Hoy ha sido un día especial por muchas cosas, sobre todo por una buena noticia: que los resultados de mis análisis de sangre han resultado correctos, nada que ver con lo que me salió en el mes de abril. Será que haber regulado las comidas ha tenido que ver y me ha dicho la doctora que siga en esa línea.
Después ha venido alguien y cuando le he mirado a los ojos le he dicho que sería mejor que nos tomáramos un café. Y seguía mirándole a los ojos y me sigue reconfortando pese a los años. Le miraba y me preguntaba dónde se ha metido los últimos meses.
He recordado el primer café, ése en el que le vi por primera vez, hace ya algunos años. Y he recordado que durante un tiempo, cada vez que olía a café, cerraba los ojos y mi mente iba dibujando su rostro entre las brumas del recuerdo. He recordado cuando enredaba mis dedos en su pelo y cómo me estremecía escuchando sus palabras. Hoy he recordado, en cinco minutos, por qué le quiero tanto.
Hoy su mirada era como el aleteo de una mariposa que rozaba mi piel y he vuelto a sentir que me tocaba el alma.
Hace unos meses que se fue. Pero ha vuelto.
Tantas cosas que hacer con él. Y por él. Cuando él está no existe nada más. Ha vuelto y el día hoy tenía otro color.
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