Cada vez queda menos para completar el Desafío "Encuentra al Personaje 2016". Sigo encontrando personajes en las novelas que voy leyendo, aunque cada vez es más difícil completar los que faltan.
#40. Un amante de los gatos (Comodín)

He encontrado a Jay, el dueño del bar de la novela Escucha la canción del viento y Pinball 1973, de Haruki Murakami. Vive con un gato con el que habla y unos años antes fue maltratado, ahora cuida de él.

He encontrado a Jean Taylor cuando era joven, en la novela La viuda, de Fiona Barton.

He encontrado a varios jóvenes de Holcomb (Kansas) mientras esperan a los coches de la policía que llevan a los sospechosos, en la novela A sangre fría, de Truman Capote.

He encontrado a Elena Montejano acariciando un oso de peluche en el dormitorio de su amiga, Julita Figueroa, en la novela La sonata del silencio, de Paloma Sánchez-Garnica.

Francisco Morales, el narrador de la historia, cuando es un anciano y vive en su casa de Monterrey, explica que sus hijos le han comprado una televisión, pero aunque la deja encendida no la ve. Lo he encontrado en El murmullo de las abejas, de Sofía Segovia.
He encontrado a Jay, el dueño del bar de la novela Escucha la canción del viento y Pinball 1973, de Haruki Murakami. Vive con un gato con el que habla y unos años antes fue maltratado, ahora cuida de él.
"-Es manco.#41. Un personaje que se dedique a la estética (Comodín)
-¿Manco? -repitió el Rata.
-El gato. Está cojo. Ocurrió en invierno, hará unos cuatro años. Volvió a casa ensangrentado. Tenía la almohadilla de una pata completamente aplastada, parecía mermelada de naranja.
El Rata dejó el vaso que sostenía en la mano sobre la barra y clavó los ojos en Jay.
-¿Qué le pasó?
-No lo sé. Primero pensé que lo había atropellado un coche. Pero, incluso en ese caso, la herida era demasiado grande. El neumático de un coche no podía haberle dejado la pata de aquella manera. Era como si le hubiesen hecho presión con un tornillo. Y que se la hubiesen aplastado del todo. Es posible que fuera una gamberrada.
-¡Qué dices! -El Rata sacudió la cabeza con aire de incredulidad-. ¿Quién le haría eso a un gato...? (Página 212).
He encontrado a Jean Taylor cuando era joven, en la novela La viuda, de Fiona Barton.
"(...) Trabajaba en una peluquería llamada Hair Today -una pequeña broma de Lesley, la dueña- y me pasaba todo el día lavándoles el pelo y preparándoles tazas de café a mujeres menopáusicas. Había pensado que trabajar en una peluquería sería divertido, o incluso glamuroso. Pensaba que cortaría el pelo y crearía nuevos estilos, pero apenas tenía diecisiete años y me encontraba en lo más bajo del escalafón (Páginas 35-36)".#42. Un personaje que masque chicle (Lista 2)

He encontrado a varios jóvenes de Holcomb (Kansas) mientras esperan a los coches de la policía que llevan a los sospechosos, en la novela A sangre fría, de Truman Capote.
"Ciertamente, el gentío de la plaza bien podría estar esperando un desfile o un mitin político. Había alumnos de secundaria -entre ellos algunos antiguos compañeros de Nancy y Kenyon Clutter- que entonaban rimas de animación deportiva, mascaban chicle, engullían perritos calientes y bebían refrescos (Página 315)".#43. Un personaje con un muñeco de peluche (Lista 1)
He encontrado a Elena Montejano acariciando un oso de peluche en el dormitorio de su amiga, Julita Figueroa, en la novela La sonata del silencio, de Paloma Sánchez-Garnica.
"Entraron las dos en el cuarto de Julita. Elena se dejó caer en el borde de la cama, mientras que su amiga se acomodaba en un sillón enfrente; cogió un oso de peluche y lo apretó contra su pecho (Página 590)".#44. Un personaje que mire una película/programa de televisión que no le guste (Lista 2)
Francisco Morales, el narrador de la historia, cuando es un anciano y vive en su casa de Monterrey, explica que sus hijos le han comprado una televisión, pero aunque la deja encendida no la ve. Lo he encontrado en El murmullo de las abejas, de Sofía Segovia.
"Ahí las horas se le iban solas y sin aviso. Se le esfumaban. Ahí, con las cortinas cerradas y a oscuras, entre las visitas de algún hijo, nieto o bisnieto, cerraba los ojos y los oídos aunque la televisión estuviera permanentemente encendida como una ventana al mundo. ¿Qué podía ver o escuchar él en el cubo encendido, en esa caja de tontos, que no conociera ya? En su larga vida lo había visto todo y no quería mirar repeticiones de nada. Porque a veces le parecía que todo era una repetición: los mismos errores, las mismas alarmas y los mismos gobiernos, aunque las caras cambiaran (Páginas 406-407)".
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