
A veces pienso en los pocos minutos que nos paramos a reflexionar sobre lo que hemos hecho en el pasado y sobre lo que nos puede esperar en el futuro. Pienso en todos aquellos errores que cometí y que me sirvieron para aprender, pienso en todas las personas que dejé atrás y luego me arrepentí, pienso en todas las oportunidades que no cogí en su momento y aquellas que sí, en los triunfos que me depararon alegrías y en las derrotas que me sonsacaron amargas lágrimas saladas.
Lo que de verdad permanece, a pesar del tiempo y de la niebla, es aquello que nos causó dolor, el recuerdo de aquellos que nos hicieron daño, pues sólo el dolor es capaz de dejar huellas tan profundas que son imborrables a pesar de la lluvia, de la nieve o del sol.
Pienso en los momentos que parecía que el mundo me atenazaba con sus negras garras de acero y en los instantes en que ese mismo mundo estaba encerrado en mi mundo. Pienso en la sensación de querer volar y que te intenten cortar las alas, lo que me recuerda una canción de Julio Iglesias, esa de: "Vuela, amigo, vuela alto, no seas gaviota en el mar, la gente tira a matar cuando volamos muy bajo, la gente tira a matar cuando volamos muy bajo".
Y no estoy de un humor pesimista, ni mucho menos. Sólo he dedicado unos minutos a reflexionar.
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