
Nueve días.
Ese es el tiempo que he estado sin decir nada a alguien con quien me apetece hablar, quedar y, sobre todo, mirarle a los ojos. Esos ojos que podrían perderme.
Acabo de comprobar que, en realidad, en estos nueve días sentía que me faltaba algo. Quizás no tanto como que me faltaba algo, pero sí que sentía curiosidad. Incluso pensaba que ojalá me lo encontrara...
Al final he roto el veto del silencio. Ha sido cuestión de segundos, aunque hubiera seguido hablando con él. Lo que ocurre es que tengo algo que hacer que me llevará varias horas. Y entonces me he sentado en el ordenador. Siento el aleteo de cientos de mariposas...
2 comentarios:
¿Al final te has decidido?
Eso parece. Aunque mi decisión era justo la contraria, jajaja.
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