Puedo pasar años sin hacerme un tatuaje pero como se me meta en la cabeza no pararé hasta hacérmelo. La primera vez me tatué un pegaso en la tripa que ya se ve difuminado. Fue en Ciudad Rodrigo cuando tenía 20 ó 22. El segundo fue en Tenerife hace unos cuatro años y me hicieron dos delfines saltando en la espalda.
Los dos son pequeños. Pero ahora quiero algo más estrambótico. Desde que estuve en Japón quiero un dragón que cubra la mayor parte de la espalda, en rojos y negros. Y sé cómo lo quiero. El caso es que será gigante, nada tan minimalista como lo que tengo hasta ahora...
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