martes, enero 28, 2014

16.30 horas


No hace ni veinticuatro horas, salíamos hacia la iglesia con un arco iris perfecto en el horizonte. El sol se dejaba ver entre nubes y al fondo unos nubarrones oscuros vaticinaban tormenta.
Al final llovió.
Sólo ha pasado un día desde el adiós de mi abuelo y aún se me sigue poniendo la piel de gallina al pensar en él. Todo sigue muy latente, porque durante todo el día la gente no ha dejado de venir a la oficina. Pero aún tengo la sensación de que podré ir al pueblo de mis abuelos y allá seguirá él, aunque sé que no será así. Se necesita mucho tiempo para asimilar la pérdida de una persona cercana.

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