Antes de embarcarme en esta novela, había leído algunas reseñas sobre este último libro de Arturo Pérez-Reverte. Recuerdo que me quedé con aquello de que no era nada especial el libro en sí, aunque el final se tornaba explosivo y salvaba la trama. No lo leí con estas palabras pero básicamente me esperaba un libro de corte aburrido y soporífero y me he encontrado con algo inesperado. He disfrutado cada página del libro, quizás porque el tema –un completo desconocido como es el mundo del grafiti y de los artistas de la calle- me apasiona. Pero también me fascina el autor, y aunque no es una novela tan elaborada como otras, Pérez-Reverte no me ha decepcionado, como lo hiciera ya una vez con El pintor de batallas.
Como en cualquier novela que se
precie, las páginas las hacen los personajes y aquí tenemos a dos de esos
personajes que convierten la trama en algo único. La protagonista se llama
Alejandra Varela, ‘Lex’, y es una experta de arte moderno. Lleva una década
trabajando como ‘scout’, esto es, una persona que ocupa su tiempo en descubrir
a nuevos artistas.
Un día recibe la llamada de un
editor de libros de arte de lujo, Mauricio Bosque, que la contrata para que
encuentre a alguien a quien nadie le ha visto el rostro. Por lealtad a Sniper
no le llamaré ‘artista’, aunque sin duda alguna, según lo que se nos dice en el
libro, tiene todas las características de un gran artista según los tópicos por
los que sabemos que alguien merece ser llamado ‘artista’. Sniper es un famoso
grafitero, que muestra su ideología política en los espacios urbanos de grandes
ciudades europeas. Tras su visita a México, ha sumado a sus dibujos callejeros
las calaveras de tribus mexicanas (calacas), y sus grafitis se han vuelto cada
vez más agresivos, sobre todo con la inclusión de una mira de francotirador en
el punto de la ‘i’ de Sniper, aparte de que el significado de esa palabra
inglesa también es “francotirador”. Nadie sabe cómo se llama, nadie sabe quién
es, su rostro siempre va oculto tras una capucha de felpa negra. Y Lex tiene
que encontrarle, por lo que le sigue la pista por Madrid, Lisboa, Verona y
Nápoles.

Grafitis en el aparcamiento Chao
do Loureiro, en Lisboa
En el mundo callejero, Sniper es
como un dios. A la llamada de Sniper, artistas del grafiti de todos los rincones
pintan los rincones más inverosímiles de las ciudades, más como un rechazo al
sistema establecido. Por ejemplo, el día de San Valentín acuden a Verona, la
ciudad del amor por autonomasia, la ciudad que acogió a los ficticios Romeo y
Julieta, para llenar la ciudad de corazones, como rechazo a esa sociedad
consumista de tópicos típicos (valga la redundancia).
Pero en algunas de esas llamadas
han muerto chicos jóvenes. Uno de ellos fue Daniel Biscarrués, hijo de un
poderoso empresario madrileño que aún sigue buscando venganza y al que
considera el asesino de su hijo. Tras los pasos de Lex irá una pareja de
sicarios que quieren terminar con Sniper por orden de Lorenzo Biscarrués.
Sniper se encuentra desaparecido
porque se ha puesto precio a su cabeza. Entre esto y que poca gente le ha
visto, Sniper es un personaje de leyenda.
Lex descubrirá muy pronto a sus
perseguidores, e incluso Biscarrués se entrevistará con ella para ofrecerle
diez veces más dinero del que le pagará el editor.

