jueves, septiembre 09, 2010

Interrupciones a destiempo

Quería irme pronto a casa, pero me han interrumpido cuando estaba escribiendo un correo electrónico y acabo de llegar. De eso hace ya dos horas. El correo tendrá que esperar a otro día, porque ahora no me apetece continuar.
Lo que estaba escribiendo antes de que me interrumpieran estaba escribiéndolo con la voz del corazón. No es que no pudiera seguir, es que me quiero ir a casa. Sé que si pensara en esa persona enseguida volvería a hablar con el corazón. Quizás lo escriba en casa. Lo considero una tarea pendiente. Y, para mí, es algo importante en donde su opinión tiene bastante peso.

A veces hay que dejar de hacer unas cosas para llevar a cabo otras. Aunque lo que estuviéramos haciendo antes fuera más placentero.
Placentero es imaginarle cada día.

Ahora, cuando recuerdo su mirada, sus gestos, sus manos, su voz y todo en él, vuelvo a sentir en toda su grandeza eso que se llama amor. Al pensar en él me siento plena. Añoro los momentos en que le veo y anhelo volverle a ver cada día. Y cada día, pese a parecer igual que el anterior, siempre es diferente. Él hace que cada día sea novedoso, original, aunque cada día se asemeje a cualquier otro día de los meses pasados. Es su magia...

Caminar junto al ángel

Con la buena tarde que hace, lo que de verdad apetece es perderse por ahí con un ángel, incluso coger el coche y conducir sin un destino definido ni una trayectoria concreta. Compartir estos rayos de sol con otro sol, susurrarle lo guapo que está, caminar por los mismos sitios conocidos de siempre, pero viéndolo todo con otros ojos, contemplándolo todo por primera vez. Y dejarnos llevar por caricias, besos, palabras nunca dichas.
Y comprender que todo es maravilloso cuando esa persona está cerca. Todo es más perfecto, todo tiene más color, todo es magnífico.

Haro


Fachada del Ayuntamiento de Haro

A Haro se la conoce como 'la capital del vino'. Es célebre por ser la primera localidad española donde se instaló el alumbrado público.
Nosotros solemos ir de vez en cuando porque nos apetece echar una Herradura. La gente que no sea de por aquí se preguntará qué es eso. La Herradura es la zona de tapeo de la ciudad y se le conoce así porque son varias calles cuya planta tiene forma de herradura.

Estaría bien pasear por la Herradura con una persona, tomar un vino aquí, un champiñón allá. No importa la hora ni importa que mañana es día laboral. Lo verdaderamente importante sería estar con él. Aunque tendré que conformarme con 'soñarlo', 'imaginarlo' y 'escribirlo'. Y al escribirlo él se convierte en piedra angular de mis sueños. Y me gusta soñar con él, porque al despertar siento el tintineo de campanillas en mi interior que me hacen sonreír cada mañana.

miércoles, septiembre 08, 2010

Los tardes acortan y el sentimiento crece

Anochece antes. El cielo se ha tornado oscuro y me niego a dar la luz de la oficina. Quizás porque en la oscuridad me centro de una manera más sutil, quizás porque su imagen brilla más ahora, quizás porque me resulta más sencillo recordarle así…
Cierro los ojos e imagino que camino a la par que él, soñando sin soñar, dejándome mecer, absorbiendo todo de él. Imagino esa caricia reprimida, ese beso robado, esa mirada encontrada. Siento el deseo, ese deseo de él que me lleva a ese vaivén indefinible de sentimientos de vida. Pues amar es vivir.
Me imagino perfilando con las yemas de mis dedos unas alas invisibles en su espalda, para terminar mis dedos bailando en los suyos, acariciándolos en medio de una sintonía que nadie más que nosotros puede escuchar.
Me imagino preguntándole anécdotas de su vida, de sus viajes, de su pasado; mirándole fijamente, mordiéndome los labios y silenciarle un rato después con un beso. Y pedirle de nuevo que vuelva a contarme, que quiero perderme en sus historias.
Tengo tantas cosas que preguntarle, y tantas cosas que contarle. A veces, aunque ya no somos tan desconocidos, me da la sensación de que seguimos siendo unos perfectos desconocidos. Y, a medida que le voy conociendo un poco más, le quiero todavía más.

Amo y, al amar, vivo y, al vivir, sueño y, al soñar, amo…

Virgen de la Vega


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¿A quién no le ha pasado alguna vez que, basta que tenga que ir a algún sitio, que no pueda porque justamente ese día está todo cerrado?
Porque yo hoy tenía que ir a Haro, a una oficina, y me encuentro con que es fiesta, la Virgen de la Vega, como dice la jota... Menos mal que alguien me lo ha dicho por teléfono, porque si tengo que ir y me vuelvo con las manos vacías...
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Esto me recuerda que en Salamanca también es fiesta, porque la Virgen de la Vega es patrona de Salamanca. La Plaza de Anaya se cubre de flores.

Pese al tiempo que viví allí, jamás vi el espectáculo de las flores, ni las procesiones, aunque sí me encontraba con los charros vestidos lujosamente...

martes, septiembre 07, 2010

Melodía inacabada

Siempre habrá una canción para él. Muchos días me encuentro cantando las letras de amor que se diluyen en el aire a medida que recorro kilómetros.

