He recordado lo mal que me caía Pippi Calzaslargas y cómo
estaba deseando llegar a casa para ver Barrio Sésamo, los dibujos animados de
los sábados y domingos al mediodía, que a la vez que iba leyendo me acordaba de
todas y cada una de las canciones que acompañaban todos. Hay cosas que se
aprenden de niños y que nunca olvidaremos.
En este libro se hace un repaso a todos esos programas
infantiles de nuestra niñez. Algunos de ellos ni siquiera me suenan, pero la
mayor parte de ellos sí. Sé que el autor ha publicado un segundo volumen,
porque obviamente en el primero no ha abarcado todo.
Aunque parece que hayan pasado veinte siglos, hubo un tiempo
en que sólo existían dos canales de televisión, sin posibilidad de otras
alternativas. La mayor parte del público veía siempre el primer canal de
Televisión Española (TVE), y muy pocos, el segundo canal o UHF.
TVE había comenzado a emitir de forma regular en 1956 y,
diez años más tarde, crea el segundo canal, donde metería contenidos
culturales, documentales y otros programas que daban prestigio a la cadena que
no veía casi nadie.
En aquellos años la programación era en blanco y negro, a
juego con el gris panorama cultural que tocaba vivir, aunque en aquel momento
los niños no se enteraban de mucho y se lo pasaban pipa con los dibujos
animados de Hannah Barbera o los especiales Disney. No sería hasta 1969 cuando
se empieza a emitir de forma más o menos regular en color, y hasta 1977 no se
suprimen realmente las emisiones en blanco y negro.
Mucha gente recuerda haber visto Pippi en blanco y negro y
otros en color, y las dos versiones son verdad, ya que cuando Pippi
Calzaslargas comenzó a emitirse en aquel lejano 9 de noviembre de 1974 no todos
los españoles disponían de un aparato a todo color.


