
Estas palabras van destinadas a mi amiga M., que ahora mismo está pasando por uno de los momentos más dolorosos de su camino en la vida. Nadie está preparado para una pérdida, pero sabemos que a todos nos llegan, tarde o temprano, y que al final del camino, seremos nosotros los que digamos adiós a nuestros seres queridos y tengamos que dejar este mundo.
Hoy la noche es diferente. Entre las nubes que ocultan el cielo se distingue una estrella que brilla más que el resto. Yo les busco entre las estrellas, y sé que ellos, no muy lejos del pálido fulgor de la luna, me observan.
¿Qué se rompe dentro de nosotros al perder, para siempre, a un ser querido? Es como si todos los sentimientos explotaran al compás, como si no quisiéramos aceptar ese tópico tantas veces mencionado: "Es ley de vida". Pero nunca es buen momento para que llegue esa despedida. Simplemente, algo se desgarra dentro de nosotros. Esa persona nos desborda, pero ya se ha llevado una parte de nuestra alma, en ese viaje infinito hacia el descanso eterno. Simplemente un día ya no está, te deja sumido en el más oscuro vacío, su ausencia insuperable, el recuerdo que mantiene viva su llama.
Aceptamos su partida, pero nunca la asimilamos. Esa persona ha dejado una huella muy profunda, una huella que nadie ni nada podrá borrar. Y finalmente te queda la esperanza, pues sabes que un día, cuando te toque hacer ese mismo viaje, te reencontrarás con aquellos seres queridos que se fueron mientras caminabas por el mundo. Hay que seguir adelante... Estén donde estén, ellos nos esperan al final del viaje. Solo hay que mantener latentes sus recuerdos a lo largo de nuestro camino, porque nunca se habrán ido completamente...
Hoy la noche es diferente. Entre las nubes que ocultan el cielo se distingue una estrella que brilla más que el resto. Yo les busco entre las estrellas, y sé que ellos, no muy lejos del pálido fulgor de la luna, me observan.
¿Qué se rompe dentro de nosotros al perder, para siempre, a un ser querido? Es como si todos los sentimientos explotaran al compás, como si no quisiéramos aceptar ese tópico tantas veces mencionado: "Es ley de vida". Pero nunca es buen momento para que llegue esa despedida. Simplemente, algo se desgarra dentro de nosotros. Esa persona nos desborda, pero ya se ha llevado una parte de nuestra alma, en ese viaje infinito hacia el descanso eterno. Simplemente un día ya no está, te deja sumido en el más oscuro vacío, su ausencia insuperable, el recuerdo que mantiene viva su llama.
Aceptamos su partida, pero nunca la asimilamos. Esa persona ha dejado una huella muy profunda, una huella que nadie ni nada podrá borrar. Y finalmente te queda la esperanza, pues sabes que un día, cuando te toque hacer ese mismo viaje, te reencontrarás con aquellos seres queridos que se fueron mientras caminabas por el mundo. Hay que seguir adelante... Estén donde estén, ellos nos esperan al final del viaje. Solo hay que mantener latentes sus recuerdos a lo largo de nuestro camino, porque nunca se habrán ido completamente...
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