viernes, abril 19, 2013

Abuelito, dime tú


Compré este libro porque los recuerdos de la infancia mueven algo dentro de mí. No me lo he leído entero, únicamente he ojeado los dibujos animados de los que tanto disfruté, así como otros programas infantiles.
He recordado lo mal que me caía Pippi Calzaslargas y cómo estaba deseando llegar a casa para ver Barrio Sésamo, los dibujos animados de los sábados y domingos al mediodía, que a la vez que iba leyendo me acordaba de todas y cada una de las canciones que acompañaban todos. Hay cosas que se aprenden de niños y que nunca olvidaremos.
En este libro se hace un repaso a todos esos programas infantiles de nuestra niñez. Algunos de ellos ni siquiera me suenan, pero la mayor parte de ellos sí. Sé que el autor ha publicado un segundo volumen, porque obviamente en el primero no ha abarcado todo.

Aunque parece que hayan pasado veinte siglos, hubo un tiempo en que sólo existían dos canales de televisión, sin posibilidad de otras alternativas. La mayor parte del público veía siempre el primer canal de Televisión Española (TVE), y muy pocos, el segundo canal o UHF.
TVE había comenzado a emitir de forma regular en 1956 y, diez años más tarde, crea el segundo canal, donde metería contenidos culturales, documentales y otros programas que daban prestigio a la cadena que no veía casi nadie.
En aquellos años la programación era en blanco y negro, a juego con el gris panorama cultural que tocaba vivir, aunque en aquel momento los niños no se enteraban de mucho y se lo pasaban pipa con los dibujos animados de Hannah Barbera o los especiales Disney. No sería hasta 1969 cuando se empieza a emitir de forma más o menos regular en color, y hasta 1977 no se suprimen realmente las emisiones en blanco y negro.

Mucha gente recuerda haber visto Pippi en blanco y negro y otros en color, y las dos versiones son verdad, ya que cuando Pippi Calzaslargas comenzó a emitirse en aquel lejano 9 de noviembre de 1974 no todos los españoles disponían de un aparato a todo color.
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Pippi Calzaslargas

Pippi Calzaslargas fue la primera serie que ocupó el horario estrella de los sábados al mediodía, cuando toda la familia estaba reunida alrededor de la mesa comiendo o haciendo el postre, por eso sus índices de audiencia fueron estratosféricos. Pippi (cuyo nombre completo era Pippilotta Victualia Rollgardina Peppermint Efraína Calzaslargas) gustaba a los niños porque mostraba la vida de una niña de nueve años que vivía sola en un gran caserón de Villa Kunterbunt, junto a su mono llamado Señor Nilsson y un caballo blanco a lunares llamado Pequeño Tío. Pippi vivía de forma anárquica, hacía lo que le daba la gana cuando quería y como quería; llevaba un vestido andrajoso hecho pedazos, una media de cada color y unos zapatones tres tallas más grandes, el pelo de color zanahoria que peinaba en dos trenzas muy tiesas; cocinaba en el suelo, tenía la casa hecha una leonera, no iba al colegio, holgazaneaba todo el día y arrastraba a su vida disoluta a los hermanos Tommy y Annika. Y no es que Pippi fuese huérfana, sino que tenía un padre pirata que siempre estaba navegando por los mares del sur, que le enviaba cofres con monedas de oro para que pudiera subsistir.
Pippi se convirtió en un ídolo para los niños, pero los padres no la veían con tan buenos ojos. En aquella época llegaron a los estudios de Televisión Española un sinnúmero de quejas de asociaciones de padres y otras entidades sobre la reproducción de esta serie.
Cuando era una adolescente, llegó a mis manos el relato original escrito por la escritora sueca Astrid Lindgren, que lo imaginó cuando su hija Karen, de siete años, cayó enferma de una deficiencia pulmonar y le pidió a su madre que le contara un cuento para alegrar los días en cama. 
Personalmente, la historia me gustó, aunque ya a esa edad me pareció ridículamente infantil y fantasiosa.
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Personajes de Heidi

Una de las series infantiles que mejores recuerdos me trae, que me enternece varias décadas después, es Heidi.
Heidi fue la primera serie de dibujos animados procedente de Japón que llegó a las televisiones de los años 70. Emitida por primera vez en 1975 los sábados al mediodía, durante 52 capítulos tuvo pendiente a toda la familia frente al televisor, consiguiendo unos índices de audiencia impensables hoy en día para una serie de animación. Heidi no sólo gustaba a los niños, sino también a los adultos, que seguían su dramático argumento, convenientemente aderezado de momentos emotivos, de llantos desconsolados y cierto sadismo en el trato de la Rottenmeier.
El argumento de la teleserie que se hizo sobre Heidi comienza cuando Dete decide llevar a su pequeña sobrina Heidi (de unos cinco años) a casa de su abuelo en las montañas de los Alpes suizos. Le ha salido un buen trabajo y no quiere perder la oportunidad. Ha estado cuidando de la pequeña desde que su madre murió y ahora le toca al abuelo hacerse cargo de ella. La noticia sorpresa no le sienta bien al Viejo de los Alpes, que no tiene más remedio que ceder. Heidi, con cariño y paciencia, acaba ganándose la estima de su abuelo, que le enseñará cómo ordeñar las cabras, cómo se hace el queso y cómo tallar madera. Heidi también se hará amiga de Pedro, el cabrero del pueblo, un chico más o menos de su misma edad, que vive con su madre viuda y con su abuela ciega en una casa medio destartalada.
La serie de Heidi, como se indicaba al comienzo de cada capítulo, estaba basada en la novela homónima de Johanna Spyri, escritora suiza nacida en 1827.
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La Familia Telerín

Desde los inicios de nuestra “gloriosa” televisión, siempre ha habido unos personajillos que se han encargado de cerrar la programación infantil y dar paso a la adulta, o lo que es lo mismo: enviar a los niños a la cama para que dejaran de dar la lata.
Los pioneros fueron la Familia Telerín, seguidos por otros personajes de muy distinta índole. En 1964 la Familia Telerín nos cantaba aquello de “Vamos a la cama” y, con ella, todos los niños pequeños se iban religiosamente a soñar con los angelitos.
La Familia Telerín fue un miniespacio de Televisión Española emitido en los años 60, sobre cinco hermanitos que, al son de una pegadiza cancioncilla, se encargaban de enviar a los niños a la cama puntualmente a las ocho y media en invierno y a las nueve en verano.
Los dibujos fueron creados en 1964 por los hermanos Santiago y José Luis Moro, que también crearon otras mascotas, como las de Un, dos, tres, responda otra vez, como la simpática Ruperta, la terrible Botilde, el Chollo o el Antichollo.
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Marco y el mono Amedio

Al finalizar Heidi, las tardes de los sábados se quedaron un poco huérfanas en cuanto a series de animación. En 1976 se emite Nacida libre, teleserie de una leona africana como protagonista, pero a pesar del supuesto exotismo de la propuesta, a los niños les daba un poco igual. Tendrían que esperar a 1977, para que comenzara a emitirse Marco, de los Apeninos a los Andes, basada en un relato clásico de la literatura juvenil del escritor italiano Edmondo de Amicis. El argumento de este breve relato se estiró como un chicle para poder realizarse 52 capítulos.
La historia narra las vivencias de una familia italiana que reside en Génova. La madre, Anna Rossi, tiene que irse a Argentina en busca de empleo, ya que su marido Pietro trabaja en un hospital para gente pobre y no tienen con qué mantener al pequeño. El hermano mayor, Tonio, estudia para maquinista de tren, por lo que decide irse a Milán.
La familia vive más o menos bien durante un año, hasta que dejan de llegar noticias de la madre. Marco, desesperado por ver a su mamá, decide irse a Argentina en su busca. Su padre en un principio se niega tajantemente, por lo que Marco decide desobedecerlo e irse de polizón en el barco Folgore; es atrapado y devuelto a casa. Finalmente el padre accede, y Marco parte, junto con su monito Amedio, rumbo a lo desconocido.
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La abeja Maya

