuerdo de su mirada angelical y me siento un poco más feliz.
Y ahora, pese a que amenaza lluvias, me iría a caminar con él. O a tomar algo. No sé, a compartir minutos, más minutos con él. A perderme en su mirada, en su sonrisa, en sus palabras.

He tenido que llegar al fondo de un pozo, verlo todo negro, para volver a subir al pretil y comprender todo lo que le quiero. He tenido que vaciar mi corazón para quedarme con lo mejor, y lo mejor que alberga mi corazón es el amor que siento por él. Es curioso, porque ahora sonrío. Sonrío al pensar en él.

Comprando el pan

Esta mañana ya había decidido que me quedaría aquí a comer. Al mediodía iba por la calle dejando que la lluvia mojara mi piel. El resultado ha sido que me he mojado de verdad, se me ha rizado el pelo y las punteras de las botas aún continúan mojadas. Ya después de comer, en el súper, me he encontrado con alguien, alguien que me ha llevado a pensar en otro alguien.
En la caja me fijaba en los productos que se llevaba la señora que estaba justo antes que yo. En este caso eran un número ingente de geles y cremas hidratantes, tantos que sólo podían estar de oferta. Antes, cuando iba más de compras, me fijaba mucho en lo que se llevaba la gente. Los productos que una persona compra dicen mucho del carácter de esa persona.
He estado exactamente cinco minutos. No me gusta pasearme entre los estantes, casi siempre sé lo que tengo que comprar y no tengo tiempo más que para coger lo que he ido a comprar: pan, carne y fruta.
Era el único momento del día en que podía pasar por el súper.

En breves me iré a tomar un café.

Siempre da la una

Por las noches siempre escucho la campanada de la una en la torre de la iglesia cercana. Podría irme antes a dormir. De hecho, llevo un rato leyendo (posiblemente acabe el libro de Antonio Salas mañana), pero me descentro con demasiada facilidad. De repente, me encuentro reviviendo las últimas horas de ayer.
Es tan dulce.

Quedan cinco minutos para la una. Me voy a soñar con él...

domingo, octubre 10, 2010

El relajante baño de los domingos

Siempre he preferido las duchas a los baños, porque una ducha es cuestión de pocos minutos, mientras que el baño conlleva siempre más tiempo. De unas semanas a esta parte, empero, acostumbro a darme un baño relajante los domingos antes de cenar. No es tanto por la media hora que me paso sumergida en agua caliente con mucha espuma y sales, que es tan relajante que a veces me quedo adormecida, sino por el simbolismo que conlleva. Siempre he pensado que el agua purifica y mentalmente me obligo a darme ese baño para desprenderme de todo lo malo que ha traído la semana que termina, pero también como método para que el alma se limpie de cualquier contaminación e impureza. Las duchas son tan rápidas que no da tiempo a pensarlo. La semana que empieza mañana no lleva acumulados los problemas, prejuicios o cualquier asunto negativo que acontecieran los días pasados, al haber purificado mi espíritu.
Es algo muy metafórico y también muy simbólico. Pensar en ello me hace empezar la nueva semana con buen pie. Aunque no es lo único, ya que pensar en él también me hace sonreír. De la semana que termina me quedo con lo mejor y en lo mejor está esa persona especial que hace que el corazón palpite muy deprisa.
Puede parecer una tontería. Considero que a veces está bien reflexionar en aquello en lo que nunca solemos pararnos a pensar. Por mi parte, a medida que pasa el tiempo, reflexiono mucho más en la filosofía de la vida. Esa vida que es para vivirla. A veces ni siquiera nos damos cuenta.
Un baño no tiene un significado metafórico hasta que un día describes las sensaciones internas. Entonces ya no se trata sólo de limpiar nuestro cuerpo, sino también nuestra alma.