Hay días extraños. De esos días en que se necesita inevitablemente un abrazo. Son días especiales, que, por lo que sea, estamos algo más susceptibles. No es necesario que haya pasado algo (bueno o malo) para sentirnos más melosos. Simplemente.
Es posible que hoy le llame. Hablar con él siempre me deja con una sensación gratificante.

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