Cada día consumo casi una hora de coche y, en esos momentos de libertad, escucho la radio, un canal musical donde ponen canciones que, en muchas ocasiones, me llevan a pensar en él.

Es inabarcable el repertorio de melodías que le cantaría al oído o mirándole a los ojos, son inabarcables las letras con las que me identifico de vez en cuando.

Mañana es posible que pase en el coche algo más de una hora, pues creo que iré a Haro. Y siempre sonará de fondo una canción que me lleve a recordarle.

Como en un museo

Victoria de Samotracia, Museo del Louvre, París
Cuando visitamos un museo, difícilmente podemos tocar los objetos que en él se muestran. Paseas por las salas atiborradas de pinturas, esculturas, maquetas, vestuarios, animales disecados, inventos... En algunos incluso puedes sacar la cámara para engrosar tu colección de recuerdos... A veces algo en las vitrinas nos retiene incomprensiblemente.
Lo mismo ocurre en una tienda de objetos caros, donde carteles al lado de las muestras te instan a que los objetos son frágiles. Y sólo en caso de que tengas intención de comprarlos puedes llegar a tocar.
Personalmente me gusta tocarlo todo. No entiendo que se pueda comprar algo con sólo haberlo visto con los ojos. A veces es necesario tocar, buscar imperfecciones o simplemente levantarlo para ver el precio.

A veces me da la sensación de que estoy en un museo. Es como el "se ve pero no se toca". Deseo mucho tocar con mis manos algo que ni es frágil ni tengo expresamente prohibido tocar. Ansío acariciar ese rostro, esa piel, esa espalda... pero la mayor parte de las veces no me atrevo. Una parte de mí cree que se perdería la magia, aunque estoy segurísima que la magia aumentaría. Si no, sólo tengo que recordar instantes concretos en que le haya rozado (de manera consciente casi siempre) o, pudiendo evocar algo más lejano, el escalofrío que sentí cuando la suavidad de sus manos entró en contacto con mi piel.
En el fondo, no me conformo con mirarle (y admirarle). A veces, al igual que mis pies me llevan a él, también mis manos necesitan de ese contacto, aunque sea muy pequeño. Es como si ese minúsculo roce me brindara savia nueva (y también me lleva a imaginar). Admiro cada parte de él y cada parte en su conjunto. Porque no puedo imaginar esos ojos en otro molde (por decirlo de alguna manera).

Aquí también he vulnerado las prohibiciones, porque si a veces es como una fruta prohibida, el ímpetu me lleva a rozarle sutilmente en otras ocasiones. Igual que en un museo: a veces, casi sin darte cuenta, te encuentras sintiendo la fría cerámica en negros y anaranjados de una crátera griega.
Sin embargo, el contacto con él es muy cálido, está lleno de paz y me lleva al anhelo, a la nostalgia, al deseo, a la pasión, al AMOR. ¿Cómo no iba a quererle...?

Y llegará mañana y quizás necesite elevar mis dedos y rozarle con delicadeza. Y de esta manera me conciencio que es de carne y hueso. Un ángel, sí, pero de carne y hueso.

La Victoria de Samotracia es una de las esculturas que más me impresionaron del Louvre. De hecho, el Museo del Louvre es el museo más interesante que he visitado nunca, y no sólo en cuanto a su magnitud (es imposible verlo todo en una tarde). ¿Qué impresiona de una escultura sin cabeza? Quizás depende mucho el lugar donde se encuentra ubicada: en el descansillo de unas enormes escaleras, minimizando todo lo que está a su alrededor (y además se encuentra sola, no en una sala llena de más obras de arte). Es una escultura gigante e imponente, a medida que subes esa escalinata.

Se ha levantado el viento


Que el viento se lleve todo lo que nos duele...

Tira un viento terrible. Vengo de ver a mis abuelos. Y en el camino admiraba el paisaje ante mis ojos: sol y sombra, como en los toros. A un lado estaba el cielo oscurecido por nubarrones de tormenta, y en la dirección en que yo iba el sol lo iluminaba todo. Entonces, a unos metros de mi casa ha aparecido el arco iris detrás de los montes (imagino que tirando a Santurde). Y la panorámica me ha parecido magnífica.

La foto está hecha desde la parte trasera de mi casa.

Para soñar

Me voy a casa. Es un buen momento para marchar. Es uno de esos días en que me apetece soñar. Esta mañana se ha despertado de nuevo el deseo de él, porque he vuelto a contemplar la belleza de ese rostro y me he perdido en sus ojos. Y, de nuevo, he vuelto a sentirme desbordada de cariño hacia él.

Hoy es un día para soñar...

El enorme teatro

Una obra de teatro nunca es igual, aunque se represente el mismo drama y aunque participen los mismos actores. Un gesto es suficiente para que varíe, aunque el gran público no lo perciba.
Cuando participaba en obras de teatro, cada función siempre era diferente, porque siempre se intenta perfeccionar algo que en la anterior no habíamos previsto. De hecho, siempre terminas improvisando gestos e incluso las palabras.
Y esos casi imperceptibles cambios (ya que son cambios que habitualmente sólo los actores notan, y no los espectadores) es una de las diferencias cruciales entre el cine y el teatro.
Recuerdo a la perfección cuando representé al abuelo en una obra de Alejandro Casona de cuyo título no me acuerdo. Nosotras elegimos la obra y nosotras la llevamos a cabo. El abuelo era un ser entrañable cuyo papel supe interpretar con esa devoción de un papel en la vida que sólo podemos representar a través del teatro. Cada vez era diferente de la anterior.

