Me habían recomendado esta novela desde hace mucho tiempo y
me ha sorprendido mucho. Para bien. La autora explica que se basa en un hecho
real en el que introduce elementos de ficción. Pero es obvio que esta novela no
existiría sin Simonopio, el personaje que se convierte en alma del libro.
En realidad es un libro que habla de envidias y venganza, un
libro duro en el momento en que la envidia lleva a la ceguera y al asesinato
irracional de quien menos lo merece.
La historia viene contada de primera mano por uno de los
protagonistas: Francisco Morales Cortés, un anciano que sube a un coche en
Monterrey con dirección a Linares y en el camino, que no es muy largo, el
hombre cuenta al taxista la historia de toda su familia. En el norte de México
son habituales las haciendas dedicadas a la producción citrícola y Francisco
nos ofrece la imagen de la figura de su padre, un hombre adelantado a su tiempo
y con una visión pionera con respecto a sus fincas.
Son los inicios del siglo XX cuando en Linares la familia
Morales Cortés tiene una existencia apacible en su finca a las afueras de
Linares llamada La Amistad. Tienen dos hijas, Consuelo y Carmen, enviadas a un
colegio de monjas de Monterrey por miedo a los pillajes y a que puedan ser
ultrajadas. Los caminos mexicanos no son seguros para dos adolescentes. Con
ellos viven dos ancianas, la Nana Reja y la Nana Pola, las dos mujeres que
habían cuidado de los niños de la familia desde muchas generaciones. La Nana
Reja siempre está en su mecedora con los ojos parados esperando que llegue su
hora. Pero un día desaparece y todos los hombres de la finca se movilizan para
ir a buscarla e incluso creen que la van a encontrar muerta. Sin embargo, Reja
encuentra debajo de un puente un paquete, un bebé recién nacido y cubierto de
abejas que le protegen. Las abejas no le pican, sino que al contrario, le
protegen como le protegerán toda la vida. El niño tiene una tara: no tiene
labio superior y la boca se le une a la nariz. Algunos aparceros piensan que es
un demonio, pero el patrón, Francisco, decide protegerlo como si fuera su
propio hijo. Se trata de Simonopio, el niño de las abejas, el muchacho que
tiene un sexto sentido, que tiene una visión tan profunda de las cosas que
ayudará a los que le quieren y protegerá e incluso se vengará, si es necesario.
Simonopio es el alma de la novela. Es inevitable que el
lector no se encariñe con él. No habla porque con el defecto del labio no le
salen las palabras, pero su jerga será entendida únicamente por una persona. Simonopio
es como el ángel guardián de Francisco y su familia, el que vela de la finca,
el que se anticipa a las normativas del Gobierno mexicano y que ayuda a
Francisco Morales para que no terminen expropiándole.

Monterrey, México
Enseguida Simonopio es querido por casi todos los miembros
de la familia, pero también por los trabajadores de la finca. Pero hay alguien,
Anselmo Espiricueta, que piensa que es un demonio, que no le puede ni ver, que
cree que traerá los males al mundo.
Es el momento en que se extiende la influenza española (enfer
medad que se contagia rápidamente) y mucha gente empieza a morir, por lo que Francisco
Morales y Beatriz Cortés deciden marcharse con todos sus criados y jornaleros a
la finca La Florida, lejos del contagio. Pasarán tres meses allí, y el único
que no irá con ellos será Anselmo junto a su familia, porque Francisco le pidió
que no permitiera que entrara nadie a la finca, pero dejó entrar a su mujer
recién llegada de Linares en medio de la enfermedad. A su vuelta, Anselmo habrá
perdido a casi toda su familia, quedándose únicamente con un hijo y una hija,
mientras le han fallecido todos los demás. Poco a poco va alimentando la
envidia, y por tanto empezamos a ver su maldad, mientras recuerda que la casa
donde viven es de los Morales y siempre ha querido la tierra para sí mismo. Siempre
ha pensado que la tierra que él cultiva debería ser suya y no darle la mitad de
la producción a Francisco Morales.
La vida sigue y el Gobierno ha aprobado la Reforma Agraria,
por la cual toda finca desocupada pasará a ser propiedad del Gobierno.
Francisco Morales sabe que llegará un día en que empiecen a expropiarle para
darles sus fincas a campesinos desocupados, así que empieza a buscar medidas.
Será Simonopio quien le dé la solución.
Simonopio, cuando llega la primavera, comienza a marcharse
durante días con sus abejas por los montes. Al principio, Beatriz se preocupa
por si le ha ocurrido algo, pero todos saben que tiene un sexto sentido y que
es extraño que le ocurra algo, que Simonopio sabe lo que hace. A su vuelta,
están celebrando los futuros enlaces de las hijas de la familia con dos
hermanos de Monterrey cuando aparece Simonopio con un “regalo” para Francisco.
Le trae una naranja partida por la mitad y en su interior hay varias flores de
azahar. Francisco comprende que lo que tiene que hacer en sus tierras es
plantar naranjos, ya que la ley de la Reforma Agraria respeta únicamente si las
fincas tienen plantados árboles, y es la única manera de que no lo expropien. Así
que Francisco Cortés decide marchar con Simonopio a California a comprar
naranjos para plantar en sus tierras, e ir quitando poco a poco los
cañaverales. Tiene que llevar a su ahijado porque él elige los mejores naranjos
gracias a sus abejas.
Los años van pasando y las hijas convierten a los Morales
Cortés en abuelos, pero entonces se dan cuenta de que Beatriz Cortés también
está embarazada. Simonopio lo nota. De ese embarazo nacerá Francisco Morales
chico, el niño que será protegido por Simonopio, el niño que ya es anciano y
que nos viene a contar la historia. Un niño tardío e inesperado que trae la
alegría de la casa. El niño que vio cómo Anselmo asesinaba a su padre y que se
libró porque Simonopio le salvó, mientras las abejas se vengaron en los
Espiricueta padre e hijo, porque Simonopio se tomó la venganza como propia. Y con
la muerte de Francisco, Beatriz decidió vender todas las fincas de Linares y
otros lugares y trasladarse a vivir a Monterrey, cerca de sus hijas y nietos,
pero Simonopio y la Nana Reja se quedaron en las cercanías de Linares.
Hoy Francisco Cortés ha venido, después de muchos años, a
reencontrarse con Simonopio.
LA AUTORA:
Sofía Segovia nació y reside en Monterrey, México, donde cursó la carrera de comunicación, y coordina talleres de escritura en la Fábrica Literaria de Felipe Montes. Publicó en 2010 su primera novela, Noche de huracán. Con El murmullo de las abejas, su segunda obra, ya ha conquistado el aplauso de la crítica y el público mexicanos.
EL LIBRO:
Título original: El murmullo de las abejas
Autora: Sofía Segovia
Editorial: Lumen (1ª edición, en septiembre de 2015)
Número de páginas: 526
ISBN: 978-84-264-0242-4
Valoración: 8/10
RETOS:
- Reto "Leyendo en el tiempo": Década 1920.
- Desafío "Búscalo en la portada": Un insecto.
- Retos de Lectura 2016: Busca en la portada: un insecto.
- Reto 100 libros.
- Reto 25 españoles.
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