Los viernes son, emocionalmente, el mejor día de la semana. Sobre todo porque, a eso de las seis, ya estoy casi con un pie en la calle. Y un rato después tengo a mi sobrina en las rodillas observando qué ha aprendido de nuevo en la última semana en la guardería.
Esos instantes son únicos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario