lunes, diciembre 04, 2006

Una comarca cargada de leyenda: Las Hurdes


Entre las provincias de Cáceres y Salamanca existe un rincón donde no transcurre el tiempo, un lugar misterioso, cargado de leyendas demoníacas y terroríficas, alimentadas de boca en boca a través de los siglos por las gentes de la región, aisladas durante tanto tiempo de la civilización, tanto que su nivel de superstición era elevadísimo. ¿Qué fenómenos extraños ocurrieron en esta comarca para que esta gente viva en una especie de burbuja, cerrando su mente hacia todo lo extraño?
En aquella tierra no se desea recordar un pasado marcado por toda clase de lacras, reales o ficticias: analfabetismo, salvajismo, pobreza, paludismo, tuberculosis, alcoholismo, histeria, incesto, poligamia, sodomía, tifus, viruela, sífilis, bocio...
Jurdano aquejado de la enfermedad de bocio (cuello)

Hace ya mucho tiempo que allí dejó de producirse el retroceso genético debido a la consanguinidad, el aislamiento y la endogamia. El aspecto físico de sus habitantes era peculiar: cuerpos deformes, cabezas grandes y piernas arqueadas, edemas y artrosis visibles todavía hoy. Todo esto les llevó a tomar una malintencionada fama de monstruos.
Según las leyendas, los jurdanos (habitantes de Las Jurdes, que más tarde derivó en Hurdes) eran una raza singular, descendiente de las antiguas guarniciones romanas; unos espantajos que caminaban desnudos o en harapos, ocultándose en la espesura de los bosques que inundan la región.

En los tiempos que corren Las Hurdes se han liberado del peso de sus historias. Hoy en día constituyen un lugar romántico, forman parte del viaje idílico de quien busque paz y naturaleza. Los habitantes tienen que amoldarse a las exigencias de su tiempo, y ya no están aislados ni olvidados. La leyenda se deja atrás para dar paso a las máquinas más sofisticadas del progreso del hombre y, con ello, a la apertura de una sociedad menos cerrada de la de siglos pasados.
Ya nadie habla de que le ha tocado en herencia el olivo familiar, plantado en un diminuto bancal en la ladera del monte, que le servirá para sacar unas pocas aceitunas. Ya nadie se echa las manos al vientre en un gesto típico de dolor agudo, conocido como "el mal de Las Hurdes", que no es otra cosa que esa enfermedad llamada hambre.
En los municipios y pedanías hurdanas (Las Mestas, Riomalo de Arriba, La Fragosa, El Gasco, Ladrillar, Casares de Las Hurdes, Nuñomoral, Caminomorisco, Pinofranqueado) hay centros de salud, bibliotecas, tiendas de alimentación, bares, restaurantes, hoteles.

Fenómenos extraños

A principios del siglo XX los habitantes jurdanos estaban aterrorizados por la aparición de un extraño ser que iba acompañado por una especie de chispas que "atacaban" sobre todo a niños, que encontraron la muerte poco después de ese "ataque". Esta especie de enano ensombreció las cerradas mentes de los habitantes de la zona, que colmaron la historia de supersticiones en torno al diablo. Esto también les conviertió en unos devotos natos, ya que al pensar que ese extraño ser era el mismísimo demonio, la única manera que tenían de defenderse de él era rezar.

Poco después la leyenda cobra vida. Momentáneamente el extraño ser desaparece, pero en su lugar empiezan a encontrarse con unas bolas de luz en cualquier rincón de la región, unas "luminarias" que atacaban a todo vecino que estuviera cerca. Así es como murieron varias personas, que pecaron de valentía y fortaleza y en el enfrentamiento sólo se dirigían al encuentro de su muerte. Todavía hoy viven ancianos que recuerdan esa especie de bolas de fuego que tanto les aterrorizó cuando eran niños. Y una vez más, la oración fue su salvación.

Estos son dos ejemplos de fenómenos misteriosos que, según cuentan las actas, las defunciones ("muertes por causas desconocidas") e incluso los propios jurdanos, acontecieron cuando todavía era una comarca aislada y retrógrada.