Corría el año 1978, y los domingos por la tarde, mientras los padres enganchaban la oreja a la radio para escuchar el Carrusel Deportivo, los niños se pegaban a la televisión para seguir las aventuras de La abeja Maya y escuchar los primeros acordes de tan popular canción: “En un país multicolor nació una abeja bajo el sol…”.
La serie estaba basada en el libro Las aventuras de la abeja Maya, escrito por el autor alemán Waldemar Bonsels. Es la única obra infantil de Bonsels, ya que el resto de su obra está revestida de un firme talante religioso, con un mensaje en el que abogaba por la relación armónica entre el hombre y la naturaleza.
Su libro sobre la abeja Maya era básicamente una especie de tratado de entomología para niños, a través del cual el personaje principal, Maya, una abeja bastante curiosa e inquieta que no puede parar ni un minuto en la colmena, cuando puede se escapa a explorar el pequeño universo que la rodea.
Recuerdo perfectamente los episodios de la abeja Maya, que sólo los veía comenzar para escuchar la contagiosa canción, pero no era santo de mi devoción. Maya no me gustaba nada.

Érase una vez… el hombre y Érase una vez… la vida eran dos de mis series de dibujos animados preferidas. Más la de la vida que la del hombre, y curiosamente más tarde me atrajo mucho más la historia que las ciencias.
A finales de los años 70, muchas de las series destinadas al público infantil no sólo pretendían entretener, sino también enseñar. Este afán didáctico llevó al productor y cineasta francés de televisión, Albert Barillé, a concebir una serie a través de la cual explicar la historia de la humanidad.
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Personajes de Érase una vez… el hombre

Érase una vez… el hombre explicaba la historia de la humanidad desde la creación de la Tierra hasta mediados del siglo XX, y aunque la serie tuvo muchas críticas por parte de los sectores católicos más fervientes por hacer apología de la teoría evolucionista, también se hicieron algunas concesiones bíblicas, con escenas de Moisés, Sansón y Dalila y Jesucristo.
Polémicas aparte, lo cierto es que los niños aprendíamos las diversas épocas de la humanidad de la mano de una familia muy simpática, formada por el padre Pedro, su mujer Flor y sus hijos, Pedrito y la Pequeña Flor. Los acompañaba siempre el Gordo, el amigo grande y pelirrojo que todo lo arregla a base de puñetazos; su hijo el Gordito, y a veces la mujer del Gordo. En todos los capítulos, se escucha la voz de la experiencia del Maestro, un venerable anciano de largas barbas blancas, que a su vez es narrador y protagonista. Como antagonistas están el Tiñoso y el Canijo, siempre dispuestos a sembrar cizaña.
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Carátula de Don Quijote

En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…”. Así empieza la inmortal obra de Miguel de Cervantes, de la que surgió la primera teleserie de animación española.
A principios de 1980 comienza a emitirse Don Quijote, la primera aventura en forma de teleserie del estudio Cruz Delgado. En su origen sorprendió: el diseño de los personajes, bastante diferente a las series precedentes; las voces de los personajes eran las de actores conocidos. La serie tenía un acabado más que correcto: 39 capítulos divididos en dos partes, una banda sonora pegadiza interpretada por el dúo Botones, unos personajes carismáticos, otros personajes simpáticos que aportaban la nota de humor y un merchandising a la altura de las series conocidas.
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Naranjito, mascota del Mundial de Fútbol de 1982

Corría el año 1982 y se iba a celebrar en España la Copa Mundial de Fútbol, así que se necesitaba una mascota que fuese simpática y que representase la ‘esencia del pueblo español’. De entre las 600 propuestas enviadas, se escogió finalmente la de los publicistas Mª Dolores Salto y José Mª Martín Pacheco, que trabajaban en el Estudio Bellido. El propio Martín cuenta que se le ocurrió la idea al ver unos naranjos, fruta típica de Valencia y Murcia, y “porque quería evitar la España del toro y la pandereta”. El cítrico vestido con el uniforme de la selección española tuvo en sus orígenes más detractores que seguidores, lo cual no evitó que a sus creadores les pagaran un millón de pesetas de la época, y después vendiesen los derechos de explotación de la imagen a una empresa de merchandising por 1.400 millones. Y es que tuvimos Naranjito hasta en la sopa: había llaveros, muñecos, libretas, banderines, camisetas, calzoncillos, toallas, etc.
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Ruy, “el pequeño Cid”

