
jueves, septiembre 09, 2010
Interrupciones a destiempo

Caminar junto al ángel

Haro
miércoles, septiembre 08, 2010
Los tardes acortan y el sentimiento crece

Virgen de la Vega
¿A quién no le ha pasado alguna vez que, basta que tenga que ir a algún sitio, que no pueda porque justamente ese día está todo cerrado?

Pese al tiempo que viví allí, jamás vi el espectáculo de las flores, ni las procesiones, aunque sí me encontraba con los charros vestidos lujosamente...
martes, septiembre 07, 2010
Melodía inacabada

Siempre habrá una canción para él. Muchos días me encuentro cantando las letras de amor que se diluyen en el aire a medida que recorro kilómetros.
Cada día consumo casi una hora de coche y, en esos momentos de libertad, escucho la radio, un canal musical donde ponen canciones que, en muchas ocasiones, me llevan a pensar en él.
Es inabarcable el repertorio de melodías que le cantaría al oído o mirándole a los ojos, son inabarcables las letras con las que me identifico de vez en cuando.
Mañana es posible que pase en el coche algo más de una hora, pues creo que iré a Haro. Y siempre sonará de fondo una canción que me lleve a recordarle.
Como en un museo
Victoria de Samotracia, Museo del Louvre, ParísSe ha levantado el viento
Para soñar

El enorme teatro

Una caja de bombones

Un vistazo a las estrellas

Y sigo tejiendo palabras con las agridulces sonatas de mi alma, mientras escucho la melodía desafinada que llega desde las estrellas que cada noche me recuerdan a él, mientras mi piel es impregnada de su mágico polvo brillante.
Quiero gritar a la noche lo que jamás me atreveré a decirle a él ni siquiera en voz baja. Quiero gritar al viento por qué es tan fácil soñar, por qué me resulta tan sencillo quererle cada día un poco más. ¿Dónde estaba él antes y dónde estaba yo? ¿Por qué este mundo tiene más sentido ahora? Quizás sea su magia…
Va siendo hora de ir a abrazar a la almohada. Suspiro, esperando que lleguen los mágicos sueños que una vez más me llevarán a él…
Hoy las estrellas brillan un poco más. Y su fulgor me hace evocarle.
lunes, septiembre 06, 2010
Un guión por escribir

Todos tenemos una historia por escribir. Todos tenemos una historia que vivir. Todos tenemos una historia que rememorar. Todos tenemos una historia que contar. Y todas esas pequeñas historias crean una HISTORIA mucho más grande: la que vamos viviendo en el momento actual de nuestra propia vida. Porque esa “historia con mayúsculas” es el camino que vamos recorriendo: las huellas del pasado que han quedado atrás, traídas al presente a través de fotografías desvaídas en un rincón polvoriento de la memoria; el horizonte misterioso y desconocido que se difumina en la lejanía ante nuestros ojos. Y ese pequeño instante donde nos encontramos, que es tan diminuto que apenas solemos parar un momento a percibirlo.
Es nuestra vida. Es nuestra historia, donde somos los protagonistas, mejores o peores, pero es nuestro guión. Cada uno, en su historia, va escribiendo ese guión. En mi guión hay de todo: lo bueno y lo malo. En estos momentos en que me encuentro tirando de un hilo donde no veo el cabo final, me encuentro más feliz que triste. Mi guión es más positivo que negativo y, sin embargo, he derramado muchas lágrimas. A veces, siento que se me rasgan las entrañas sin más. Últimamente he derramado mares de lágrimas por una sola persona. Si él supiera… Aunque sería incapaz de decirle algo así. No podría describirle cómo tantas noches me he aferrado a la almohada y la he empapado de dolor y tristeza. Por eso siempre digo que la almohada es una fiel conocedora de nuestros secretos. Por las noches, cuando antes de dormir, damos vueltas a lo acontecido en el día que acaba, la almohada escucha esos pensamientos herméticos para el resto del mundo.
Mi historia comienza un once de julio. Es una historia más que forma parte del enorme guión de la vida. En unos minutos me sentía hechizada por la pureza de unos ojos angelicales y por el magnetismo de una voz tan sensual que llegué a pensar en lo pequeñas que eran las historias pasadas al lado de la grandeza de la persona que tenía ante mí. Supongo que era amor sin desear que esa explosión de sentimientos afloraran de nuevo desde un corazón que hasta entonces estaba cansado de latir. ¡Cómo cambia todo en unos pocos meses! Mi corazón ahora late con fuerza, con esa fuerza sobre la que no tenemos poder. Algunos lo llaman amor.
Ves concentradas todas las virtudes del mundo en una persona. Y no, no es ceguera. Es admiración. Es como si aquel día hubiera posado sus alas invisibles sobre mis hombros. Porque es como un ángel que te aporta todo lo mejor en los peores momentos, incluso aunque su ausencia dure meses.
Es una historia que no tiene final, porque el horizonte brumoso me lo oculta. Ahora bien, si yo escribo el guión, ¿por qué no poner unos puntos suspensivos cada vez? ¿Por qué no seguir sintiendo ese amor tan grande por él, si me aporta sentimientos mucho más grandes…?
Y como es mi historia y soy yo la que escribo, también considero oportuno guardar todo lo que siento como un secreto guardado en un baúl cerrado bajo cuatro llaves: la del amor, la del deseo, la de la tristeza y la de la esperanza. Yo misma he decidido que él no debe saberlo. Incluso a mí me abruma lo grande que es todo aquello que siento por él.
He imaginado un beso suyo y, sólo con pensarlo, se me ha erizado la piel. Era dulce, tan dulce como él.
Querer a una persona es algo cargado de una magna belleza.
Realmente, si yo pudiera escribir mi guión, en estos momentos le despertaría con un beso cada mañana, y le diría lo guapo que está dos horas después todos los días, y le susurraría al oído que es la mejor persona del mundo dos horas después cada mañana y... Si yo pudiera escribir ese guión ahora estaría junto a él. Y eso me lleva a preguntarme dónde estará y qué estará haciendo.
Le dibujo estrellas imaginarias en el coche todos los días, aunque en realidad sólo lo hice una vez. Las estrellas son símbolos de buena suerte.
(Es hora de cenar, pero seguiría describiendo cómo es amar a una especie de ángel... Luego, quizás.)
Últimos minutos antes de marchar