Pippi Calzaslargas
Pippi Calzaslargas fue la primera serie que ocupó el horario
estrella de los sábados al mediodía, cuando toda la familia estaba reunida
alrededor de la mesa comiendo o haciendo el postre, por eso sus índices de
audiencia fueron estratosféricos. Pippi (cuyo nombre completo era Pippilotta
Victualia Rollgardina Peppermint Efraína Calzaslargas) gustaba a los niños
porque mostraba la vida de una niña de nueve años que vivía sola en un gran
caserón de Villa Kunterbunt, junto a su mono llamado Señor Nilsson y un caballo
blanco a lunares llamado Pequeño Tío. Pippi vivía de forma anárquica, hacía lo
que le daba la gana cuando quería y como quería; llevaba un vestido andrajoso
hecho pedazos, una media de cada color y unos zapatones tres tallas más
grandes, el pelo de color zanahoria que peinaba en dos trenzas muy tiesas;
cocinaba en el suelo, tenía la casa hecha una leonera, no iba al colegio,
holgazaneaba todo el día y arrastraba a su vida disoluta a los hermanos Tommy y
Annika. Y no es que Pippi fuese huérfana, sino que tenía un padre pirata que
siempre estaba navegando por los mares del sur, que le enviaba cofres con
monedas de oro para que pudiera subsistir.
Pippi se convirtió en un ídolo para los niños, pero los
padres no la veían con tan buenos ojos. En aquella época llegaron a los
estudios de Televisión Española un sinnúmero de quejas de asociaciones de
padres y otras entidades sobre la reproducción de esta serie.
Cuando era una adolescente, llegó a mis manos el relato
original escrito por la escritora sueca Astrid Lindgren, que lo imaginó cuando
su hija Karen, de siete años, cayó enferma de una deficiencia pulmonar y le
pidió a su madre que le contara un cuento para alegrar los días en cama.
Personalmente, la historia me gustó, aunque ya a esa edad me pareció
ridículamente infantil y fantasiosa.
Personajes de Heidi
Una de las series infantiles que mejores recuerdos me trae,
que me enternece varias décadas después, es Heidi.
Heidi fue la primera serie de dibujos animados procedente de
Japón que llegó a las televisiones de los años 70. Emitida por primera vez en
1975 los sábados al mediodía, durante 52 capítulos tuvo pendiente a toda la
familia frente al televisor, consiguiendo unos índices de audiencia impensables
hoy en día para una serie de animación. Heidi no sólo gustaba a los niños, sino
también a los adultos, que seguían su dramático argumento, convenientemente
aderezado de momentos emotivos, de llantos desconsolados y cierto sadismo en el
trato de la Rottenmeier.
El argumento de la teleserie que se hizo sobre Heidi
comienza cuando Dete decide llevar a su pequeña sobrina Heidi (de unos cinco
años) a casa de su abuelo en las montañas de los Alpes suizos. Le ha salido un
buen trabajo y no quiere perder la oportunidad. Ha estado cuidando de la
pequeña desde que su madre murió y ahora le toca al abuelo hacerse cargo de
ella. La noticia sorpresa no le sienta bien al Viejo de los Alpes, que no tiene
más remedio que ceder. Heidi, con cariño y paciencia, acaba ganándose la estima
de su abuelo, que le enseñará cómo ordeñar las cabras, cómo se hace el queso y
cómo tallar madera. Heidi también se hará amiga de Pedro, el cabrero del
pueblo, un chico más o menos de su misma edad, que vive con su madre viuda y
con su abuela ciega en una casa medio destartalada.
La serie de Heidi, como se indicaba al comienzo de cada
capítulo, estaba basada en la novela homónima de Johanna Spyri, escritora suiza
nacida en 1827.
La Familia Telerín
Desde los inicios de nuestra “gloriosa” televisión, siempre
ha habido unos personajillos que se han encargado de cerrar la programación
infantil y dar paso a la adulta, o lo que es lo mismo: enviar a los niños a la
cama para que dejaran de dar la lata.
Los pioneros fueron la Familia Telerín, seguidos por otros
personajes de muy distinta índole. En 1964 la Familia Telerín nos cantaba
aquello de “Vamos a la cama” y, con ella, todos los niños pequeños se iban
religiosamente a soñar con los angelitos.
La Familia Telerín fue un miniespacio de Televisión Española
emitido en los años 60, sobre cinco hermanitos que, al son de una pegadiza
cancioncilla, se encargaban de enviar a los niños a la cama puntualmente a las
ocho y media en invierno y a las nueve en verano.
Los dibujos fueron creados en 1964 por los hermanos Santiago
y José Luis Moro, que también crearon otras mascotas, como las de Un, dos,
tres, responda otra vez, como la simpática Ruperta, la terrible Botilde, el
Chollo o el Antichollo.

Marco y el mono Amedio
Al finalizar Heidi, las tardes de los sábados se quedaron un
poco huérfanas en cuanto a series de animación. En 1976 se emite Nacida libre,
teleserie de una leona africana como protagonista, pero a pesar del supuesto
exotismo de la propuesta, a los niños les daba un poco igual. Tendrían que
esperar a 1977, para que comenzara a emitirse Marco, de los Apeninos a los
Andes, basada en un relato clásico de la literatura juvenil del escritor
italiano Edmondo de Amicis. El argumento de este breve relato se estiró como un
chicle para poder realizarse 52 capítulos.
La historia narra las vivencias de una familia italiana que
reside en Génova. La madre, Anna Rossi, tiene que irse a Argentina en busca de
empleo, ya que su marido Pietro trabaja en un hospital para gente pobre y no
tienen con qué mantener al pequeño. El hermano mayor, Tonio, estudia para
maquinista de tren, por lo que decide irse a Milán.
La familia vive más o menos bien durante un año, hasta que
dejan de llegar noticias de la madre. Marco, desesperado por ver a su mamá,
decide irse a Argentina en su busca. Su padre en un principio se niega
tajantemente, por lo que Marco decide desobedecerlo e irse de polizón en el
barco Folgore; es atrapado y devuelto a casa. Finalmente el padre accede, y
Marco parte, junto con su monito Amedio, rumbo a lo desconocido.
La abeja Maya
Corría el año 1978, y los domingos por la tarde, mientras
los padres enganchaban la oreja a la radio para escuchar el Carrusel Deportivo,
los niños se pegaban a la televisión para seguir las aventuras de La abeja Maya
y escuchar los primeros acordes de tan popular canción: “En un país multicolor
nació una abeja bajo el sol…”.
La serie estaba basada en el libro Las aventuras de la abeja
Maya, escrito por el autor alemán Waldemar Bonsels. Es la única obra infantil
de Bonsels, ya que el resto de su obra está revestida de un firme talante
religioso, con un mensaje en el que abogaba por la relación armónica entre el
hombre y la naturaleza.
Su libro sobre la abeja Maya era básicamente una especie de
tratado de entomología para niños, a través del cual el personaje principal,
Maya, una abeja bastante curiosa e inquieta que no puede parar ni un minuto en
la colmena, cuando puede se escapa a explorar el pequeño universo que la rodea.
Recuerdo perfectamente los episodios de la abeja Maya, que
sólo los veía comenzar para escuchar la contagiosa canción, pero no era santo
de mi devoción. Maya no me gustaba nada.
Érase una vez… el hombre y Érase una vez… la vida eran dos
de mis series de dibujos animados preferidas. Más la de la vida que la del hombre,
y curiosamente más tarde me atrajo mucho más la historia que las ciencias.
A finales de los años 70, muchas de las series destinadas al
público infantil no sólo pretendían entretener, sino también enseñar. Este afán
didáctico llevó al productor y cineasta francés de televisión, Albert Barillé,
a concebir una serie a través de la cual explicar la historia de la humanidad.

