lunes, noviembre 12, 2007

La ladrona de libros

Un libro sorprendente, un final inesperado. ¿Qué se puede esperar, entonces, cuando la narradora es la Muerte, tal cual -y con mayúscula-?
Markus Zusak cuenta una buena historia de gran calidad imaginativa, en el sentido de la buena utilización de las palabras y por el mérito de dotarlas de descripciones que se salen de lo rutinario. Sin embargo, termina con una enorme simpleza. Es la típica novela que le gusta al lector medio, pero de la que no saca todo su jugo. Desde mi punto de vista, es una buena historia, pero el autor no ha terminado de esgrimirla completamente, aparte de que esos experimentos en negrita, cortando el transcurso de los acontecimientos, y supuestamente atribuidos a la Muerte, en cierto momento sobran. El resultado es un batiburrillo de algo más de 500 páginas que te deja con un gusto agrio en el paladar. ¿La razón? La protagonista, curiosamente, sobrevive a las personas que quiere y, fantásticamente, cierra el círculo cuando la Muerte, después de muchos años, le devuelve algo que le pertenece.
Sí, la Muerte le tiende la mano cuando es una ancianita aunque, creo, debería habérsela llevado mucho tiempo atrás. O eso es lo que esperas cuando la Muerte es la narradora de esta historia.

Liesel Meminger tiene diez años cuando su camino se cruza por primera vez con la Muerte. Está en un tren, con su madre y su hermano Wermer, que acaba de expirar. No recuerda a su padre, al que siempre le ha acompañado un adjetivo: Comunista. Su madre la deja en la verja de una casa donde esperan a dos niños y solo reciben a Liesel. Los Hubermann serán a partir de ahora su nueva familia. Tras el entierro de su hermano en un pueblo sin nombre había recogido de la nieve un libro negro, el Manual del Sepulturero, el único recuerdo que le queda de su vida anterior. No sabe leer ni escribir, así que no sabe de qué va el libro.
Rosa Hubermann es una mujer que siempre está gritando y llamando “cerdo” a todo el mundo, aunque solo a los que quiere. Hans, su marido, se encarga de dar el cariño que la hija adoptiva necesita, sobre todo en mitad de la noche, cuando la niña tiene pesadillas con el hermano muerto.
En la escuela está muy retrasada y la ponen en las clases de los que están empezando a estudiar el abecedario. Será gracias al tesón y la voluntad de Hans por lo que Liesel se convierta en una lectora ávida y capaz.
Rudy Steiner se convertirá en su mejor amigo. Vive dos casas más allá y siempre le está pidiendo un beso que cree que se merece, pero nunca llega. Incluso la defenderá en los momentos difíciles.
Los momentos más importantes de la vida de Liesel transcurren alrededor de unos cuantos libros que le sacarán de apuros en ciertas ocasiones.
A pesar de que no les sobra el dinero, Hans se las arregla para tocar su acordeón y sacarse un dinero con el que comprar libros que marcarán la vida y los instantes más felices de la vida de la niña.
Tanto Rudy como Liesel pertenecen a las Juventudes Hitlerianas. Viven en Molching, un pueblo pequeño cerca de Munich. Para celebrar el cumpleaños del Führer se queman miles de libros en inmensas piras, pero Liesel rescata uno que ha sobrevivido a las llamas: El hombre que se encogía de hombros. Cree que nadie le ha visto, entonces se da cuenta de que unos ojos la observan atentamente; es la mujer del alcalde, a quien Rosa hace la colada.
Liesel evita ir a la casa del alcalde para recoger la colada, pero su madre adoptiva la obliga. Ilsa Hermann le abre la puerta de su casa de par en par y le enseña su enorme biblioteca. La niña nunca antes había visto tantos libros juntos. A partir de entonces Liesel se queda durante horas en la casa del alcalde leyendo en el suelo de la biblioteca.
Estalla la guerra y Rosa pierde a todas sus clientas. Ilsa mira a Liesel cuando tiene que decirle que no vuelva más, y le regala un libro que la niña rechaza.
Rudy y Liesel tienen tanta hambre que terminan uniéndose a un grupo de rateros para robar en huertas de la ciudad.
Pero el episodio más importante en la vida de Liesel es el momento en que un hombre joven aparece en su casa. Es Max, un judío al que esconderán en el sótano en secreto durante mucho tiempo. Max desbrozará el libro de Mein Kampf para crear historias que regalarle a Liesel. Cuando, al final, se tiene que ir para no meter en líos a la familia Hubermann, la casa se queda muy triste. Poco tiempo después Hans es reclutado para ayudar al Partido.
La guerra sigue su curso. La voluntad del Führer es férrea y sigue mandando combatientes a las líneas rusas. En Himmelstrasse, la pequeña calle de Molching donde viven los protagonistas, los vecinos se reúnen en el pequeño sótano de una casa mientras Liesel lee en voz alta para tranquilizar a todos, a la vez que en la superficie se oyen las explosiones de las bombas. Cuando los libros se acaban, sigue yendo a la casa del alcalde donde hurta un libro cada vez, pero Ilsa sabe quién es la ladrona de libros y de vez en cuando le deja pequeños regalos. El último obsequio es un pesado libro negro con las hojas en blanco. Quiere que Liesel escriba su historia.
Hans vuelve a casa y la felicidad vuelve a reinar entre la familia Hubermann. Liesel se levanta todas las noches de la cama para ir al sótano a escribir. Una de esas noches la alarma llega tarde y Himmelstrasse queda arrasada. Todos mueren, excepto la niña que está escribiendo en el sótano...

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