
Hacía tiempo que no veía una película donde saliera Benicio del Toro, que me encanta. Aquí interpreta a un heroinómano que no puede escapar a su adicción. Por supuesto, es genial, sobre todo en el contraste entre sus momentos de cordura y cuando está poseído por la droga.
Es una película que empieza de una manera muy triste y los niños dan ligeros toques de humor gracias a esa inocencia de la infancia.
Tampoco hay un romance. Se intuye que va a llegar, pero obviamente él no quiere sustituir al fallecido, de ahí que se retengan esos momentos y que el espectador sólo tenga que imaginárselos a través de símbolos (como el ramo de rosas rojas del final).
Audrey Burke (Halle Berry) acaba de quedarse viuda con dos hijos pequeños. Su marido Brian (David Duchovny) salió a comprar helado para sus hijos pero jamás volvió, porque le pegaron un tiro cuando se puso a defender a una mujer que estaba siendo agredida por su pareja.
Audrey recuerda los momentos felices, y las tonterías, de la vida pasada antes de que toda la tragedia se cerniera sobre su familia. El día del entierro recuerda que tiene que avisar al mejor amigo de su marido, Jerry Sunborne (Benicio del Toro), un drogadicto que ella no soporta.
Para Jerry, la muerte de su mejor amigo, el único que siguió a su lado cuando cayó en la heroína, es un trauma, pero es un hombre fuerte, aunque se refugie en la droga para sopesar el dolor.
De repente, Audrey se acerca a él y le invita a vivir a su casa, donde hay un garaje vacío que se quemó por un cortocircuito, donde perdieron muchas cosas, pero como Brian decía: "sólo son cosas, nada más que cosas; nos tenemos el uno al otro".
En casa de Audrey se gana a los niños, que le adoran. Tampoco toma drogas e incluso comienza a acudir a las reuniones de terapia para narcómanos. Aunque hay acercamiento entre los dos, Audrey tiene la sensación de que está perdiendo a los niños y de que Jerry parece suplantar a su marido y le echa de casa. Es entonces cuando recae de nuevo en la droga y ella se ve obligada a ir a buscarlo. Ya sólo le queda ir a una clínica de rehabilitación, porque está dispuesto a salir de la droga.
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