Personajes de Érase una vez… el hombre
Érase una vez… el hombre explicaba la historia de la
humanidad desde la creación de la Tierra hasta mediados del siglo XX, y aunque
la serie tuvo muchas críticas por parte de los sectores católicos más
fervientes por hacer apología de la teoría evolucionista, también se hicieron
algunas concesiones bíblicas, con escenas de Moisés, Sansón y Dalila y Jesucristo.
Polémicas aparte, lo cierto es que los niños aprendíamos las
diversas épocas de la humanidad de la mano de una familia muy simpática,
formada por el padre Pedro, su mujer Flor y sus hijos, Pedrito y la Pequeña
Flor. Los acompañaba siempre el Gordo, el amigo grande y pelirrojo que todo lo
arregla a base de puñetazos; su hijo el Gordito, y a veces la mujer del Gordo.
En todos los capítulos, se escucha la voz de la experiencia del Maestro, un
venerable anciano de largas barbas blancas, que a su vez es narrador y
protagonista. Como antagonistas están el Tiñoso y el Canijo, siempre dispuestos
a sembrar cizaña.

Carátula de Don Quijote
“En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero
acordarme…”. Así empieza la inmortal obra de Miguel de Cervantes, de la que
surgió la primera teleserie de animación española.
A principios de 1980 comienza a emitirse Don Quijote, la
primera aventura en forma de teleserie del estudio Cruz Delgado. En su origen
sorprendió: el diseño de los personajes, bastante diferente a las series
precedentes; las voces de los personajes eran las de actores conocidos. La
serie tenía un acabado más que correcto: 39 capítulos divididos en dos partes,
una banda sonora pegadiza interpretada por el dúo Botones, unos personajes
carismáticos, otros personajes simpáticos que aportaban la nota de humor y un
merchandising a la altura de las series conocidas.

Naranjito, mascota del Mundial de Fútbol de 1982
Corría el año 1982 y se iba a celebrar en España la Copa
Mundial de Fútbol, así que se necesitaba una mascota que fuese simpática y que
representase la ‘esencia del pueblo español’. De entre las 600 propuestas
enviadas, se escogió finalmente la de los publicistas Mª Dolores Salto y José
Mª Martín Pacheco, que trabajaban en el Estudio Bellido. El propio Martín
cuenta que se le ocurrió la idea al ver unos naranjos, fruta típica de Valencia
y Murcia, y “porque quería evitar la España del toro y la pandereta”. El
cítrico vestido con el uniforme de la selección española tuvo en sus orígenes
más detractores que seguidores, lo cual no evitó que a sus creadores les
pagaran un millón de pesetas de la época, y después vendiesen los derechos de
explotación de la imagen a una empresa de merchandising por 1.400 millones. Y
es que tuvimos Naranjito hasta en la sopa: había llaveros, muñecos, libretas,
banderines, camisetas, calzoncillos, toallas, etc.

