domingo, noviembre 25, 2007

Los Caballeros de Neraka (La Guerra de los Espíritus I)

Duérmete, amor, que todo duerme.
Cae en brazos de la oscuridad silente.

Velará tu alma la noche vigilante.

Duérmete, amor, que todo duerme.


Han pasado 38 años desde la Guerra de Caos, donde el Padre de Todo y de Nada, el Padre de Todos los Dioses, Caos, fue vencido y, con su marcha, se llevó consigo a todos sus hijos, dejando el poder de Krynn en manos de los seres que en él vivían. Al marcharse los dioses en pos de su Padre, la magia comenzó a desaparecer paulatinamente, dando lugar a una loca búsqueda de elementos mágicos.
Las diferentes regiones del continente se repartieron entre los grandes dragones, que cobraban fuertes impuestos a sus súbditos. Solo Abanasinia y Silvanesti estaban sin ocupar por los grandes reptiles; la primera porque no se habían puesto de acuerdo. La región elfa de Silvanesti porque estaba protegida por un escudo que nadie podía penetrar.
Dos elfos oscuros, proscritos, intentaron, sin éxito, atravesar aquel escudo mágico. Se trataba de Alhana Starbreeze, hija del desafortunado rey Loriac de Silvanesti, y de su marido Porthios, hijo del Orador de los Soles de Qualinesti. Hace muchos años que Porthios desapareció, y todos le dan por muerto. Del matrimonio nació un niño, ya convertido en adolescente, Silvanoshei (Silvan), protegido siempre por los fieles guerreros que acompañan a su madre en el exilio. Se encuentran cerca de la frontera de Silvanesti, cerca del escudo, y son acosados constantemente por los ogros, que se han aposentado en la vecina región de Blode.
Las zonas en contacto con el escudo mueren poco a poco. El mágico reino elfo se ha convertido en una especie de campo cubierto de ceniza. En la capital, Silvanost, el general Konnal se fía únicamente del fiel Glauco, su leal consejero que, como hechicero, ha sido el único capaz de levantar el escudo que resguarde a los silvanestis de los enemigos externos.
Muy al norte, en el valle de Neraka, las piedras negras de lo que antaño fuera el Templo de Takhisis, se encuentran semi-enterradas entre la llanura. Se trata de un lugar maldito, donde a lo lejos se oye El Canto de los Muertos. Un oficial de los caballeros negros cruza el valle con sus hombres, y, mientras escuchan los lamentos de otro mundo, el hombre reta a los muertos, decidiendo pasar la noche allí. Cuando estalla la tormenta y el oficial muere, por la llanura ven venir a una persona, indiferente a los relámpagos y a las voces de los espíritus. Se presenta como Mina. Se trata de una adolescente, casi una niña, que devuelve el brazo que le falta a Galdar, un minotauro que había perdido la fe. Todos los caballeros se doblegan a ella y su dios, el Único. Mina se viste como un caballero negro y les insta a llegar a la ciudad de Sanction, conquistada hace décadas por los solámnicos y asediada en la actualidad por los Caballeros de Neraka.
Al desaparecer la Reina de la Oscuridad, los caballeros negros cambiaron su antiguo nombre, Caballeros de Takhisis, por el de Caballeros de Neraka. Su comandante general se llama Targonne, un mentalista dedicado a los libros que nunca ha empuñado un arma. Este hombre había hecho suyos muchos poderes de la Ciudadela de la Luz, uno de ellos el de leer las mentes ajenas. Nadie podía engañarle.
Solace, ubicada en Abanisinia, no está bajo las garras del Dragón Verde, Beryl. Este gran dragón va conquistando territorios silenciosamente, a espaldas de la hembra roja, Malystrix, a quien todos temen. Caramon, convertido en octogenario, se dedica a acoger en su ciudad a los refugiados de todas la regiones de Krynn, que huyen de los grandes dragones. Desde que hace meses su esposa Tika muriera, su hija Laura se hace cargo de él y de la posada. Su otra hija, Dezra, era una Dama solámnica. Caramon acostumbraba a desayunar con uno de los Caballeros de Solamnia que vigilaban la Tumba de los Héroes, Gerard uth Mondar.
Gerard uth Mondar.
Protegido por el dinero de su padre, Gerard es muy desdichado. Ansioso por ser reconocido por su honor, desea entrar en batalla. Un día aparece un kender de la tumba. Dice ser Tasslehoff Burrfoot, que huye hasta la posada en busca de Caramon. Tas ha venido a pronunciar el discurso en el funeral del hombretón, y para ello ha utilizado el ingenio para viajar en el tiempo, y ha venido al futuro, pero Fizban le ha dicho que tiene que regresar pronto. Caramon le reconoce y cree en él, pero justo después cae y muere, la misma noche de la tormenta en la que aparece entre los rayos Mina. Las últimas palabras de Caramon son para Gerard: le dice que debe buscar al hechicero Dalamar y entregarle el artefacto mágico y al kender. Dalamar el Oscuro desapareció hace muchos años. Nadie sabe cómo o dónde encontrarle. Decide marchar a Qualinesti, en busca de Palin, pues el mago sabrá qué hacer.