Si nos ponemos a pensar en cuántos personajes (reales o de ficción) de la Historia de España podían ser susceptibles de inspirar una serie de dibujos animados, tampoco hay tantos: el Quijote, Agustina de Aragón, Carmen la de Ronda, Curro Jiménez y poco más.
Así que realizar una serie sobre la infancia del Cid no resulta descabellado. La serie está ambientada en el siglo XI, en plena Reconquista, cuando Rodrigo Díaz de Vivar es un chiquillo, que sólo piensa en jugar, divertirse, imitar a los adultos en sus luchas con espada y poco más. En los primeros capítulos, Ruy pasa sus días en un monasterio con el fin de instruirse, pero sus continuas travesuras ponen en jaque a toda la comunidad eclesiástica, que terminan expulsándolo. A partir de ahí, Ruy se convierte en una figura errante, que vaga por las tierras de Castilla y León.
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D’Artacan

En 1981, los estudios BRB deciden crear otra serie con un diseño totalmente alejado de lo que se ofrecía hasta el momento, con personajes animales y rasgos antropomórficos. La idea se le ocurrió a uno de los creadores, Claudio Biern Boyd, al observar a su propio perro, de una raza similar a la del propio D’Artacan, al cual le confirió las cualidades de valentía, fidelidad, buen corazón, etc. A partir de ahí, basándose en la novela de Alejandro Dumas, surgió D’Artacan y los tres mosqueperros. La serie tiene 26 capítulos y adapta de forma fidedigna el relato original, permitiéndose algunas licencias, como la creación de Pom, un ratoncito decidido y mandón, que pondrá el contrapunto cómico a la historia.
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La vuelta al mundo de Willy Fog

El éxito de D’Artacan y los tres mosqueperros y la buena acogida que tuvo entre el público de todas las edades motivaron a la productora BRB Internacional a atreverse con otra adaptación de la literatura juvenil, La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne. Esta obra de aventuras, escrita en 1872, ya había sido llevada al cine en 1956, interpretada por David Niven como Phileas Fogg, el cómico mexicano Cantinflas como Jean Passepartout y Shirley McLaine como la princesa hindú Aouda. Posteriormente, se filmaron otras películas. Finalmente llegó la versión de BRB, que, tomándose algunas licencias sobre el argumento y los personajes, estaba formada por 26 capítulos y fue emitida por TVE en 1984. Rápidamente se convirtió en un éxito rotundo, tanto por su banda sonora interpretada por Mocedades, como por el encanto de sus personajes y su posterior merchandising.
El punto de partida de la serie es el mismo que en la novela: un gentleman obsesionado con la puntualidad y las estrictas normas de su hogar, que hace una apuesta con los miembros de su club para probarles que el mundo se ha quedado pequeño gracias a los modernos métodos de transporte y que, en un viaje alrededor del mundo, que antes duraba varios meses, ahora sería posible hacerlo en tan sólo 80 días. Paralelamente, hay otra línea argumental, ya que se ha producido un robo en el Banco de Inglaterra, y la apuesta y el precipitado viaje de Willy Fog lo convierten en el principal sospechoso.
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Personajes de Barrio Sésamo