A veces la vida se parece un poco a una obra de teatro. Cada día como una función nueva es siempre diferente. Nunca deberíamos caer en la rutina. Es cierto que los actores varían. Hoy puede entrar en esa función una persona nueva, hoy puede aparecer esa persona a la que hace tiempo que no ves. Entonces la obra se torna más alegre, porque ha aparecido la magia. Se parece sólo un poco, porque en la vida real no representamos papeles ficticios.
Sí, a veces la vida se parece a una obra de teatro. Sólo a veces. Es importante que cada día no se parezca al anterior.

Una caja de bombones

Hace dos semanas fue el cumpleaños de mi compañera B. Hoy traía desde casa una Caja Roja de Nestlé que me dieron para ella. Pero venía tan dormida que me la he dejado en el coche. Si hubiera esperado un poco más, quizás se hubieran derretido, porque dentro de unas horas pegará el sol a tope.
Entonces, cuando iba al coche, me he fijado en quién estaba. Ya no se ve la estrella, que hoy me he fijado bien, pero tampoco se me ha ocurrido dibujar otra. Simplemente le he sentido cercano. En ese momento he deseado que viniera, solamente que apareciera por el otro lado de la calle.
Después, un bombón nos ha endulzado la mañana. Y eso me ha recordado otro tipo de dulzura que no es de chocolate.

Un vistazo a las estrellas

Y sigo tejiendo palabras con las agridulces sonatas de mi alma, mientras escucho la melodía desafinada que llega desde las estrellas que cada noche me recuerdan a él, mientras mi piel es impregnada de su mágico polvo brillante.

Quiero gritar a la noche lo que jamás me atreveré a decirle a él ni siquiera en voz baja. Quiero gritar al viento por qué es tan fácil soñar, por qué me resulta tan sencillo quererle cada día un poco más. ¿Dónde estaba él antes y dónde estaba yo? ¿Por qué este mundo tiene más sentido ahora? Quizás sea su magia…

Va siendo hora de ir a abrazar a la almohada. Suspiro, esperando que lleguen los mágicos sueños que una vez más me llevarán a él…

Hoy las estrellas brillan un poco más. Y su fulgor me hace evocarle.

lunes, septiembre 06, 2010

Un guión por escribir


Todos tenemos una historia por escribir. Todos tenemos una historia que vivir. Todos tenemos una historia que rememorar. Todos tenemos una historia que contar. Y todas esas pequeñas historias crean una HISTORIA mucho más grande: la que vamos viviendo en el momento actual de nuestra propia vida. Porque esa “historia con mayúsculas” es el camino que vamos recorriendo: las huellas del pasado que han quedado atrás, traídas al presente a través de fotografías desvaídas en un rincón polvoriento de la memoria; el horizonte misterioso y desconocido que se difumina en la lejanía ante nuestros ojos. Y ese pequeño instante donde nos encontramos, que es tan diminuto que apenas solemos parar un momento a percibirlo.

Es nuestra vida. Es nuestra historia, donde somos los protagonistas, mejores o peores, pero es nuestro guión. Cada uno, en su historia, va escribiendo ese guión. En mi guión hay de todo: lo bueno y lo malo. En estos momentos en que me encuentro tirando de un hilo donde no veo el cabo final, me encuentro más feliz que triste. Mi guión es más positivo que negativo y, sin embargo, he derramado muchas lágrimas. A veces, siento que se me rasgan las entrañas sin más. Últimamente he derramado mares de lágrimas por una sola persona. Si él supiera… Aunque sería incapaz de decirle algo así. No podría describirle cómo tantas noches me he aferrado a la almohada y la he empapado de dolor y tristeza. Por eso siempre digo que la almohada es una fiel conocedora de nuestros secretos. Por las noches, cuando antes de dormir, damos vueltas a lo acontecido en el día que acaba, la almohada escucha esos pensamientos herméticos para el resto del mundo.

Mi historia comienza un once de julio. Es una historia más que forma parte del enorme guión de la vida. En unos minutos me sentía hechizada por la pureza de unos ojos angelicales y por el magnetismo de una voz tan sensual que llegué a pensar en lo pequeñas que eran las historias pasadas al lado de la grandeza de la persona que tenía ante mí. Supongo que era amor sin desear que esa explosión de sentimientos afloraran de nuevo desde un corazón que hasta entonces estaba cansado de latir. ¡Cómo cambia todo en unos pocos meses! Mi corazón ahora late con fuerza, con esa fuerza sobre la que no tenemos poder. Algunos lo llaman amor.

Ves concentradas todas las virtudes del mundo en una persona. Y no, no es ceguera. Es admiración. Es como si aquel día hubiera posado sus alas invisibles sobre mis hombros. Porque es como un ángel que te aporta todo lo mejor en los peores momentos, incluso aunque su ausencia dure meses.

Es una historia que no tiene final, porque el horizonte brumoso me lo oculta. Ahora bien, si yo escribo el guión, ¿por qué no poner unos puntos suspensivos cada vez? ¿Por qué no seguir sintiendo ese amor tan grande por él, si me aporta sentimientos mucho más grandes…?