El reino elfo de Qualinesti paga su tributo al Dragón Verde, Beryl. Sigue reinando Gilthas, hijo de Laurana y Tanis, pero son otros los que mueven los hilos del poder, a instancias del rey-marioneta. La reina madre esconde a Palin en su casa, y también ayuda a los elfos rebeldes, que atacan a los caballeros negros que ven por su reino. La cabecilla de estos rebeldes es una mujer elfa, Kerian "La Leona", que se ha casado en secreto con Gilthas.
Gilthas y su esposa Kerian.
El Orador de los Soles se escapa con frecuencia a ver a su esposa y, en una de estas salidas secretas, hace un pacto con el Gran Thane, Tarn, por el que los enanos y los urkhan (grandes gusanos que comen piedra) construirán túneles desde Thorbardin hasta Qualinesti para ayudar a los elfos a escapar durante el ya inminente ataque de Beryl al reino elfo.
El comandante general Medan se ha enamorado de las costumbres elfas, tanto que vive como ellos. También ha caído rendido ante los pies de Laurana, a quien avisa y protege. Cuando recibe la orden del Dragón Verde de apresar al kender, al Caballero Solámnico vestido con armadura negra y al mago Palin, disfruta viendo cómo Gerard lucha contra sus soldados, y le salva la vida, llevándole a Qualinost y convirtiéndole en su ayudante.
Palin y Tasslehoff han conseguido escapar montados en un grifo. Han llegado a Solace, y después a la Ciudadela de la Luz. El kender es la segunda vez que ha venido al funeral de Caramon, y todo lo ve diferente. Palin intenta hacerle entrar en razón y le pide que regrese al pasado. Goldmoon también está hechizada: vuelve a tener, desde el día de la tormenta, la apariencia que tenía de joven. Está embrujada. Echa de menos a la niña huérfana que crió y que, poco después, desapareció. Después del asombro de los sanadores de la Ciudadela al verla en esa nueva apariencia, Goldmoon ve a los muertos, ve cómo los espíritus roban la magia de los sanadores y comprende por qué no funciona. Decide montar en un barco, huyendo de los muertos que la acosan constantemente. Beryl, por otro lado, se ha enterado de la existencia del ingenio mágico y prosigue su búsqueda del kender y Palin, llegando con sus secuaces hasta las puertas de la Ciudadela de la Luz.
En un momento en que Alhana y su ejército son acosados por los ogros, envía a su hijo Silvan hasta la fortaleza de la Legión de Acero, en busca de ayuda. Silvan se pierde en la tormenta y cuando despierta está en Silvanesti, dentro del escudo.
Silvanoshei.
Los guerreros elfos de las fronteras le llevan hasta la capital, donde ha corrido la voz y no les queda más remedio que coronarle como legítimo rey, Orador de las Estrellas. El general Konnal y Glauco creen que pueden convertir al rey en una marioneta, tal como hacen los qualinestis con Gilthas. Pero el joven Silvan no es como el Orador de los Soles. Su primo Kiryn le apoya y le advierte contra Glauco. Llega un momento en que el rey decide tomar las responsabilidades de su puesto, cosa que desagrada a Konnal.
En otra parte de Krynn, Mina ha ganado la batalla contra Sanction. El ejército la apoya y adora. Sus dos subalternos, Galdar y Samuval, la protegen con su vida. Un pequeño regimiento marcha hacia Silvanesti por orden de Targonne. Mina sabe de antemano todo lo que va a ocurrir, lee el futuro y se adelanta a él. Consigue traspasar el escudo mágico con sus soldados y pierden esa primera batalla, siendo apresada por el rey, que también ha participado en la batalla. Silvan se enamora de esos ojos de ámbar. Al día siguiente van a ejecutarla, pero Mina desenmascara a Glauco con su magia. No es otro que Cyan Bloodbane, el Dragón Verde que mató a Lorac y que estaba vengándose de los silvanestis, matándoles poco a poco con el Árbol-Escudo, que les robaba la energía a los elfos. Silvan arranca el árbol de raíz y el escudo desaparece, pero también Mina se ha ido al encuentro de los suyos, que esperan a una parte del ejército de Caballeros de Neraka, que ahora pueden pasar la frontera. Los elfos han matado al Dragón y Konnal ha muerto.

No hay comentarios: