La primera vez que Guillermo entró en mi oficina fue porque necesitaba que alguien le atara los cordones de las zapatillas. Desde entonces, siempre me paro a hablar con él porque despierta en mí cierta ternura. Y la despierta porque no es una persona totalmente desarrollada. Supongo que eso le causa muchas trabas. No se le nota si le ves de frente, únicamente cuando hablas con él. Yo siempre he pensado que era un niño grande, y le echaba unos 16 años. Ayer me enteré que tiene 24.
Lo cierto es que Guillermo despierta cierta ternura en mí. Es un forofo del fútbol y es fan del Barça.
Coincidí con él y su familia en una cafetería la noche en que jugaban el Barça y el Inter de Milán. Como unos días más tarde volaría a Milán le prometí que le traería una camiseta del Inter, y así lo hice.
La traje a la oficina y llevaba unos días que no le veía, incluso se me había olvidado que tenía la camiseta en un cajón, hasta que ayer se la di.
Hoy su madre, agradecida, porque ha comentado que siempre reciben rechazos a causa de la anomalía de Guillermo, me ha traído unas flores. Me he quedado sin palabras.
Yo sólo hice una buena acción con una persona que es adorable. Porque Guillermo es un encanto.
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