La aportación del genial marionetista norteamericano Jim Henson al mundo infantil no ha sido suficientemente reconocida. Con él y sus personajes aprendimos la diferencia entre arriba y abajo, cerca y lejos; supimos cómo contar y resolver problemas; y todo gracias a unos maestros de trapo multicolor, que rápidamente fueron como de la familia.
En 1969, Henson crea Sesame Street, un programa educativo dirigido a los más pequeños de la casa, conducido por unos personajes carismáticos. La experiencia, de gran éxito a nivel mundial, fue exportada a numerosos países, entre ellos España, que en 1976 inluye dentro del programa Un globo, dos globos, tres globos el espacio Ábrete Sésamo, que era una simple traducción del programa original y que contaba con personajes entrañables como la pareja Epi y Blas, el despistado Coco, el comilón Triqui, la rana Gustavo, que se pasaba el día entrevistando a personajes de cuentos, y otros muchos.
El éxito de la iniciativa hace que en 1979 se cree una versión autóctona denominada Barrio Sésamo, en la que se incluyen fragmentos rodados en el imaginario barrio donde viven la gallina Caponata y el caracol Perezgil, además de otros personajes interpretados por actores “reales”, como Julián el quiosquero, Adela o Petri. Caponata, a pesar de su enorme tamaño (a imitación del personaje Big Bird de la versión original norteamericana), era torpe e inocentona, todo lo quería saber y muchas veces sacaba de quicio con sus preguntas a Perezgil, que se las daba de listillo.
A partir de 1983 se crea una segunda temporada, que duraría cinco años, y que estaba protagonizada por Espinete, un erizo que sustituiría a Caponata, y con menos luces que la gallina. Lo acompañaban Don Pimpón, un viajero sabelotodo, además de los habituales personajes reales que pueblan el barrio como Chema el panadero; Matilde y Antonio, propietarios de la horchatería; Ana y Ruth, amigas de Espinete; y Quica y Cuca, dos hermanas muy gamberras.
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Los mundos de Yupi

La tercera temporada, que comenzó a emitirse en 1988, presenta un nuevo personaje bajo el título Los mundos de Yupi. Yupi es un extraterrestre que mide un metro ochenta de altura, tiene el cuerpo recubierto de pelo amarillo y de la cabeza le salen unas plumillas que le dan un aspecto bastante simpático. Tenía la cara infantil, orejas puntiagudas y una vocecilla irritante.

Recuerdo con nostalgia Barrio Sésamo porque todas las tardes a las seis en punto me sentaba a verlo con mi hermano y nos reíamos bastante. Es una lástima que ya no existan este tipo de programas en la parrilla habitual de las cadenas.
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Inspector Gadget

El inspector Gadget estaba inspirado en otro investigador ilustre: el inspector Clouseau (aquél que apareció por primera vez con la Pantera Rosa vestido con gabardina, sombrero calado y un enorme mostacho, interpretado por el actor Peter Sellers). Gadget también recuerda a otro agente absolutamente inútil: Maxwell Smart, conocido como Superagente 86, que disponía de algunos gadgets ingeniosos, como el zapateléfono, que en la serie del inspector Gadget llegaba a ser una obsesión, ya que aparece un cachivache por minuto, a cual más inverosímil y fantasioso. Y es que Gadget no existiría sin los referentes indicados y sin toda la saga de James Bond, de la cual copia descaradamente muchos de los gadgets e incluso la apariencia del villano de turno, Mr Claw (Doctor Gang en la versión española), líder de la organización MAD, y del que sólo vislumbramos un brazo metálico que continuamente acaricia un gato ronroneante.
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Candy Candy

Cuando la revista femenina Lily decide publicar Candy Candy a principios de 1984, algunos no habíamos conocido aún un manga auténtico (hasta entonces habían sido adaptaciones de Heidi o Marco, realizados por dibujantes españoles con un estilo occidental), y los cómics de Dragon Ball aún estaban lejanos. A partir de Candy, descubrimos las líneas cinéticas, los recursos gráficos a la hora de exagerar las emociones, los ojos brillantes desorbitados y toda una serie de pautas que caracterizan el estilo manga.
Candy estaba dibujada por Yumiko Igarashi, autora entre otras de Mayme Angel (ambientada en la conquista del Oeste) o Georgie (sobre una niña huérfana afincada en Australia).
El argumento narra las vivencias de Candy, una niña residente en la Casa de Pony, regentada por Miss Pony y Sor María. Su carácter divertido y travieso hará que Candy se convierta en la líder del resto de los huerfanitos, aunque destaque su amistad con Annie, otra niña de carácter dulce y romántico. Annie pronto será adoptada, mientras que Candy será acogida por los Legan, que le hacen la vida imposible. Candy conocerá a los hermanos Andrew, y se terminará enamorando de uno de ellos, Anthony.
Candy Candy se emitió en TVE en 1985 los domingos por la tarde, y alargó su argumento hasta los 115 episodios, incluyéndose personajes, como el mapache Clint, que no aparecían en el manga original.
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Personajes de Dragones y Mazmorras

Para mí una de las mejores series de mi infancia fue Dragones y Mazmorras. La recuerdo con mucha nostalgia.

