Hace ya un tiempo hablé del hermoso Pakito, un loro Yako gris de cola roja, que es amo y señor de mi casa, que no para de gritar y hacer todo tipo de ruidos, incluso silbar, y pese a que a veces parece que dice palabras el mamón no se esfuerza. Evidentemente Pakito es mi preferido, ya que es mi peque, nos tenemos un cariño mutuo aunque yo apenas estoy allí, y le gusta jugar con mi coleta si me tiene cerca. También le acerco el dedo al pico, aunque de momento no me ha mordido. Y le busco entre la mezcla de comida las maíces para dárselas directamente, porque sé que es lo que más le gusta comer.
Tenía intención de grabarle haciendo todo tipo de ruidos curiosos pero se me pasó por completo, así que otra vez será. Estoy segura de que si estuviera conmigo, en Salamanca, ya diría palabras, porque siempre le repetiría las mismas. En mi casa somos tantos y todos le decimos cosas tan diferentes que todavía no se queda con ellas.
Por supuesto, él prefiere subirse a la parte alta de la jaula, que tiene la puerta abierta las 24 horas y en esa libertad vigila mi casa y se pasea por toda la cocina, como gran señor que es.
Cada vez que me ve llegar empieza a ahuecarse y a gritar, supongo que de alegría. Yo fui la primera que estuvo con él y siempre me recordará, así me lo dijeron y así es.
Con Pakito tuve un show para limpiarle la inmensa jaula. Estuve casi una hora frotando los barrotes, los bajos, los bebederos, y el palo de madera de dentro. Pero Pakito, que es muy listo, al ver que iba a coger la jaula, se metió dentro. Seguro que pensaba que iba a sacarle a la terraza. Pues cuando me puse a frotar, intentó agarrarme los dedos, así que desistí y empecé a limpiarle otras cosas. Él me facilitó el trabajo. Voló y se posó sobre la jaula de los canarios, y se quedó mirándome fijamente. Hubo un momento en que paré un rato y empezó a gritar, como exigiéndome que siguiera limpiándole la jaula. Sí, así de cabrón es. Miedo me da cuando comience a hablar.
Junto a la jaula de Pakito, está la jaula más pequeña de los dos canarios (macho y hembra). El que lleva más tiempo con nosotros, que es amarillo, sí que se queda como hipnotizado si le acercas el dedo, intentando picarte. El otro es más miedoso.
Este fin de semana les he visto revolotear nerviosos cuando la gata se aúpa hasta la jaula. Y en esos momentos, Pakito, en protección de los suyos, baja desde la suya y espanta a la gata.
Simoneta, la dulce gatita que me dejó un recuerdo non grato de sus uñas en un brazo, también ha intentado acercarse a Pakito. De hecho, se quedan observándose durante horas, hasta que la gata acerca su patita para tocarle y el loro intenta morderla.
El año pasado nos regalaron dos gatitos, pero uno murió. Eran muy ariscos. Simoneta, al perder a su compañero, buscó el afecto de mi familia. Y duerme con mi hermano pequeño casi todas las noches. Es muy tragona, siempre tiene hambre, pero hay que decir que es muy limpia en todos los sentidos. Maúlla cuando tiene que cumplir sus necesidades fisiológicas, pero también cuando quiere que le acaricies, y no calla hasta que lo haces.
Se le oye pasearse desde el jardín hasta la parte de arriba porque lleva un cascabel en el cuello. En el jardín están el gallo y la gallina, pero desde que salieron los pollitos, la semana pasada, prefiere el jardín.
Tenía intención de grabarle haciendo todo tipo de ruidos curiosos pero se me pasó por completo, así que otra vez será. Estoy segura de que si estuviera conmigo, en Salamanca, ya diría palabras, porque siempre le repetiría las mismas. En mi casa somos tantos y todos le decimos cosas tan diferentes que todavía no se queda con ellas.
Por supuesto, él prefiere subirse a la parte alta de la jaula, que tiene la puerta abierta las 24 horas y en esa libertad vigila mi casa y se pasea por toda la cocina, como gran señor que es.
Cada vez que me ve llegar empieza a ahuecarse y a gritar, supongo que de alegría. Yo fui la primera que estuvo con él y siempre me recordará, así me lo dijeron y así es.
Con Pakito tuve un show para limpiarle la inmensa jaula. Estuve casi una hora frotando los barrotes, los bajos, los bebederos, y el palo de madera de dentro. Pero Pakito, que es muy listo, al ver que iba a coger la jaula, se metió dentro. Seguro que pensaba que iba a sacarle a la terraza. Pues cuando me puse a frotar, intentó agarrarme los dedos, así que desistí y empecé a limpiarle otras cosas. Él me facilitó el trabajo. Voló y se posó sobre la jaula de los canarios, y se quedó mirándome fijamente. Hubo un momento en que paré un rato y empezó a gritar, como exigiéndome que siguiera limpiándole la jaula. Sí, así de cabrón es. Miedo me da cuando comience a hablar.
Junto a la jaula de Pakito, está la jaula más pequeña de los dos canarios (macho y hembra). El que lleva más tiempo con nosotros, que es amarillo, sí que se queda como hipnotizado si le acercas el dedo, intentando picarte. El otro es más miedoso.
Este fin de semana les he visto revolotear nerviosos cuando la gata se aúpa hasta la jaula. Y en esos momentos, Pakito, en protección de los suyos, baja desde la suya y espanta a la gata.
El año pasado nos regalaron dos gatitos, pero uno murió. Eran muy ariscos. Simoneta, al perder a su compañero, buscó el afecto de mi familia. Y duerme con mi hermano pequeño casi todas las noches. Es muy tragona, siempre tiene hambre, pero hay que decir que es muy limpia en todos los sentidos. Maúlla cuando tiene que cumplir sus necesidades fisiológicas, pero también cuando quiere que le acaricies, y no calla hasta que lo haces.
Se le oye pasearse desde el jardín hasta la parte de arriba porque lleva un cascabel en el cuello. En el jardín están el gallo y la gallina, pero desde que salieron los pollitos, la semana pasada, prefiere el jardín.
Desde una ventana le vi acercarse sigilosamente a los pollitos, que andaban con la gallina clueca. El gallo andaba junto a su progenie, sin alejarse mucho, y corriendo hacia su familia cuando nos acercábamos alguno de nosotros o Simoneta. Cuando ésta estaba a medio metro, y pensando que sería el gallo quien la espantara, nos sorprendió ver aletear a la gallina por encima de los polluelos. Y Simoneta echó a correr. No volvió a acercarse a ellos.
El gallo me encanta. Es tan presumido que no pude reprimir las ganas de sacarle una foto paseándose con esa coquetería por el jardín. Es genial. Me pregunto qué ocurriría si estuvieran Pakito y él uno frente al otro.
Acostumbrada a los típicos gallinas y gallos pardos y blancos, éstos parecen de exhibición. Me gustan los colores de sus plumas.
El gallo me encanta. Es tan presumido que no pude reprimir las ganas de sacarle una foto paseándose con esa coquetería por el jardín. Es genial. Me pregunto qué ocurriría si estuvieran Pakito y él uno frente al otro.
Acostumbrada a los típicos gallinas y gallos pardos y blancos, éstos parecen de exhibición. Me gustan los colores de sus plumas.
Pollitos.
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