lunes, enero 06, 2014

Cosas que pasan

Hace dos días venía en el periódico la esquela de un joven de 40 años. En realidad no era una esquela familiar, sino la esquela que le había puesto el Colegio de Abogados. Resultó extraño, pero me informé al respecto. El joven, hijo y nieto de abogados, se había suicidado tirándose por el balcón de su despacho tras conocer que tenía cáncer y que tenía los días contados.
Es una de esas noticias que te hace pensar, que hace que te preguntes qué harías en su lugar. De hecho, yo dejaría todo lo que hago habitualmente para hacer cosas para llenar el tiempo que quedara. Como en aquella película, mal titulada al español "Ahora o Nunca" (el título original es "The Bucket List"). Como ellos en la película, intentaría hacer las cosas que siempre he querido hacer, o incluso como ellos me tatuaría un enorme tatuaje o subiría hasta la cima del Everest. Pero sobre todo me pasaría el tiempo viajando por todo el mundo, por las ciudades a las que nunca me he atrevido a ir (de Oriente Próximo y África), haría el Camino de Santiago a pie, saltaría de 'puenting' aunque ya tuve ocasión de hacerlo y nunca lo hice. Y me llevaría siempre varios libros en la maleta para estar embarcada en historias paralelas.
Es aterrador saber que alguien hoy está y mañana podría no estar. En el mes de agosto, un hombre con el que nos llevamos bien nos dijo que le habían dado tres meses de vida. Creo que abrí los ojos como platos porque le vi tan bien que algo no concordaba. Hace unos días nos mandó un email de despedida: aún no sé si se despedía porque iba a dedicarse a otras cosas o si se despedía porque quizás mañana no estuviera aquí. Son esas cosas que se me escapan y en las que no me gusta pensar y mucho menos hablar.
Pero son cosas que te llegan, que te marcan. Lo del joven abogado me dejó pensativa durante horas. Es que no entiendo.

La vida es demasiado hermosa.

2 comentarios:

Cova dijo...

Sí que lo es, por lo menos para los que tenemos la suerte de que nos vayan bien las cosas. Yo creo que suicidarse por un diagnóstico de cáncer es muy precipitado, aunque nadie sabe lo que pasa por la cabeza de las personas, porque hay gente a la que le han dado poco tiempo y ahí sigue.

Yo no sé lo que haría. Estar con mis hijos. Aprovechar cada minuto que pueda con ellos. E intentar luchar.

Ahora, por mi trabajo, doy clases a niños con cáncer (entre otras cosas) y soy muy consciente de que en cualquier momento, en tan solo un segundo, te puede cambiar la vida. Por eso hay que disfrutar de ella, de las cosas tontas, del día a día, del levantarse y estar.

Un beso.

K dijo...

Es que lo más grave es no intentar luchar. Acabar con todo drásticamente es terrible.

Es triste, ciertamente.

Besos