Y como es mi historia y soy yo la que escribo, también considero oportuno guardar todo lo que siento como un secreto guardado en un baúl cerrado bajo cuatro llaves: la del amor, la del deseo, la de la tristeza y la de la esperanza. Yo misma he decidido que él no debe saberlo. Incluso a mí me abruma lo grande que es todo aquello que siento por él.

He imaginado un beso suyo y, sólo con pensarlo, se me ha erizado la piel. Era dulce, tan dulce como él.

Querer a una persona es algo cargado de una magna belleza.

Realmente, si yo pudiera escribir mi guión, en estos momentos le despertaría con un beso cada mañana, y le diría lo guapo que está dos horas después todos los días, y le susurraría al oído que es la mejor persona del mundo dos horas después cada mañana y... Si yo pudiera escribir ese guión ahora estaría junto a él. Y eso me lleva a preguntarme dónde estará y qué estará haciendo.

Le dibujo estrellas imaginarias en el coche todos los días, aunque en realidad sólo lo hice una vez. Las estrellas son símbolos de buena suerte.

(Es hora de cenar, pero seguiría describiendo cómo es amar a una especie de ángel... Luego, quizás.)

Últimos minutos antes de marchar

Es un buen momento para ir a casa. Me ha cundido la tarde. Tiene pinta de que va a haber tormenta, además de lo oscuro que está. Ojalá estalle pronto para que refresque un poco.

Pues no le he visto. Pero le siento muy cerca. De todas formas, si se desea algo con mucho ímpetu termina ocurriendo (que me lo digan a mí), pero sólo ocurre cuando se trata de cosas pequeñas, sino no ocurre. Porque yo tengo un deseo más grande aún que el de verle y ése no se cumple...

Me apetece escribir, tumbarme y leer un rato. Ni siquiera tengo ganas de cerveza.

El sabor de las moras

Los días como hoy son raros. No se sabe si hay sol o caerá una buena tormenta. El sol quiere salir, pero el aire lo espanta bien lejos. Son días falsos.
Cuando iba con mi tío de paseo a la ermita siempre me decía que en tardes así salían las culebras. Yo jamás he visto una viva más que en los parques zoológicos. Deseaba entonces marcharme a casa, aunque nunca me terminaba de ir. Eso me recuerda a que mi tío siempre me esperaba porque mi amiga A. y yo siempre nos metíamos entre las zarzas para coger moras. Nos poníamos moradas a moras (nunca mejor dicho). Oíamos cómo algo se deslizaba entre un matorral cercano y, pese a que temíamos que se asomara la cabeza sibilina de una culebra, siempre preferíamos seguir cogiendo moras.
En tardes como las de hoy...

Hace mucho que no he parado a coger moras silvestres, quizás es porque hace mucho que dejé de ir caminando y, cuando vas en coche, ya no recuerdas el sabor de las moras ni los ruidos cercanos de una más que probable lagartija. En días como el de hoy siempre eran proclives a salir las culebras, pero yo jamás llegué a ver una. Y he ido a coger moras en muchas de esas tardes falsas.
Las moras silvestres estaban buenas...

En tardes como la de hoy iría con una persona, compartiría esto con él, le enseñaría los rincones ocultos que sólo unos pocos conocemos, los lugares poco transitados... donde siempre habrá una porción de moras esperándonos.

Un paseo por las calles de esta ciudad

He paseado por esta ciudad y siempre hay lugares que me recuerdan a él. He revivido aquello de: "ven, que te presento a..." e incluso me ha parecido ver su coche (aunque no estoy segura, que estaba lejos).
Me apetece verle, aunque ya me he tomado el café de la mañana. Quizás vaya más tarde y quizás no.

Hace muchísimo calor.

Después de la tormenta

Me resulta muy placentero asomarme a la ventana e inhalar la fragancia que deja la lluvia a su paso, sentir el frescor del agua en mi piel, observar las hojas de arce con gotas de lluvia haciendo dibujos incomprensibles.
Miraba al cielo, esperando que no hubiera ninguna estrella, pero alguna se veía.

La de hoy era una sensación muy parecida a cuando él está cerca y me siento reconfortada, aunque hoy faltaba que el corazón palpitara a mil por hora (algo que siempre ocurre en su presencia). A veces tengo la sensación de que él podría escuchar los latidos de mi corazón.

Es uno de esos momentos mágicos en que es necesario que me vaya a soñar con él... una vez más.

"Es necesario buscar el amor donde esté,
aunque eso signifique
horas, días, semanas de decepción y tristeza".

La bufanda de la esperanza

Una vez tejí una bufanda larguísima. No es que sea una experta haciendo punto, pero me relajaba. Las primeras puntadas, recién aprendido cómo hacerlo, eran desiguales. Después era un acto inconsciente y las líneas eran casi perfectas. Un día tienes un ovillo de lana y varios días después, movida por una fuerza que ni se sabe de dónde provenía, tienes una bufanda, hecha con delicadeza, amor y tesón. Ponía todo mi empeño en hacerla y no me importaba que, en los crudos días de invierno, se viera era primera línea con la que comencé. Esa bufanda era mi obra, hecha con mis manos, y la tenía especial cariño.