Ruy, “el pequeño Cid”
Si nos ponemos a pensar en cuántos personajes (reales o de ficción) de la Historia de España podían ser susceptibles de inspirar una serie de dibujos animados, tampoco hay tantos: el Quijote, Agustina de Aragón, Carmen la de Ronda, Curro Jiménez y poco más.
Así que realizar una serie sobre la infancia del Cid no
resulta descabellado. La serie está ambientada en el siglo XI, en plena
Reconquista, cuando Rodrigo Díaz de Vivar es un chiquillo, que sólo piensa en
jugar, divertirse, imitar a los adultos en sus luchas con espada y poco más. En
los primeros capítulos, Ruy pasa sus días en un monasterio con el fin de
instruirse, pero sus continuas travesuras ponen en jaque a toda la comunidad
eclesiástica, que terminan expulsándolo. A partir de ahí, Ruy se convierte en
una figura errante, que vaga por las tierras de Castilla y León.

D’Artacan
En 1981, los estudios BRB deciden crear otra serie con un
diseño totalmente alejado de lo que se ofrecía hasta el momento, con personajes
animales y rasgos antropomórficos. La idea se le ocurrió a uno de los
creadores, Claudio Biern Boyd, al observar a su propio perro, de una raza
similar a la del propio D’Artacan, al cual le confirió las cualidades de
valentía, fidelidad, buen corazón, etc. A partir de ahí, basándose en la novela
de Alejandro Dumas, surgió D’Artacan y los tres mosqueperros. La serie tiene 26
capítulos y adapta de forma fidedigna el relato original, permitiéndose algunas
licencias, como la creación de Pom, un ratoncito decidido y mandón, que pondrá
el contrapunto cómico a la historia.
La vuelta al mundo de Willy Fog
El éxito de D’Artacan y los tres mosqueperros y la buena
acogida que tuvo entre el público de todas las edades motivaron a la productora
BRB Internacional a atreverse con otra adaptación de la literatura juvenil, La
vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne. Esta obra de aventuras, escrita en
1872, ya había sido llevada al cine en 1956, interpretada por David Niven como
Phileas Fogg, el cómico mexicano Cantinflas como Jean Passepartout y Shirley
McLaine como la princesa hindú Aouda. Posteriormente, se filmaron otras
películas. Finalmente llegó la versión de BRB, que, tomándose algunas licencias
sobre el argumento y los personajes, estaba formada por 26 capítulos y fue
emitida por TVE en 1984. Rápidamente se convirtió en un éxito rotundo, tanto
por su banda sonora interpretada por Mocedades, como por el encanto de sus
personajes y su posterior merchandising.
El punto de partida de la serie es el mismo que en la
novela: un gentleman obsesionado con la puntualidad y las estrictas normas de
su hogar, que hace una apuesta con los miembros de su club para probarles que
el mundo se ha quedado pequeño gracias a los modernos métodos de transporte y
que, en un viaje alrededor del mundo, que antes duraba varios meses, ahora
sería posible hacerlo en tan sólo 80 días. Paralelamente, hay otra línea
argumental, ya que se ha producido un robo en el Banco de Inglaterra, y la
apuesta y el precipitado viaje de Willy Fog lo convierten en el principal
sospechoso.
Personajes de Barrio Sésamo
La aportación del genial marionetista norteamericano Jim
Henson al mundo infantil no ha sido suficientemente reconocida. Con él y sus
personajes aprendimos la diferencia entre arriba y abajo, cerca y lejos;
supimos cómo contar y resolver problemas; y todo gracias a unos maestros de
trapo multicolor, que rápidamente fueron como de la familia.
En 1969, Henson crea Sesame Street, un programa educativo
dirigido a los más pequeños de la casa, conducido por unos personajes
carismáticos. La experiencia, de gran éxito a nivel mundial, fue exportada a
numerosos países, entre ellos España, que en 1976 inluye dentro del programa Un
globo, dos globos, tres globos el espacio Ábrete Sésamo, que era una simple
traducción del programa original y que contaba con personajes entrañables como
la pareja Epi y Blas, el despistado Coco, el comilón Triqui, la rana Gustavo,
que se pasaba el día entrevistando a personajes de cuentos, y otros muchos.
El éxito de la iniciativa hace que en 1979 se cree una
versión autóctona denominada Barrio Sésamo, en la que se incluyen fragmentos
rodados en el imaginario barrio donde viven la gallina Caponata y el caracol
Perezgil, además de otros personajes interpretados por actores “reales”, como
Julián el quiosquero, Adela o Petri. Caponata, a pesar de su enorme tamaño (a
imitación del personaje Big Bird de la versión original norteamericana), era
torpe e inocentona, todo lo quería saber y muchas veces sacaba de quicio con
sus preguntas a Perezgil, que se las daba de listillo.
A partir de 1983 se crea una segunda temporada, que duraría
cinco años, y que estaba protagonizada por Espinete, un erizo que sustituiría a
Caponata, y con menos luces que la gallina. Lo acompañaban Don Pimpón, un
viajero sabelotodo, además de los habituales personajes reales que pueblan el
barrio como Chema el panadero; Matilde y Antonio, propietarios de la
horchatería; Ana y Ruth, amigas de Espinete; y Quica y Cuca, dos hermanas muy
gamberras.
Los mundos de Yupi
La tercera temporada, que comenzó a emitirse en 1988,
presenta un nuevo personaje bajo el título Los mundos de Yupi. Yupi es un
extraterrestre que mide un metro ochenta de altura, tiene el cuerpo recubierto
de pelo amarillo y de la cabeza le salen unas plumillas que le dan un aspecto
bastante simpático. Tenía la cara infantil, orejas puntiagudas y una vocecilla
irritante.
Recuerdo con nostalgia Barrio Sésamo porque todas las tardes
a las seis en punto me sentaba a verlo con mi hermano y nos reíamos bastante.
Es una lástima que ya no existan este tipo de programas en la parrilla habitual
de las cadenas.