Grafiti en un edificio en Lisboa
Pero vayamos a Lex. No es una
mujer convencional: ella tiene sus propias reglas y no se amilana por nada ni
por nadie. Es inteligente, testaruda (o tenaz, según se mire), sabe protegerse
a sí misma, no da un paso en falso, y ¿quién sabe? Quizás ella nos termina
sorprendiendo al final. Durante la novela, ella evoca en repetidas ocasiones a
Lita, una mujer de su pasado, una grafitera que compartía cama con ella, una
joven de la que apenas obtenemos unos pocos pincelazos furtivos. Lex explica a
algunas personas que ella es de la otra acera y no todo el mundo parece
tomárselo bien. A otros, más intuitivos, no necesita decirles nada.
Es una novela que sorprende
gratamente al final. No me la imagino de otra forma, y es que si le quitamos
ese final, la trama pierde esa calidad que se acrecienta en las páginas
finales.
Una de las cosas más sorprendentes
de la novela es la enorme cantidad de documentación (el mundo del grafiti en
general, su código ético, el grafitero como parte de una especie de tribu
urbana, los valores) a la que ha echado mano el autor. Se nos muestran los
secretos de un mundo, el de los grafiteros que recorren las ciudades de noche,
que es un gran desconocido. Un grafiti te lo encuentras de repente en el muro
de cualquier ciudad y, por lo general, no nos fijamos o pasamos de largo. Supongo
que, con una novela así, tendemos más a observar esas pinturas murales que se
encuentran ahí, preguntándonos quizás si ha sido realizada dentro de la
legalidad o se encuentra entre esas actividades turbias que es lo que
engrandece al Sniper de la novela, lo que en definitiva le convierte en héroe. Y
hasta aquí puedo hablar de la trama. Si siguiera contando, destrozaría el ‘clímax’
por el que merece la pena leer este libro.
Este libro, además, hace una
somera crítica a la comercialización del arte en la actualidad. A mí me gusta
el arte, pero no como nos lo muestran los medios de comunicación en nuestros
días. Lo que ocurre hoy en día es que cualquier cosa es susceptible de ser “arte”
o lo es porque lo dicen unos pocos oligarcas.
“Eran lobos nocturnos, cazadores clandestinos de muros y superficies, bombarderos sin piedad que se movían en el espacio urbano, cautos, sobre las suelas silenciosas de sus deportivas. Muy jóvenes y ágiles. Uno alto y otro bajo. Vestían pantalones vaqueros y sudaderas de felpa negra para camuflarse en la oscuridad; y, al moverse, en las mochilas manchadas de pintura tintineaban sus botes de aerosol provistos de boquillas apropiadas para piezas rápidas y de poca precisión. El mayor de los dos tenía dieciséis años. Se habían conocido en el metro dos semanas atrás, por las mochilas y el aspecto, mirándose de reojo hasta que uno de ellos hizo con un dedo, sobre el cristal, el gesto de pintar algo. De escribir en un muro, en un vehículo, en el cierre metálico de una tienda. Habían intimado pronto, buscando juntos huecos o piezas ajenas en paredes saturadas, fábricas abandonadas del extrarradio e instalaciones ferroviarias, merodeando con sus aerosoles hasta que vigilantes o policías los ponían en fuga. Eran plebeyos, simple infantería. El escalón más bajo de su tribu urbana. Parias de una sociedad individualista y singular enla que sólo se ascendía por méritos ganados en solitario o en pequeños grupos, imponiendo cada cual su nombre de batalla con esfuerzo y constancia, multiplicándolo hasta el infinito por todos los rincones de la ciudad…”.
El estilo de Pérez-Reverte
siempre me resulta fresco, ágil, sin florituras, directo y claro, lo que hace
que los personajes de sus novelas entren rápidamente en sintonía con el lector.

Barrio español de Nápoles

Barrio español de Nápoles
EL LIBRO:
Título original: El francotirador
paciente
Autor: Arturo Pérez-Reverte
Editorial: Alfaguara, 1ª edición
(2013)
ISBN: 978-84-204-1649-6
Número de páginas: 302
Valoración: 10/10
Aunque esta novela introduce
varios elementos de la novela negra, no voy a incluirla en el Reto Negro y
Criminal, porque no la considero una novela negra como tal, pese a que tiene
muchas características de la misma. Encaja mejor en el subgénero del ‘thriller’
literario.
Tras este inciso, esta novela me
sirve para los siguientes retos literarios:
-Reto Genérico, en la subcategoría
de 'thriller'
-Reto Sumando 2014, con 23
caracteres
-Desafío Libros Musicales, con la
nota musical DO
-Desafío Libros de Colores,
porque el color predominante en la portada es el NEGRO, aunque si encuentro una novela que tenga más profusión de negro es posible que la termine cambiando
2 comentarios:
Me lo regalaron en nochebuena y lo tengo en la lista de espera. Yo no sé si voy a incluirlo en Negro y Criminal, esta quizá no, pero hay otras novelas que sí he incluído y que yo no las considero novela negra, pero los dieron como válidas en el reto del año pasado (El aviso de Paul Pen, por ejemplo).
Ya te diré cuando lo lea qué tal. De momento he oído un poco de todo.
Un beso :)
A mí me gustó mucho, y eso que había escuchado que era muy decepcionante. Claro que Pérez-Reverte ha escrito novelas mejores, pero en esta se ha documentado mucho, es un tema poco tocado en la literatura y mantiene en vilo al lector.
Ya me dirás a ver qué te parece.
Besos!
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