Leyendas

En las inmediaciones del Pico Cordón están los petroglifos* del Valle del Cordoncino y el de La Pedriza. En el corazón de este lugar hay una piedra escrita con letras que no se entienden.
Son estos parajes enclaves telúricos, en cuyas entrañas se esconden fulgentes tesoros.
Al viajero le narran que en el Lombu del moru, dentro del rozu (espacio destinado a la siembra de cereales) se encontró cierto paisano de Aceitunilla mucho oro y mucha plata. Todo fue porque soñó tres veces seguidas con tal lugar. Dicen que "adonde apunta el moro está el tesoro".
[(*) Petroglifo: Grabado sobre roca obtenido por descascarillado o percusión, propio de pueblos prehistóricos.]



Los jurdanos cuentan que las manchas de la luna se deben a:
- Que los judíos aprovechaban el momento en que la luna estaba dormida para tirarle piedras; por eso a la luna le salen moratones, que son las manchas.
- Que la luna tiene manchas rojas, está enrojecida. Eso viene a decir que una mujer está a punto de dar a luz.
- Cuando la luna está entera y tiene manchas oscuras es señal de que van a salir los lobos.
- Que había una vez un hombre muy mentiroso y un día dijo: "Si es mentira lo que digo que me trague la luna". Y entonces la luna se lo tragó a él y al burro en el que iba montado. Por eso, desde aquel preciso momento, la luna presenta unas manchas semejantes a un burro y a un hombre.
- Que una vez estaban unos mozos tumbados y decidieron escupir a la luna. Por eso le salieron las manchas que tiene. La luna les castigó con la noche y los mozos se volvieron negros. Dice un refrán que "el que al cielo va escupiendo, babas irá recibiendo".

Sobre las manchas del sol los habitantes de Las Hurdes dicen lo siguiente:
- Que un año se cruzó el sol con la luna, y como la luna tiene más fuerza, porque es capaz de adormilar al sol y quitarle la luz, el sol se quedó negro, y de aquí le vienen las manchas que tiene.
- Que el sol enfermó un día de algo semejante a la varicela y por eso tiene esas manchas.
- Que si el sol se sombrea de rojo es señal de que va a hacer mucho aire.
- Que cuando se levantan los remolinos y huracanes llegan hasta el sol, y el polvo se le pega. De aquí le viene lo de las manchas.

En la Ermita de la Cruz Bendita, en el municipio de Casar de Palomero, en una misa votiva antes de una batida de lobos, un gamo al que perseguía una manada de lobos cruzó por el santuario en el momento de la consagración. Se escapó y el cura dijo que si él fuera lobo vería el gamo. Entonces se convirtió en lobo y salió corriendo tras él.
Y hasta que no lo cace y encuentre a otro cura diciendo misa no dejará de ser lobo.

Apareció como por arte de magia una flor en la tumba de una mujer. En un principio quienes la vieron no le dieron mayor importancia. Un testigo contó que había visto el nacimiento de esta flor: Inicialmente sólo se veía el tallo verde, a los pocos días aparecieron cuatro o cinco hojas.
Familiares y vecinos que conocían a la difunta la recuerdan con cierta emoción ya que aseguran que la señora era una persona alegre, a pesar de haber padecido tuberculosis durante dieciséis años, el mismo número de hojas que actualmente tiene la flor.
Tanto las autoridades como el cura del pueblo se muestran cautos y no quieren formularse sobre el suceso.
Una vez corrió la noticia muchas personas se dirigieron en peregrinación al cementerio con el objeto de ver y tocar la flor.
Tal vez con ironía el testigo se expresa acerca de la flor añadiendo una pequeña anécdota: "Un señor tocó la flor. Al día siguiente se le hincharon los pies, sorprendiéndose sobremanera pues él no padece ninguna enfermedad que le afecte a la circulación sanguínea".
El director del Jardín Botánico de Madrid cree que la semilla de esa flor ha sido llevada hasta el nicho donde creció.