Inspector Gadget
El inspector Gadget estaba inspirado en otro investigador
ilustre: el inspector Clouseau (aquél que apareció por primera vez con la
Pantera Rosa vestido con gabardina, sombrero calado y un enorme mostacho,
interpretado por el actor Peter Sellers). Gadget también recuerda a otro agente
absolutamente inútil: Maxwell Smart, conocido como Superagente 86, que disponía
de algunos gadgets ingeniosos, como el zapateléfono, que en la serie del
inspector Gadget llegaba a ser una obsesión, ya que aparece un cachivache por
minuto, a cual más inverosímil y fantasioso. Y es que Gadget no existiría sin
los referentes indicados y sin toda la saga de James Bond, de la cual copia
descaradamente muchos de los gadgets e incluso la apariencia del villano de
turno, Mr Claw (Doctor Gang en la versión española), líder de la organización
MAD, y del que sólo vislumbramos un brazo metálico que continuamente acaricia
un gato ronroneante.

Candy Candy
Cuando la revista femenina Lily decide publicar Candy Candy
a principios de 1984, algunos no habíamos conocido aún un manga auténtico
(hasta entonces habían sido adaptaciones de Heidi o Marco, realizados por
dibujantes españoles con un estilo occidental), y los cómics de Dragon Ball aún
estaban lejanos. A partir de Candy, descubrimos las líneas cinéticas, los
recursos gráficos a la hora de exagerar las emociones, los ojos brillantes
desorbitados y toda una serie de pautas que caracterizan el estilo manga.
Candy estaba dibujada por Yumiko Igarashi, autora entre
otras de Mayme Angel (ambientada en la conquista del Oeste) o Georgie (sobre
una niña huérfana afincada en Australia).
El argumento narra las vivencias de Candy, una niña
residente en la Casa de Pony, regentada por Miss Pony y Sor María. Su carácter
divertido y travieso hará que Candy se convierta en la líder del resto de los
huerfanitos, aunque destaque su amistad con Annie, otra niña de carácter dulce
y romántico. Annie pronto será adoptada, mientras que Candy será acogida por
los Legan, que le hacen la vida imposible. Candy conocerá a los hermanos
Andrew, y se terminará enamorando de uno de ellos, Anthony.
Candy Candy se emitió en TVE en 1985 los domingos por la
tarde, y alargó su argumento hasta los 115 episodios, incluyéndose personajes,
como el mapache Clint, que no aparecían en el manga original.

