No hace ni veinticuatro horas, salíamos hacia la iglesia con un arco iris perfecto en el horizonte. El sol se dejaba ver entre nubes y al fondo unos nubarrones oscuros vaticinaban tormenta.
Al final llovió.
Sólo ha pasado un día desde el adiós de mi abuelo y aún se me sigue poniendo la piel de gallina al pensar en él. Todo sigue muy latente, porque durante todo el día la gente no ha dejado de venir a la oficina. Pero aún tengo la sensación de que podré ir al pueblo de mis abuelos y allá seguirá él, aunque sé que no será así. Se necesita mucho tiempo para asimilar la pérdida de una persona cercana.
Sólo ha pasado un día desde el adiós de mi abuelo y aún se me sigue poniendo la piel de gallina al pensar en él. Todo sigue muy latente, porque durante todo el día la gente no ha dejado de venir a la oficina. Pero aún tengo la sensación de que podré ir al pueblo de mis abuelos y allá seguirá él, aunque sé que no será así. Se necesita mucho tiempo para asimilar la pérdida de una persona cercana.

No hay comentarios:
Publicar un comentario