Supongo que los sentimientos se forjan de una manera similar. Un día te tambaleas y no sabes muy bien cuál será el siguiente paso, quizás sea un punto que tengas que repetir, quizás sigas adelante pese a las imperfecciones, pero luego irás sobre seguro, porque los sentimientos terminan asentándose en el corazón. Un día te encuentras amando a una persona y ese sentimiento es férreo. Aunque él no lo sepa… yo tengo muy claro lo que siento. A diferencia de la bufanda, no me es posible deshacer todos los puntos anteriores para comenzar de cero.

Vas dando pasos, a veces con cierta seguridad, otras veces te tambaleas, pero al darte cuenta de todo el sentimiento hacia esa persona descubres que todo se tiñe de una delicadeza tal como nunca antes habías sentido.

¿Qué haré cuando se acabe el ovillo? ¿Iré en busca de otro? Eso me recuerda a cuando Penélope esperaba a Ulises y les decía a todos sus pretendientes que elegiría un esposo cuando acabara el tejido que estaba haciendo, tejido que todas las noches descosía para volver a empezar. La espera del amor que, de repente, un día volvió de su terrible odisea. Me parece un acto de amor loable el de Penélope por Ulises, pero ese tipo de amor sólo ocurre en las historias de ficción.

domingo, septiembre 05, 2010

Huele a tormenta

Adoro cómo huele después de llover, pero también ese olor previo a las tormentas. Es como si el aire estuviera removiendo la tierra. Entonces sabes que va a haber una tormenta. He salido de la bodega después de cenar y gotas como alforjas me han calado. He parado, no para observar el césped mojado, sino para que ese aroma a frescura llegara a mis fosas nasales. Adoro cómo huele.
El perro ha echado a correr escaleras arriba porque tiene pánico a las tormentas: se mete debajo de la cama aterrorizado en cuanto escucha los truenos. He subido detrás de él, y mi mente ha empezado a volar. Me preguntaba dónde estará en estos momentos, desde dónde estará viendo llover (si es que lo ha visto). Me gustaría decirle tantísimas cosas, me gustaría compartir con él tanto… Entonces me he imaginado que paseaba con él y las inmensas gotas me calaban la piel y el pelo, pero no importaba. Lo único importante era que él estaba a mi lado…
Qué bien huele después de la tormenta.

Agradables recuerdos

Tengo ganas de que sea mañana porque mañana seguramente veré algo que me lleve a pensar en él, quizás me encuentre también con él. Será la cercanía, el hecho de saber que él está a tan sólo unos metros de distancia.

Por eso siempre empiezo todas las semanas con buen pie. Aunque haya mucho trabajo…

Simplemente tengo ganas de verle. Ser consciente de que el mundo tiene magia cuando él está cercano. Sigo recordándole como un ángel colmado de virtudes.

Una temporada que se cierra

El perro sólo quería salir y yo también. Me he imaginado en la ermita, disfrutando de una cerveza en el césped. He ido hasta allí y lo he visto todo con carteles informativos. Es que es septiembre y todos los meses de septiembre la ermita permanece cerrada durante todo el mes. Lo había olvidado.
He dado la vuelta y he venido a las piscinas. No hay nadie bañandose, aunque hoy es el último día. En el bar sí que hay algunas personas.
Hasta el próximo verano. Me trae recuerdos, como quedarnos a ver el partido que llevó a España a ganar el Mundial, cuando nos invitaron a tortillas con pimientos picantes, se levantó un viento terrible y terminamos viéndolo en un bar del pueblo. Los días que he venido a tomar una cerveza a última hora de la tarde o disfrutar de la lectura de un libro.
Entra esa nostalgia agradable de los gratos momentos que hemos pasado aquí. Y este lugar también me recuerda a él, por todas las veces que he pensado en él, por ejemplo, al levantar los ojos y descubrir en el monte en la lejanía la ermita de Ayago...
Hace un día espléndido.
BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@

Tres corazones, dos cabezas y un verdugo


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Se trata de un libro que se lee rápidamente. Me lo llevé a Burgos como paréntesis al libro de Ana Karenina que estoy leyendo, aunque en Burgos tampoco tuve mucho tiempo para leer. Es ésta una novela que se lee de un tirón (el público buscado es un público joven), con unos personajes entrañables.

Alice Granville es una muchacha que se encuentra sentada en el patíbulo donde acaban de cortar la cabeza a su tío Frank. Corre el año 1746 y a todos los rebeldes jacobitas se les ajusticia; el coronel Frank es uno de los decapitados por ese motivo.
El verdugo es Dan Skinslicer, que se pone a hablar con la muchacha triste que se encuentra a su lado.
A Alice sólo se le ocurre ir a Temple Bar, donde colgaban las cabezas de los traidores al rey, porque cree que necesita la cabeza de su tío para enterrarle entero. Pero al subir a los arcos es perseguida por los dragones del rey. Un capitán, Hew Ffrench, se enamora de ella. Pero Alice consigue escapar con ayuda de Dan llevándose la cabeza de su tío. Desde entonces, todo Londres se vuelca en su persecución. Serán juzgados y condenados a vivir fuera de Londres. Sólo Dan Skinslicer podrá permanecer como verdugo, pues son necesarios los hombres que se dedican a este tipo de trabajo.
Hew y Alice vivirán en el norte, en la casa de los padres de la chica, sin osar pisar la capital nunca más.

sábado, septiembre 04, 2010

El mundo desde otro ángulo

Desconozco a qué hora es la boda. En la peluquería les he dicho que era a las 12.30h., por lo que no han tardado mucho en peinarme, pese a los rostros malhumorados de algunas personas que llevaban allí mucho tiempo antes que yo.
Ya estoy peinada y en mi casa no hay nadie. Desconozco a qué hora vamos a marchar desde aquí. Ya tengo el vestido preparado. Supongo que me maquillaré ahora.