Personajes de Dragones y Mazmorras
Para mí una de las mejores series de mi infancia fue Dragones
y Mazmorras. La recuerdo con mucha nostalgia.
Dragones y Mazmorras es uno de los primeros juegos de rol de
fantasía heroica que se conocen. Diseñado originariamente por los
norteamericanos Gary Gygax y Dave Arneson en 1974 para la compañía Tactical
Studies Rules, se basaron en dos juegos que ya existían: un juego australiano
llamado Dungeon y uno norteamericano denominado Dragon. La combinación de ambos
dio lugar, con algunas modificaciones, al juego Dungeons & Dragons. Algunas
de sus innovaciones fueron el uso de los dados de múltiples caras, las hojas de
personaje, el desarrollo progresivo de éstos y la dinámica de juego centrada en
la acción conjunta de un director (máster del juego), que narra la historia y
de unos jugadores que la influyen o modifican con sus acciones.
El juego tuvo tanto éxito que propició la aparición de una
serie de dibujos animados, emitida por vez primera en la cadena CBS
estadounidense en 1983. La serie llegaría a tener tres temporadas.
La historia comienza cuando un grupo de seis amigos decide
ir a divertirse una tarde de domingo a un parque de atracciones; allí entran en
una atracción llamada Dungeons & Dragons, que consiste en un paseo en
montaña rusa donde aparecen monstruos por el camino, pero debido a un suceso
inexplicable, se abre una puerta dimensional y los lleva al fantástico mundo de
Dungeons & Dragons. Nada más llegar, conocerán al Amo del Calabozo, un
diminuto personaje (que recuerda al maestro Yoda de Star Wars), que les da
armas especiales a cada uno; además será su guía y mentor en ese mundo por el
que habrán de vagar hasta encontrar la forma de volver a su universo.
El gran acierto de la serie fue la diversidad de los
personajes, cada uno con una personalidad muy marcada.

David el Gnomo
El escritor holandés Wil Huygen publicó en 1977 el libro
Leven en werken van de Kabouter, en el que narraba las vivencias de los gnomos.
Gracias a las delicadas ilustraciones de Rien Poortvliet, los niños de entonces
pudimos comprobar que son una especie muy parecida a los humanos (Homo sapiens
parvissimus u hombrecillos sabios pequeñísimos), que miden tan sólo quince
centímetros y pesan entre 200 y 300 gramos.
Los gnomos se casan normalmente a la edad de 100 años, y pueden vivir
perfectamente hasta los 400. Viven en cuevas o “cómodas madrigueras” excavadas
entre las raíces de los árboles, aunque también pueden vivir en el jardín de
las casas y granjas, dentro de las casas, en las dunas del desierto y en los
fríos parajes de Siberia. Su fuerza es siete veces mayor que la de un humano, y
su dieta se compone de productos provenientes exclusivamente de la naturaleza y
de los huevos que les proporcionan algunas especies. Visten en un estilo
medieval, se dejan crecer la barba y lucen unos enormes gorros cónicos de
vistosos colores.
El libro de Huygen estuvo en la lista de superventas de The
New York Times durante un año. Basándose en este libro, la empresa BRB
Internacional decidió crear la serie de 26 capítulos, David el Gnomo, en la que
el personaje principal, David, vive con su mujer Lisa y sus dos hijos, Noelia y
Harold. David es médico, por lo que continuamente tiene que ir de un lado a
otro ayudando a otros gnomos y curando animales con remedios y hierbas
medicinales que sólo él conoce. Para ello, recibe la inestimable ayuda de
Swift, un zorro que le sirve como medio de transporte, rápido y no
contaminante. Los malos de la serie eran los trolls.
Tras el éxito de la serie inicial, el mismo equipo creó La
llamada de los gnomos (1987), protagonizado por un gnomo llamado Klaus, juez de
profesión, si bien ya no alcanzó los altos niveles de audiencia de la serie
inicial.
Faltan muchas otras series que me vienen a la memoria, pero que imagino que el autor habrá recogido en el segundo volumen.
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