Sobre San Antonio hay varias leyendas. Es como si se tratara de un guía que ayuda a los vecinos extraviados por los caminos y montes de la comarca.
Dicen que se perdió un niño y lo estaba buscando todo el mundo sin éxito. Cuando apareció le preguntaron: "¿Con quién has estado?". Y como su madre le tenía puesto el responso a San Antonio, el muchacho dijo: Pues con San Antonio Bendito, que me estuvo cuidando, y cuando un lobo me fue a morder, San Antonio le pegó en los dientes y el lobo se fue.
Una vez se perdió una señora de El Cerezal y le echaron el responso. Estuvo toda la noche por el monte, y luego, cuando apareció, contó que San Antonio Bendito había estado a su lado toda la noche y que con la vara que llevaba la detenía cuando quería cruzar el río para que no se cayera al agua.
Un día se perdieron unas muchachas por la tarde (una de ellas todavía vive). La gente las estaba esperando, porque ya estaba oscureciendo. Así que empezaron a tocar las campanas para que la gente saliera a buscarlas. Las estuvieron buscando toda la noche, pero no las encontraron. Al llegar el alba, las encontraron durmiendo en la casa de un familiar, en el término de Palomera. La gente les preguntó que si no habían tenido miedo por estar toda la noche fuera. Ellas respondieron que no porque había estado con ellas toda la noche un hombre con un perro. Entonces la gente cayó en la cuenta de que el hombre era San Antonio, ya que le habían echado el responso por la tarde.


Un hombre andaba haciendo carbón en la sierra de El Gasco. Entonces se le apareció un moro que le dijo: "¿Quieres hacerte rico?".
El hombre le dijo que sí. Entonces el moro le condujo hasta la Cueva de la Huesera, que está al pie del Chorro. El moro sacó un pan de la bandolera y le dijo al hombre:
-"Cógelo pero no lo comas hasta la mañana de San Juan, que esa mañana te llevará hasta mí antes de venir el día, y me has de enseñar el pan sin que le falte migaja; yo te haré rico y te daré una botella con agua del Chorro, cogida la mañana de San Juan para que no te duelan nunca más las muelas".
El hombre bailaba de puro contento, pero un día sus hijos, que tenían mucha hambre, le pidieron un poco de pan. El hombre no tuvo otra alternativa que darles un trozo del pan que le había dado el moro.
Cuando llegó la mañana de San Juan el hombre se presentó al moro y le dio el pan. El moro, viendo que le faltaba un trozo, le dijo:
-"No has cumplido lo acordado, porque al pan le falta un trozo. Adiós riquezas. Ese pan era la mora que estaba encantada en la Cueva de la Huesera y vosotros el trozo que habéis comido es una pierna. Así que la mora se ha quedado coja y no puede salir del desencanto. Otros cien años que seguirá la mora en la cueva".


Un pastor jurdano andaba apacentando su ganado en el monte. En su deambular se acercó a una cueva. ¡Cuál fue su sorpresa cuando observó que una mora tenía colocada una tienda de baratijas a la puerta de la gruta! La mora le invitó a acercarse, preguntándole eligiera algo de entre todo lo que tenía delante. El pastor optó por las tijeras. Entonces la mora montó en cólera y gruñó desaforada: "¡Serán para cortarte la lengua!".
El pastor salió huyendo, pero la mora le alcanzó y le cortó la lengua. El pastór regresó a su majada y mediante gestos narró lo que le había ocurrido. Los viejos pastores le dijeron que aquella era una mora encantada, que guardaba fantásticos tesoros en su cueva y que para desencantarla había que pedirle la mano.
Ladrillar

En el valle del río Ladrillar, junto al pueblo de Ladrillar, la leyenda varía algo:
Las Jáncanas* suelen salir cada cien años. En Ladrillar, una vez se le apareció a un hombre una Jáncana encantada que tenía forma de culebra. La Jáncana tenía puesta una tienda, y le pidió al hombre que la desencantara. Para ello, el hombre debería permitir que la culebra se enroscase tres veces alrededor de su cuerpo. Cuando estuviera bien enroscada, el hombre le escupiría tres veces. En ese mismo instante, la Jáncana le haría la pregunta del ritual. Dicho y hecho.
Cuando la Jáncana le preguntó "¿Qué es lo que quieres de mis cosas?", el hombre respondió: "Las tijeras." Entonces, la Jáncana se enfureció y se lanzó detrás del hombre, con las tijeras en la mano, con el objetivo de matarle. Iba gritando por los montes: "¡Desgraciado, que otros cien años a vivir bajo tierra me has condenado! ¿Por qué no dijiste que de todas las alhajas de la cueva a mí la primera?".
El hombre escapó, librándose de una muerte segura.
[(*) Estas Jáncanas o Juáncanas son seres mitológicos que tienen apariencia de mujer y habitan en las cuevas. Su rasgo principal es que tan sólo tienen un ojo en la frente, lo cual las emparenta con los cíclopes legendarios, con el "Ojancano" de Cantabria y con las "Janas" de la isla de Cerdeña.]


