
Cuando mi hermano pequeño comenzó a caminar sin ayuda de nadie, le recuerdo con un jersey de rombos horrible. Y no tenía únicamente una greca de rombos en el pecho, no, era íntegramente de rombos de punto, rombos en rojo, verde pistacho y blanco (o quizás fuera azul claro). Cuando le veo en fotos con ese jersey horroroso me echo a reír y me burlo de él si está delante. Pero entonces recuerdo que mi otro hermano y yo... también llevábamos jerseys quizás más horrorosos. Y en una foto escolar salimos los dos con un jersey azul con una trenza blanca en vertical que más bien parece un pegote.
Cuando éramos pequeños mi madre le encargaba jerseys a una mujer que, aparte de hacer punto, es peluquera. De aquella época sólo sigue echando tintes al pelo y peinando (y si te dejas hacer experimentos termina dejándote trasquilones). El caso es que todos los niños íbamos con jerseys de punto idénticos en los que sólo cambiaba el color.
No sé por qué me he acordado de aquel horrible jersey. Quizás porque me cuesta caminar como a él entonces; tengo esa sensación en que me va a arrollar un tren y no puedo liberarme de ella. El jersey era horrible, pero siempre se puede sustituir por otro. El tren pasará y llegarán otros...
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