Dragones y Mazmorras es uno de los primeros juegos de rol de fantasía heroica que se conocen. Diseñado originariamente por los norteamericanos Gary Gygax y Dave Arneson en 1974 para la compañía Tactical Studies Rules, se basaron en dos juegos que ya existían: un juego australiano llamado Dungeon y uno norteamericano denominado Dragon. La combinación de ambos dio lugar, con algunas modificaciones, al juego Dungeons & Dragons. Algunas de sus innovaciones fueron el uso de los dados de múltiples caras, las hojas de personaje, el desarrollo progresivo de éstos y la dinámica de juego centrada en la acción conjunta de un director (máster del juego), que narra la historia y de unos jugadores que la influyen o modifican con sus acciones.
El juego tuvo tanto éxito que propició la aparición de una serie de dibujos animados, emitida por vez primera en la cadena CBS estadounidense en 1983. La serie llegaría a tener tres temporadas.
La historia comienza cuando un grupo de seis amigos decide ir a divertirse una tarde de domingo a un parque de atracciones; allí entran en una atracción llamada Dungeons & Dragons, que consiste en un paseo en montaña rusa donde aparecen monstruos por el camino, pero debido a un suceso inexplicable, se abre una puerta dimensional y los lleva al fantástico mundo de Dungeons & Dragons. Nada más llegar, conocerán al Amo del Calabozo, un diminuto personaje (que recuerda al maestro Yoda de Star Wars), que les da armas especiales a cada uno; además será su guía y mentor en ese mundo por el que habrán de vagar hasta encontrar la forma de volver a su universo.
El gran acierto de la serie fue la diversidad de los personajes, cada uno con una personalidad muy marcada.
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David el Gnomo

El escritor holandés Wil Huygen publicó en 1977 el libro Leven en werken van de Kabouter, en el que narraba las vivencias de los gnomos. Gracias a las delicadas ilustraciones de Rien Poortvliet, los niños de entonces pudimos comprobar que son una especie muy parecida a los humanos (Homo sapiens parvissimus u hombrecillos sabios pequeñísimos), que miden tan sólo quince centímetros y pesan entre 200 y 300 gramos.  Los gnomos se casan normalmente a la edad de 100 años, y pueden vivir perfectamente hasta los 400. Viven en cuevas o “cómodas madrigueras” excavadas entre las raíces de los árboles, aunque también pueden vivir en el jardín de las casas y granjas, dentro de las casas, en las dunas del desierto y en los fríos parajes de Siberia. Su fuerza es siete veces mayor que la de un humano, y su dieta se compone de productos provenientes exclusivamente de la naturaleza y de los huevos que les proporcionan algunas especies. Visten en un estilo medieval, se dejan crecer la barba y lucen unos enormes gorros cónicos de vistosos colores.
El libro de Huygen estuvo en la lista de superventas de The New York Times durante un año. Basándose en este libro, la empresa BRB Internacional decidió crear la serie de 26 capítulos, David el Gnomo, en la que el personaje principal, David, vive con su mujer Lisa y sus dos hijos, Noelia y Harold. David es médico, por lo que continuamente tiene que ir de un lado a otro ayudando a otros gnomos y curando animales con remedios y hierbas medicinales que sólo él conoce. Para ello, recibe la inestimable ayuda de Swift, un zorro que le sirve como medio de transporte, rápido y no contaminante. Los malos de la serie eran los trolls.

Tras el éxito de la serie inicial, el mismo equipo creó La llamada de los gnomos (1987), protagonizado por un gnomo llamado Klaus, juez de profesión, si bien ya no alcanzó los altos niveles de audiencia de la serie inicial.

Faltan muchas otras series que me vienen a la memoria, pero que imagino que el autor habrá recogido en el segundo volumen.

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