No tengo cuerpo para bodas. Lo que me apetecería es estar con él, observarle, escucharle, preguntarle... Y entonces las manecillas de un reloj imaginario se congelarían en el mismo punto. El tiempo sólo se para con él. Me gustaría tanto tocarle el rostro, mirarle a los ojos y susurrarle lo guapo que está, describirle la belleza que emana de él...

Unos minutos para recapacitar

Tengo ganas de verle. Es como si llevara unas semanas en el Polo Norte y necesitara esa dulzura que proviene de él, mirar sus ojos angelicales, escrutar su sonrisa...
Y es posible que no le vea hasta la próxima semana, ya que mañana con la boda perderé la noción del tiempo, aunque espero estar en casa para las diez de la noche.
Tengo nostalgia de él. Echo de menos la magia que deja a su paso, eso de sentirme hechizada en su presencia. Me gustaría contarle cómo ha sido esta semana en Burgos y describirle cómo pensaba en él cincuenta minutos de cada hora y entonces todo se convertía en algo más ameno (y es que confieso que los dos primeros días fueron como una letanía mortal que parecía que no acabaría nunca). Eso fueron los dos primeros días, luego la cosa cambió. Después conoces gente, te integras, sales, ríes, preguntas, escuchas...
Vuelves a estar en esta parte del mundo, el paréntesis ya ha terminado y sientes que él está más cerca, que cualquier día podrías verle, que en cualquier momento podrían tus pasos cruzarse con los suyos...

viernes, septiembre 03, 2010

Clave para la WiFi

Llevo muchos años con la red inalámbrica sin clave. Hace poco me enteré de que alguien me había robado internet. Teniendo en cuenta que yo ya he comprobado las redes de WiFi que hay en mi zona y que sólo la mía estaba libre, he optado por ponerle clave.
Es una llamada al 1004 y diez minutos para poner la clave, todo a través del teléfono. El 1004 es gratuito.

El problema es que desde hace unos meses me caigo literalmente de internet y sólo apagando el módem y volviéndolo a encender, cuando me cambia la ip, es cuando vuelvo a tener acceso a internet. Mi lógica me dice que alguien me está robando internet.

He puesto hasta mi nombre en el usuario en la red inalámbrica. Creo que sabría repetir todos los pasos para poder entrar y volver a cambiar el usuario y la clave para internet. Es cosa rápida.

Me pregunto si volveré a 'caerme' de vez en cuando al navegar por internet. Yo creo que no. Todo se verá.

Cinco días en Burgos

Arco y puente de Santa María, al fondo la catedral
La Catedral vista desde la orilla del río (Arlanzón)
Esta semana he estado en Burgos (Montxo me va a cortar la cabeza cuando se entere). Pero me las he visto y me las he deseado para hacer otras cosas extraordinarias, aparte del 'curso' que se impartía en la Facultad de Derecho. El martes por la tarde me escapé, porque necesitaba estar en el centro, ya que la zona de la Universidad está vacía al no haber comenzado el curso académico. Había cuatro asadores, algunos hoteles, pero ningún supermercado. El martes tenía que comprarme un par de zapatos cerrados porque sólo había llevado sandalias y nos habían augurado lluvias para el jueves.
El miércoles tuve libre a partir de las seis y ya me quedé en el centro con el resto de mi grupo, conociéndonos, hablando de nuestras vidas, compartiendo partes de nuestros trabajos habituales... El jueves salimos a las siete y estuvimos de cañas hasta la hora de cenar. Ayer vi por primera vez la Casa del Cordón, que me pareció magnífica.
Casa del Cordón
Lo que puedo asegurar es que esta semana he visto Burgos con otros ojos. Siempre me había parecido una ciudad muy gris. Mi percepción de esta ciudad ha cambiado en cinco días unos 180º. Y, pese a que había estado una infinidad de veces, nunca había salido de fiesta por allí, algo que estos días sí que he hecho.
El primer día entré en una cafetería, creo que se llamaba Affiche, que tenía una decoración que versaba sobre el cine, incluso tenía taquilla. Lo que me llamó la atención fue la figura de Humphrey Bogart a tamaño real.
La Plaza Mayor de Burgos se nota restaurada hace relativamente poco tiempo. Todos los edificios que la conforman, en diferentes tonalidades, están perfectamente cuidados. El trasiego de gente por allí es enorme.
Arco de Santa María
El Arco de Santa María es el arco que te lleva directamente a la plaza de la Catedral. Llama la atención la profusa decoración del mismo. Se trata de una vieja puerta de acceso a la ciudad.
En Burgos hay muchas estatuas, sobre todo de piedra. Pero también es profusa la cantidad de estatuas de bronce desperdigadas por toda la ciudad. Pasan, a veces, tan desapercibidas que a veces no te das cuenta. Adoro todas estas esculturas de bronce que llevan varios años colocando en un sinfín de ciudades.
Otra estatua de bronce en el centro de Burgos
Plaza de San Fernando (plaza de la catedral) al anochecer
La catedral de Burgos, de cerca
No entré porque he visto al Papamoscas varias veces y en realidad me parecía más gratificante pasear por fuera que por dentro.
La plaza de la catedral vista desde la parte de la catedral
Una calle del centro

