Hace mucho tiempo que decidí alejarme de la gente tóxica, de esas personas que ponen pegas a todo, que siempre buscan discutir, los que ponen mala cara por todo o cuando menos te lo esperas sueltan un taco que no viene a cuento.
Yo misma intento estar sonriendo siempre -dicen que alarga la vida-, intento no estresarme y eso en mi trabajo es algo complicado. Lo cierto es que me va muy bien sin enfadarme, eso sí que es un gasto de energía terrible.
En realidad, tengo tal optimismo que todo el mundo me cae bien. Aunque son pocos con los que acorto las distancias. Supongo que peco de desconfiada.
Al revés, cuando me acerco a alguien que me ha llamado la atención por el motivo que sea generalmente lo hago de puntillas, pues temo que pueda decepcionarme.
Adoro la gente que me da buenas vibraciones, que me hace reír. Bien, para llegar a este momento en que te sientes a gusto hablando con alguien han tenido que pasar varios meses.
Supongo que en eso se basan las relaciones entre humanos, en que tenemos la capacidad de elegir a quiénes queremos cerca y a quiénes no, en ceder a veces terreno o en permitir dar algo, también en recibir.
A veces conoces a alguien y te encuentras tan a gusto que no quieres que pasen las horas.
Estamos predestinados a entendernos con unos y a que ocurra lo contrario con otras personas.
C'est la vie!

1 comentario:
Es bueno y necesarios alejarse de los vampiros.
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