Un rico propietario poseía una hermosa vaca, pero un día comprobó que su animal presentaba la ubre escuálida y seca, cuando fechas atrás sus tetas habían sido todo un símbolo de la abundancia. Intentó buscar las razones de aquella anormalidad y optó por vigilar la vaca. Tras una paciente pesquisa, observó que, cada atardecer, una gigantesca serpiente reptaba por los riscales y sigilosamente se acercaba hasta el tranquilo animal, y trepando por sus patas, le mamaba con avidez.
El asustado vaquero, incapaz de enfrentarse a la monstruosa culebra, tubo que urgir una treta. Fabricó un ungüento, cuyo ingrediente principal era la pólvora, y con él restregó toda la ubre de la vaca. Volvió la serpiente como cada jornada a la cata de su preciado líquido y lo engulló ávidamente como era su costumbre. Con la leche tragó el ungüento. El efecto de la pócima no se hizo esperar. Al instante el reptil se hinchó como si fuera una pelota, siendo incapaz la piel de sujetar la presión de sus entrañas. La gigante culebra explotó, voló por los aires, formándose la más negra nube que conocieron los siglos, que descargó un aguacero que arrastró hasta las profundidades de la tierra una parte de la ladera del valle del Malvellido. La impresionante tormenta configuró un socavón que aún hoy se puede contemplar.


También corren historias y leyendas sobre las andanzas de los lobos. Todavía quedan en la memoria de aquellos tramperos y loberos las semanas enteras en el monte, aguardando al bicho. Destacó, entre finales del siglo XIX y principios del siglo pasado, el alimañero hurdano Juan Bravo, de la aldea de Las Mestas. Se decía de él que reconocía perfectamente el lenguaje de los lobos. Robaba los lobatos de los cubiles y acuchillaba a sus madres. Luego, con la piel de los lobos adultos, y encerrados en una jaula los lobeznos, recorría numerosos pueblos, solicitando la recompensa de las gentes por haberles librado del bicho malo. Parece ser cierto que Juan Bravo eliminó a lo largo de su vida a más de 218 lobos.

Cuenta la leyenda conocida como La Trinchera los amores entre un caíd* moro del castillo de La Palomera y la hija del adelantado cristiano de Granadilla. Esta mocita, de buen ver y lindas facciones, pidió al moro, a cambio de su amor, que hiciese un gran canal, capaz de conducir las aguas desde la Fuente de la Espigadora a Granadilla. Cuando la cristiana vio que las obras iban finalizando se arrojó por las murallas de Granadilla, pues en realidad no deseaba contraer nupcias con el moro.
[(*) Caíd: En el antiguo reino de Argel y otros países musulmanes, especie de juez o gobernador.]

Nuestra Señora de la Encina hace referencia a ese mundo misterioso de las vírgenes que se encuentran enterradas bajo las raíces de determinados árboles o que se aparecen a los pastores sobre las copas de otros árboles que fueron sagrados en ciertas culturas cristianas.

Quizás sea un lugar especial, además de mágico y misterioso, y sería satisfactorio escuchar las historias directamente de la boca de los habitantes de Las Hurdes, sin duda un lugar magnífico, que, después de tanto tiempo, sigue destilando ese aroma natural, no corrupto aún por las manos del hombre. Pocos sitios así quedan, sería conveniente conservarlos, así como recordar de vez en cuando esas leyendas y anécdotas que una vez acontecieron allí, o quizás no. Nunca lo sabremos. Siempre es bonito soñar con que pudieron haber ocurrido realmente.

1 comentario:

K dijo...

:D
Me estoy leyendo un libro sobre cosas paranormales y sobrenaturales. Y bueno, lo de Las Hurdes lo sentí demasiado cercano por tratarse de una región que está ahí al lado, aunque me resulta muy desconocida :S
El hombre del bocio mola. De primeras ni se nota lo del cuello, pero cuando reparas en ese bulto da para atrás ahaha
Saludos.