Los lunes siempre llegan con cierta pereza a ese comenzar de la semana que parece que pasa lentamente, pero termina pasando. Tanto como que el lunes ya está terminando.
Lo mejor del lunes llega cuando levantas el teléfono para hablar con un ángel y compartes con él tus ilusiones, tus esperanzas, tus logros. Cuando sientes que su sonrisa desde el otro lado te abraza, y no quieres que ese momento acabe nunca. Lo congelas como si fuera una fotografía en sepia, aunque no lo hayas visto en todo el día. Pero te sabes de memoria cómo es su mirada, cómo es su sonrisa, cómo es ese rostro tan dulce... Y entonces te das cuenta de que has olvidado que es lunes y que ya te puedes marchar a casa.
Sonriendo, inevitablemente sonriendo.
Lo mejor del lunes llega cuando levantas el teléfono para hablar con un ángel y compartes con él tus ilusiones, tus esperanzas, tus logros. Cuando sientes que su sonrisa desde el otro lado te abraza, y no quieres que ese momento acabe nunca. Lo congelas como si fuera una fotografía en sepia, aunque no lo hayas visto en todo el día. Pero te sabes de memoria cómo es su mirada, cómo es su sonrisa, cómo es ese rostro tan dulce... Y entonces te das cuenta de que has olvidado que es lunes y que ya te puedes marchar a casa.
Sonriendo, inevitablemente sonriendo.
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