martes, enero 07, 2014

El francotirador paciente


Antes de embarcarme en esta novela, había leído algunas reseñas sobre este último libro de Arturo Pérez-Reverte. Recuerdo que me quedé con aquello de que no era nada especial el libro en sí, aunque el final se tornaba explosivo y salvaba la trama. No lo leí con estas palabras pero básicamente me esperaba un libro de corte aburrido y soporífero y me he encontrado con algo inesperado. He disfrutado cada página del libro, quizás porque el tema –un completo desconocido como es el mundo del grafiti y de los artistas de la calle- me apasiona. Pero también me fascina el autor, y aunque no es una novela tan elaborada como otras, Pérez-Reverte no me ha decepcionado, como lo hiciera ya una vez con El pintor de batallas.

Como en cualquier novela que se precie, las páginas las hacen los personajes y aquí tenemos a dos de esos personajes que convierten la trama en algo único. La protagonista se llama Alejandra Varela, ‘Lex’, y es una experta de arte moderno. Lleva una década trabajando como ‘scout’, esto es, una persona que ocupa su tiempo en descubrir a nuevos artistas.
Un día recibe la llamada de un editor de libros de arte de lujo, Mauricio Bosque, que la contrata para que encuentre a alguien a quien nadie le ha visto el rostro. Por lealtad a Sniper no le llamaré ‘artista’, aunque sin duda alguna, según lo que se nos dice en el libro, tiene todas las características de un gran artista según los tópicos por los que sabemos que alguien merece ser llamado ‘artista’. Sniper es un famoso grafitero, que muestra su ideología política en los espacios urbanos de grandes ciudades europeas. Tras su visita a México, ha sumado a sus dibujos callejeros las calaveras de tribus mexicanas (calacas), y sus grafitis se han vuelto cada vez más agresivos, sobre todo con la inclusión de una mira de francotirador en el punto de la ‘i’ de Sniper, aparte de que el significado de esa palabra inglesa también es “francotirador”. Nadie sabe cómo se llama, nadie sabe quién es, su rostro siempre va oculto tras una capucha de felpa negra. Y Lex tiene que encontrarle, por lo que le sigue la pista por Madrid, Lisboa, Verona y Nápoles.
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Grafitis en el aparcamiento Chao do Loureiro, en Lisboa

En el mundo callejero, Sniper es como un dios. A la llamada de Sniper, artistas del grafiti de todos los rincones pintan los rincones más inverosímiles de las ciudades, más como un rechazo al sistema establecido. Por ejemplo, el día de San Valentín acuden a Verona, la ciudad del amor por autonomasia, la ciudad que acogió a los ficticios Romeo y Julieta, para llenar la ciudad de corazones, como rechazo a esa sociedad consumista de tópicos típicos (valga la redundancia).
Pero en algunas de esas llamadas han muerto chicos jóvenes. Uno de ellos fue Daniel Biscarrués, hijo de un poderoso empresario madrileño que aún sigue buscando venganza y al que considera el asesino de su hijo. Tras los pasos de Lex irá una pareja de sicarios que quieren terminar con Sniper por orden de Lorenzo Biscarrués.
Sniper se encuentra desaparecido porque se ha puesto precio a su cabeza. Entre esto y que poca gente le ha visto, Sniper es un personaje de leyenda.
Lex descubrirá muy pronto a sus perseguidores, e incluso Biscarrués se entrevistará con ella para ofrecerle diez veces más dinero del que le pagará el editor.
Imagen relacionada
Grafiti en un edificio en Lisboa

Pero vayamos a Lex. No es una mujer convencional: ella tiene sus propias reglas y no se amilana por nada ni por nadie. Es inteligente, testaruda (o tenaz, según se mire), sabe protegerse a sí misma, no da un paso en falso, y ¿quién sabe? Quizás ella nos termina sorprendiendo al final. Durante la novela, ella evoca en repetidas ocasiones a Lita, una mujer de su pasado, una grafitera que compartía cama con ella, una joven de la que apenas obtenemos unos pocos pincelazos furtivos. Lex explica a algunas personas que ella es de la otra acera y no todo el mundo parece tomárselo bien. A otros, más intuitivos, no necesita decirles nada.
Es una novela que sorprende gratamente al final. No me la imagino de otra forma, y es que si le quitamos ese final, la trama pierde esa calidad que se acrecienta en las páginas finales.

Una de las cosas más sorprendentes de la novela es la enorme cantidad de documentación (el mundo del grafiti en general, su código ético, el grafitero como parte de una especie de tribu urbana, los valores) a la que ha echado mano el autor. Se nos muestran los secretos de un mundo, el de los grafiteros que recorren las ciudades de noche, que es un gran desconocido. Un grafiti te lo encuentras de repente en el muro de cualquier ciudad y, por lo general, no nos fijamos o pasamos de largo. Supongo que, con una novela así, tendemos más a observar esas pinturas murales que se encuentran ahí, preguntándonos quizás si ha sido realizada dentro de la legalidad o se encuentra entre esas actividades turbias que es lo que engrandece al Sniper de la novela, lo que en definitiva le convierte en héroe. Y hasta aquí puedo hablar de la trama. Si siguiera contando, destrozaría el ‘clímax’ por el que merece la pena leer este libro.
Este libro, además, hace una somera crítica a la comercialización del arte en la actualidad. A mí me gusta el arte, pero no como nos lo muestran los medios de comunicación en nuestros días. Lo que ocurre hoy en día es que cualquier cosa es susceptible de ser “arte” o lo es porque lo dicen unos pocos oligarcas.

Eran lobos nocturnos, cazadores clandestinos de muros y superficies, bombarderos sin piedad que se movían en el espacio urbano, cautos, sobre las suelas silenciosas de sus deportivas. Muy jóvenes y ágiles. Uno alto y otro bajo. Vestían pantalones vaqueros y sudaderas de felpa negra para camuflarse en la oscuridad; y, al moverse, en las mochilas manchadas de pintura tintineaban sus botes de aerosol provistos de boquillas apropiadas para piezas rápidas y de poca precisión. El mayor de los dos tenía dieciséis años. Se habían conocido en el metro dos semanas atrás, por las mochilas y el aspecto, mirándose de reojo hasta que uno de ellos hizo con un dedo, sobre el cristal, el gesto de pintar algo. De escribir en un muro, en un vehículo, en el cierre metálico de una tienda. Habían intimado pronto, buscando juntos huecos o piezas ajenas en paredes saturadas, fábricas abandonadas del extrarradio e instalaciones ferroviarias, merodeando con sus aerosoles hasta que vigilantes o policías los ponían en fuga. Eran plebeyos, simple infantería. El escalón más bajo de su tribu urbana. Parias de una sociedad individualista y singular enla que sólo se ascendía por méritos ganados en solitario o en pequeños grupos, imponiendo cada cual su nombre de batalla con esfuerzo y constancia, multiplicándolo hasta el infinito por todos los rincones de la ciudad…”.

El estilo de Pérez-Reverte siempre me resulta fresco, ágil, sin florituras, directo y claro, lo que hace que los personajes de sus novelas entren rápidamente en sintonía con el lector.
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Barrio español de Nápoles

EL LIBRO:

Título original: El francotirador paciente
Autor: Arturo Pérez-Reverte
Editorial: Alfaguara, 1ª edición (2013)
ISBN: 978-84-204-1649-6
Número de páginas: 302

Valoración: 10/10

Aunque esta novela introduce varios elementos de la novela negra, no voy a incluirla en el Reto Negro y Criminal, porque no la considero una novela negra como tal, pese a que tiene muchas características de la misma. Encaja mejor en el subgénero del ‘thriller’ literario.

Tras este inciso, esta novela me sirve para los siguientes retos literarios:
-Reto Genérico, en la subcategoría de 'thriller'
-Reto Sumando 2014, con 23 caracteres
-Desafío Libros Musicales, con la nota musical DO
-Desafío Libros de Colores, porque el color predominante en la portada es el NEGRO, aunque si encuentro una novela que tenga más profusión de negro es posible que la termine cambiando
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2 comentarios:

Cova dijo...

Me lo regalaron en nochebuena y lo tengo en la lista de espera. Yo no sé si voy a incluirlo en Negro y Criminal, esta quizá no, pero hay otras novelas que sí he incluído y que yo no las considero novela negra, pero los dieron como válidas en el reto del año pasado (El aviso de Paul Pen, por ejemplo).

Ya te diré cuando lo lea qué tal. De momento he oído un poco de todo.

Un beso :)

K dijo...

A mí me gustó mucho, y eso que había escuchado que era muy decepcionante. Claro que Pérez-Reverte ha escrito novelas mejores, pero en esta se ha documentado mucho, es un tema poco tocado en la literatura y mantiene en vilo al lector.

Ya me dirás a ver qué te parece.

Besos!