Burgos conserva los escaparates de madera de hace varias décadas. En su Plaza Mayor es habitual encontrar varios juntos. Personalmente, pasar junto a estos negocios que aún conservan ese aire de antaño me traslada a una época remota.
La Plaza Mayor desde la otra parte
El edificio gris de las banderas con dos torres diminutas es al Ayuntamiento. Nos contaron que es tan pequeño que han tenido que alquilar el inmueble anexo (en la foto a mano derecha) porque no les cabía todo. Al pasar junto al arco, hay una inscripción que recuerda que en 2016 Burgos será Capital Europea de la Cultura.
Panorámica desde una esquina de la Plaza Mayor
La catedral desde otro ángulo
La Facultad de Derecho se ubica en el antiguo Hospital del Rey. Es un lugar idílico para estudiar, ciertamente. Pasé varias veces por el Monasterio de las Huelgas, pero en ningún momento me dio por entrar (nunca lo he visto más que desde el exterior). Hay otros sitios dignos de mención, pero me limité a lo más céntrico.

Temíamos al tiempo. El jueves llovió un poco. Pero hemos tenido sol casi todos los días, lo que se agradece en una ciudad que tiene fama de ser una de las más gélidas de España.

La llegada a casa

Estar en casa de nuevo es genial. Podría coger el coche y acercarme a la oficina sólo para sentir su cercanía, pero puede más conmigo el hecho de ser viernes por la tarde y, aunque no creo que haya siesta, sí es posible que esté leyendo un rato y que más tarde me sumerja en la piscina, que hace un día idóneo para bañarse.
Tengo ojeras de resaca, aunque ésta brilla por su ausencia. Debería descansar hoy bien, de cara a mañana, que tengo otra boda y las bodas durante el día se hacen un poco largas.

Sigue siendo viernes. Y los viernes siempre me hacen pensar en él...

Pensando en el regreso

Esta mañana ha debido sonar la alarma poco antes de las nueve, pero he seguido durmiendo. Yo creo que es un buen momento ahora para hacer la maleta poco a poco y marchar a casa. Que ya hoy no hay nada.
Aunque siendo casi la una quizás me quede a comer. Me da una pereza hacer la maleta...

Jueves de fiesta

Da pena.
Da pena saber que esto se acaba.

Al final hemos salido de fiesta por aquí. Al principio no quería, pero ha merecido la pena. Nos hemos quedado cuatro con pocas ganas de volver. Si por mí hubiera sido me hubiera quedado un poco más... Hemos quedado a las nueve a desayunar.
Mañana hablaré de la gente que he conocido aquí, que no es poca. Pero la sensación de orgullo al firmar por unos y por otros esta tarde, esa camaradería entre todos es algo que está ahí (hoy he firmado por unas ocho personas mientras dos cómplices me tapaban para que no se me viera).

Vengo con varias copas y, la verdad, me cuesta escribir.

Me voy a soñar con él. Tengo unas ganas de verle...

jueves, septiembre 02, 2010

La escapada

Me he marchado cinco minutos porque se está mejor en el jardín. Pero tengo que volver, que no han pasado la asistencia. Además estoy al lado de una pelirroja cuarentona que no hace más que hablar. Necesitaba este descanso, que dos horas sin moverme a primera hora de la tarde son criminales.
He de regresar.

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En el camino de Santiago


Ayer me encontré una estatua, que esta ciudad las tiene a puñados, donde venía escrita esta leyenda:

"Cuando el viaje llegue a su fin
saldrá la estrella de la tarde
y las armonías del crepúsculo
se abrirán ante el pórtico del rey".

Imagino que representa a Santiago de Compostela o, en todo caso, a cualquier peregrino que, supongo, obligatoriamente pasa por esa calle. No había ninguna referencia que dijera de dónde había salido esa frase, pero me quedé unos minutos con la mirada fija en la estatua. Que si bien es cierto que ese viaje se refiere en ese contexto al peregrinaje a Santiago, si la palabra 'viaje' la enfocamos a la vida, el significado es mucho más amplio... Depende de la interpretación que le demos.

