En Logroño hace un calor de verano. Parece mentira que estemos a 1 de octubre.
Adoro la rutina de los meses que vienen tras el verano.
A mi madre le vigilo las lecturas. Como en el hospital nos dijeron que tenía que desarrollar la mente le traigo libros que sé que le gustarán, como la saga de Elena Ferrante. Durante mucho tiempo estuvo sin leer, pero ahora vuelve a leer mucho, hace los crucigramas del periódico y a veces coge el cubo de Rubick.
En noviembre empecé a venir todos los fines de semana a Logroño. Era peor estar en la incómoda silla del hospital.
Ahora colecciono los momentos desde este piso de alquiler, porque en pocas semanas estaremos viviendo en otro sitio, no muy lejos de aquí. Pero en un piso propio que ahora estamos amueblando.
Quizás desde allí no se vean ni el Palacio de los Deportes, ni Las Gaunas, ni la carretera que va a Soria.
Las circunstancias cambiaron nuestras vidas hace más de un año. De repente, la casa de mis padres, que siempre había estado llena de gente, se quedó en silencio. Faltaban las personas que le daban alma a la casa: mis padres. Mi hermano pequeño y yo apenas coincidíamos y finalmente yo me fui a mi propio piso.
Cómo cambian las cosas de un día para otro.
2 comentarios:
Hay que estar siempre activo, la mejor medicina, sin duda.
Que siga la mejoría de tu madre.
Gracias!! Va poco a poco, pero a veces recuerdo que hace un año estábamos en el hospital. Y ella se encuentra con ganas de hacer muchas cosas.
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