Debe ser cosa de la primavera, aunque esta primavera no ha comenzado tan soleada ni tan calurosa. Pero estaba en el coche, arrancando, cuando he levantado los ojos y he visto otro coche. Enfrente, tan cerca y tan lejos. Sé que podría haberme demorado un poco y haber forzado un encuentro con él. Y, sin embargo, no lo he hecho.
Después, con la relajación que me produce el hecho de conducir a casa, pensaba en el deseo físico de él. Hace un tiempo pensaba en que quizás "ya no me ponía tanto", pero no es verdad.
Me estremezco al recordar su cercanía con el instrumental de topografía, cuando me mostraba su funcionamiento, con mis miradas de reojo, pensando en lo adorable que es, en lo mucho que me reconforta su mera presencia, en que se ha convertido en un viejo conocido con el que puedo compartir casi cualquier cosa.
Creía que me estaba desenamorando, pero no es así. Esta mañana, cuando he visto su coche, he vuelto a sentir un pequeño temblor en la boca del estómago, casi como al principio, casi como hace más de cuatro años.
Hoy le cubriría de besos... Por algo habría que empezar.

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