El sabor de las moras

Un paseo por las calles de esta ciudad

Después de la tormenta
La bufanda de la esperanza

Una vez tejí una bufanda larguísima. No es que sea una experta haciendo punto, pero me relajaba. Las primeras puntadas, recién aprendido cómo hacerlo, eran desiguales. Después era un acto inconsciente y las líneas eran casi perfectas. Un día tienes un ovillo de lana y varios días después, movida por una fuerza que ni se sabe de dónde provenía, tienes una bufanda, hecha con delicadeza, amor y tesón. Ponía todo mi empeño en hacerla y no me importaba que, en los crudos días de invierno, se viera era primera línea con la que comencé. Esa bufanda era mi obra, hecha con mis manos, y la tenía especial cariño.
Supongo que los sentimientos se forjan de una manera similar. Un día te tambaleas y no sabes muy bien cuál será el siguiente paso, quizás sea un punto que tengas que repetir, quizás sigas adelante pese a las imperfecciones, pero luego irás sobre seguro, porque los sentimientos terminan asentándose en el corazón. Un día te encuentras amando a una persona y ese sentimiento es férreo. Aunque él no lo sepa… yo tengo muy claro lo que siento. A diferencia de la bufanda, no me es posible deshacer todos los puntos anteriores para comenzar de cero.
Vas dando pasos, a veces con cierta seguridad, otras veces te tambaleas, pero al darte cuenta de todo el sentimiento hacia esa persona descubres que todo se tiñe de una delicadeza tal como nunca antes habías sentido.
¿Qué haré cuando se acabe el ovillo? ¿Iré en busca de otro? Eso me recuerda a cuando Penélope esperaba a Ulises y les decía a todos sus pretendientes que elegiría un esposo cuando acabara el tejido que estaba haciendo, tejido que todas las noches descosía para volver a empezar. La espera del amor que, de repente, un día volvió de su terrible odisea. Me parece un acto de amor loable el de Penélope por Ulises, pero ese tipo de amor sólo ocurre en las historias de ficción.
domingo, septiembre 05, 2010
Huele a tormenta

Agradables recuerdos

Tengo ganas de que sea mañana porque mañana seguramente veré algo que me lleve a pensar en él, quizás me encuentre también con él. Será la cercanía, el hecho de saber que él está a tan sólo unos metros de distancia.
Por eso siempre empiezo todas las semanas con buen pie. Aunque haya mucho trabajo…
Simplemente tengo ganas de verle. Ser consciente de que el mundo tiene magia cuando él está cercano. Sigo recordándole como un ángel colmado de virtudes.
Una temporada que se cierra
He dado la vuelta y he venido a las piscinas. No hay nadie bañandose, aunque hoy es el último día. En el bar sí que hay algunas personas.
Hasta el próximo verano. Me trae recuerdos, como quedarnos a ver el partido que llevó a España a ganar el Mundial, cuando nos invitaron a tortillas con pimientos picantes, se levantó un viento terrible y terminamos viéndolo en un bar del pueblo. Los días que he venido a tomar una cerveza a última hora de la tarde o disfrutar de la lectura de un libro.
Entra esa nostalgia agradable de los gratos momentos que hemos pasado aquí. Y este lugar también me recuerda a él, por todas las veces que he pensado en él, por ejemplo, al levantar los ojos y descubrir en el monte en la lejanía la ermita de Ayago...
Hace un día espléndido.
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Tres corazones, dos cabezas y un verdugo

Se trata de un libro que se lee rápidamente. Me lo llevé a Burgos como paréntesis al libro de Ana Karenina que estoy leyendo, aunque en Burgos tampoco tuve mucho tiempo para leer. Es ésta una novela que se lee de un tirón (el público buscado es un público joven), con unos personajes entrañables.
sábado, septiembre 04, 2010
El mundo desde otro ángulo

Unos minutos para recapacitar

viernes, septiembre 03, 2010
Clave para la WiFi

Cinco días en Burgos
Casa del CordónBurgos conserva los escaparates de madera de hace varias décadas. En su Plaza Mayor es habitual encontrar varios juntos. Personalmente, pasar junto a estos negocios que aún conservan ese aire de antaño me traslada a una época remota.
La llegada a casa

Pensando en el regreso
Jueves de fiesta

jueves, septiembre 02, 2010
La escapada
He de regresar.
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En el camino de Santiago
La hora de escribir
En fin... Me interesa el tema de ahora, porque se están tratando problemas reales que me tocan de cerca.
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Varias horas después

miércoles, septiembre 01, 2010
La Catedral
He dicho que una y no más. Al final...
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Fiesta...
Veremos si cumplo lo que acabo de escribir.
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De aquí al centro
No hago más que mirar el reloj. Así que me conviene entrar en ese estado de ensoñación del lunes y pensar en una persona cuya imagen me lleva a sonreír inconscientemente.
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El fin del verano

En el limbo
Mi pueblo ha salido a relucir porque hemos hecho una prueba practica sobre los equipamientos de nuestras localidades, a nivel de sanidad, educación, deportivo, ocio, etc.
Incluso nos hemos intercambiado los teléfonos.
El asunto actual también es interesante. Nos están hablando de los registros y las notarías.
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