La hora de escribir

Es interesante lo que están contando. La mañana ha sido menos pesada que los días precedentes. Hoy me quedaré aquí hasta las ocho de la tarde, con el descanso de la comida. Es el último día y podría decir que quiero que acabe, pero no, me apena que acabe porque a esta gente no la volveré a ver hasta el año que viene (aunque nos mantengamos en contacto a través del correo electrónico).
En fin... Me interesa el tema de ahora, porque se están tratando problemas reales que me tocan de cerca.
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Varias horas después

Podría poner mil excusas. Es cierto que no tenía ganas de fiesta, pero la oportunidad de conocer a más gente con la que estaré en contacto a lo largo de los próximos 24 meses era esta noche. De hecho, muchos se han quedado. Y los que no han venido ellos se lo han perdido. Estábamos unos quince, de todas las puntas de España. Ha merecido la pena, ciertamente.
La una es una hora razonable para regresar. "Bueno, y mañana si no aparecemos nos firmáis". "Eso está hecho".
En definitiva, no hay mucha fiesta aquí un miércoles entre semana en esta época. ¿Y quién necesita gente cuando nosotros solos llenábamos los bares? Esto se acaba... y hasta el año que viene no habrá otra semana de éstas.
Estoy segurísima que mañana volveremos a salir, y mañana no hay hora de recogida, ya que el viernes la asistencia no es obligatoria, ya que sólo hay un acto que a los de nuestro grupo no nos incumbe.

Me encanta poder estar aquí, poder escribir en el silencio que acompaña a la noche, dedicar unos minutos a una persona, a esa persona con quien compartiría esta vivencia. Esta es una de esas semanas constructivas y enriquecedoras que merecen mucho la pena, no sólo por los conocimientos que adquieres, sino por lo que aprendes de la gente, y sobre todo por la camaradería que se crea entre unos y otros, por las personas que ayer eran un rostro sin nombre y que hoy tienen un nombre, una ciudad, una profesión. Es genial. Mañana más.

(Iba a regresar a las diez...)

miércoles, septiembre 01, 2010

La Catedral

Es bonita.
He dicho que una y no más. Al final...
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Fiesta...

A pesar de ser miércoles muchos quieren salir porque la gran mayoría se marchan mañana por la tarde. Me han intentado convencer, pero va a ser que yo volveré en breves. Que si no me lío. La cosa es que espero estar para las diez de vuelta.
Veremos si cumplo lo que acabo de escribir.
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De aquí al centro

A las seis volveré al centro, yo creo que haré compras. Pero hoy tenemos libre a partir de esa hora, lo que se agradece. Como aquí no hay nada, hay que irse a buscar algo. La verdad es que tengo un poco de sueño.
No hago más que mirar el reloj. Así que me conviene entrar en ese estado de ensoñación del lunes y pensar en una persona cuya imagen me lleva a sonreír inconscientemente.
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El fin del verano


Aunque en el calendario, el verano esté señalado por tres meses, para mí sólo está formado por julio y agosto. Antes disfrutaba mucho de esos dos meses, ahora ya no tengo tiempo. Y aquí me corrijo porque ayer por la tarde nos hablaron de ese tiempo que se nos escapa de las manos. Siempre decimos que no tenemos tiempo, pero siempre hay tiempo, y todos tenemos el mismo. Son 24 horas al día para cada uno. Nos recomendó la regla del 3x8: 8 horas para dormir, 8 horas para trabajar, 8 horas para el ocio. ¿Quién puede cumplirlas? En cambio, si nos concienciamos de ello, sí podríamos cumplirlo. ¿A qué dedicamos esas 8 horas de ocio? Porque en realidad ahí surge la coletilla del "no tengo tiempo". Fue edificante la charla del tiempo de ayer y ayudó porque nos hizo recapacitar en qué perdemos el tiempo y qué deberíamos hacer realmente en ese tiempo que se nos escapa tan rápidamente. A mí me hizo reflexionar, claro que el tema del tiempo me gusta.

Lo que venía a decir es que ya comienza septiembre. A mí es un mes que me gusta, es la antesala al terrible invierno que se avecina. Hoy ha llovido, como no podía ser de otra forma al llegar este mes. La lluvia nos daba la bienvenida, recordándonos que tenemos el otoño a la vuelta de la esquina. Las piscinas están a punto de cerrarse, si es que no han cerrado ya. La gente se marcha de nuevo a sus hogares habituales, todo se queda más vacío. Las terrazas están a punto de plegarse, de retirarse hacia el interior de los bares... Y se marchará el sol (aunque aún está pendiente el veranillo de San Martín).

Este verano han pasado muchas cosas. Personalmente he disfrutado mucho de pequeños momentos en los que antes ni siquiera reparaba. He salido menos de fiesta y no por ello lo he disfrutado menos. Y en medio de todo lo que ha ocurrido este verano estaba él, dándole color a todo, iluminando cada día con su mirada, con su sonrisa... Podría recordar una a una todas las veces que nos hemos visto, podría describir cómo se me desbocaba el corazón cada vez, podría comentar cómo robaba minutos al tiempo en cada ocasión...

Y sigo admirándole cada día un poco más, sigo queriéndole hoy algo más que ayer...

Bienvenido septiembre entonces. En septiembre son las fiestas de Logroño. Y el otoño es una estación adorable. Como nostálgica, pero de una belleza inmensa.

En el limbo

Llevo dormida toda la mañana. Pero a las once ha ocurrido algo sorprendente, tanto que me he quedado hablando a solas con la 'oradora', pues resulta que conoce mi pueblo y gente que va allí.
Mi pueblo ha salido a relucir porque hemos hecho una prueba practica sobre los equipamientos de nuestras localidades, a nivel de sanidad, educación, deportivo, ocio, etc.
Incluso nos hemos intercambiado los teléfonos.
El asunto actual también es interesante. Nos están hablando de los registros y las notarías.
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