domingo, enero 19, 2014

El hombre que perseguía al tiempo

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Recuerdo con cariño El cuento número trece, así que cogí esta novela con muchas ganas, porque reconozco que la delicadeza con que escribe Diane Setterfield siempre termina dejando un buen sabor de boca. Pero siempre ocurre que cuando el primero fue tan bueno, es difícil que el segundo cumpla las expectativas. Y no llega a ser de la calidad de su primera novela, pero es una novela que se termina disfrutando. Tanto que me ha durado dos días…

 “Jamás dejes que el tiempo te domine –le decía Bellman a Verney cuando este le preguntaba cómo lo lograba-. El tiempo hace lo único que sabe hacer, no puede actuar de otra manera. Si quieres hacer algo, debes perseguir al tiempo.
Pero, en realidad, creía haber descubierto –o que le había sido otorgada- la clave de la cronometría. Era capaz de abrir la vitrina del reloj cuando le apetecía, añadirle peso al péndulo y ralentizar su movimiento. Podía desmenuzar las horas, coger los minutos que se iban a malgastar y guardárselos.Años atrás alguien le había insinuado que Bellman llegaría a ser capaz de hacer que el sol brillase por la noche”.

William Bellman tiene diez años y vive en un pequeño pueblo de la campiña inglesa, Whittingford. Un día, está con sus tres amigos cuando descubren un grajo posado en un árbol que se encuentra a gran distancia. William prepara su tirachinas y la piedra que lanza traza un arco perfecto que termina dando en su objetivo.
A partir de ese momento, William crea una especie de vínculo con el grajo caído, pues una eterna oscuridad se cierne en sus entrañas, aunque él aún no es consciente de ello. A lo largo de su vida, siempre tendrá cerca a los grajos, pero él siempre se encontrará lo suficientemente ocupado para reparar en ellos.
William crece y se pone a trabajar en la fábrica de telas de su tío Paul. Para comprender todo lo que ocurre en la fábrica, William muy pronto se da cuenta de que tiene que realizar todas las tareas que hacen todos y cada uno de los operarios a cargo de su tío, aunque muchas de esas tareas se consideren femeninas. El joven comprenderá muy pronto el funcionamiento de la fábrica y se terminará ocupando de su dirección, absorbido en largos listados de cifras para obtener éxito y ganancias.
En medio de ese éxito, formará una familia. Pero a medida que se implica absolutamente en el trabajo y pierde las relaciones sociales, la Muerte empezará a llevarse a sus allegados: a su madre, a su tío, a su primo, a su esposa, a tres de sus cuatro hijos… A punto de perder a la única hija que le queda, Dora, William está a punto de hacer un pacto con la Muerte, así que va a buscar al hombre de negro que le ha sonreído en todos los funerales. En medio de un sueño en el cementerio, William cree hacer un pacto con él a cambio de que le devuelva a su hija. Y efectivamente Dora comienza a recuperarse paulatinamente del tifus que se ha llevado al resto de sus familiares. Pero Dora crecerá como una niña con achaques de anciana, con alopecia y muy débil. Es el momento que William ha estado esperando para comenzar su proyecto pactado con Black. Para ello, acude a Londres a buscar socios financieros para crear un enorme edificio en el corazón de Londres para dedicarlo exclusivamente a las pompas fúnebres. La muerte es el único negocio seguro.
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Grajos

William se dedica de pleno a su nuevo negocio, se establece en una casa cercana a la futura tienda e invierte todas las horas que puede y todos los días de la semana a su trabajo, sin apenas dedicar tiempo a su hija Dora, que sigue en Whittingford, ni a trazar nuevas amistades, ni siquiera a buscar una nueva esposa. En poco tiempo William se convertirá en un hombre muy rico, no malgasta un minuto de su tiempo y, sin embargo… tiene tal dedicación a su trabajo que se ha olvidado no sólo de las cosas importantes de su vida –como su hija- sino que se ha olvidado también de su propia muerte.
Hasta que un día aparece Black, que es un augurio de lo que va a ocurrir, pero también porque es ese grajo al que tiró de una pedrada cuando tan sólo tenía diez años. “De hecho, era su propio grajo lo que había matado, porque todos los humanos tienen un grajo que los acompaña, aunque pase inadvertido”.
En realidad, en un principio parece que al grajo se le dotan de unas cualidades muy cercanas a la Muerte, porque en todas las escenas de la novela en las que acontece un funeral se nos describe que al menos hay un grajo sobrevolando el cielo. En realidad, en este libro a los grajos se les atribuyen unas propiedades mágicas, y vienen más en la sintonía de que los grajos simbolizan la Memoria y el Pensamiento, por lo que son muy constantes alrededor de una persona como William Bellman, que ha intentado borrar todos sus recuerdos. En cambio, para su hija Dora, que intenta recordar, los grajos son visibles y ella intenta dibujarlos, para ella la llegada de los grajos conlleva cierta magia. Es posible que estos mismos grajos que se posan junto a su ventana sean los mismos que la han salvado de la Muerte.

Whittingford, donde transcurre la primera parte de la historia, no es una ciudad real. El resto de la novela, transcurrre en el Londres victoriano, lleno de carruajes, donde la cremación de los cadáveres estaba dotado de cierto paganismo, emparentado con los ritos celtas.
El estilo de la autora sigue siendo muy fresco, pese al tema constante y siniestro que se utiliza en el libro. La trama es ciertamente original y no deja cabos sueltos, lo que es de agradecer. Consigue vincular las características mágicas de los grajos con varios personajes de carne y hueso, y no cae en la fantasía –lo que posiblemente hubiera dejado mucho que desear-.


LA AUTORA:
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Diane Setterfield llevaba una vida tranquila en Harrogate, una pequeña ciudad inglesa. Su trabajo consistía en dar clases de literatura francesa en la universidad y su pasión era, y sigue siendo, la lectura.
Hace diez años empezó a redactar las primeras líneas de lo que sería El cuento número trece, y sólo después de mucho trabajo se atrevió a mostrarla a un agente literario, que enseguida supo apreciar las cualidades de esta novela excepcional. A partir de entonces la vida de la autora cambió porque el éxito internacional de El cuento número trece (2007) la obligó a viajar, aunque nunca olvidaba llevar consigo un buen libro para leer y una libreta para ir escribiendo la que sería su próxima novela.
Ahora aparece por fin El hombre que perseguía al tiempo, una hermosa historia que ya ha cautivado a los lectores en Inglaterra y Estados Unidos. Diane Setterfield es hoy una de las autoras más reconocidas del panorama internacional. Vive en Oxford y sigue llevando consigo un buen libro y una libreta.

EL LIBRO:
Título original: Bellman & Black
Autora: Diane Setterfield
Editorial: Lumen, 1ª edición (diciembre de 2013)
Número de páginas: 423
ISBN: 978-84-264-2179-1

Valoración: 7/10
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Paisaje con grajos

Voy a incluir este libro en los siguientes retos:

Reto "De la A a la Z", con la letra S de Setterfield
Reto 14.000 páginas, restando 423 páginas
Desafío “En femenino”, que precisa que las escritoras sean mujeres
Desafío Libros de colores, con el blanco, que es el color que predomina en la portada
Reto Genérico: en narrativa contemporánea. Tras sopesar mucho si podía entrar en otros géneros, pero sin que cuaje por completo en ninguno de ellos, y como es un libro de diciembre 2013 y de narrativa, mejor lo pongo en ese género.
Reto Sumando 2014: Restando los 28 caracteres que tiene el título en castellano.

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