domingo, octubre 23, 2016

El murmullo de las abejas

Me habían recomendado esta novela desde hace mucho tiempo y me ha sorprendido mucho. Para bien. La autora explica que se basa en un hecho real en el que introduce elementos de ficción. Pero es obvio que esta novela no existiría sin Simonopio, el personaje que se convierte en alma del libro.
En realidad es un libro que habla de envidias y venganza, un libro duro en el momento en que la envidia lleva a la ceguera y al asesinato irracional de quien menos lo merece.
La historia viene contada de primera mano por uno de los protagonistas: Francisco Morales Cortés, un anciano que sube a un coche en Monterrey con dirección a Linares y en el camino, que no es muy largo, el hombre cuenta al taxista la historia de toda su familia. En el norte de México son habituales las haciendas dedicadas a la producción citrícola y Francisco nos ofrece la imagen de la figura de su padre, un hombre adelantado a su tiempo y con una visión pionera con respecto a sus fincas.
Son los inicios del siglo XX cuando en Linares la familia Morales Cortés tiene una existencia apacible en su finca a las afueras de Linares llamada La Amistad. Tienen dos hijas, Consuelo y Carmen, enviadas a un colegio de monjas de Monterrey por miedo a los pillajes y a que puedan ser ultrajadas. Los caminos mexicanos no son seguros para dos adolescentes. Con ellos viven dos ancianas, la Nana Reja y la Nana Pola, las dos mujeres que habían cuidado de los niños de la familia desde muchas generaciones. La Nana Reja siempre está en su mecedora con los ojos parados esperando que llegue su hora. Pero un día desaparece y todos los hombres de la finca se movilizan para ir a buscarla e incluso creen que la van a encontrar muerta. Sin embargo, Reja encuentra debajo de un puente un paquete, un bebé recién nacido y cubierto de abejas que le protegen. Las abejas no le pican, sino que al contrario, le protegen como le protegerán toda la vida. El niño tiene una tara: no tiene labio superior y la boca se le une a la nariz. Algunos aparceros piensan que es un demonio, pero el patrón, Francisco, decide protegerlo como si fuera su propio hijo. Se trata de Simonopio, el niño de las abejas, el muchacho que tiene un sexto sentido, que tiene una visión tan profunda de las cosas que ayudará a los que le quieren y protegerá e incluso se vengará, si es necesario.
Simonopio es el alma de la novela. Es inevitable que el lector no se encariñe con él. No habla porque con el defecto del labio no le salen las palabras, pero su jerga será entendida únicamente por una persona. Simonopio es como el ángel guardián de Francisco y su familia, el que vela de la finca, el que se anticipa a las normativas del Gobierno mexicano y que ayuda a Francisco Morales para que no terminen expropiándole.
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Monterrey, México

Enseguida Simonopio es querido por casi todos los miembros de la familia, pero también por los trabajadores de la finca. Pero hay alguien, Anselmo Espiricueta, que piensa que es un demonio, que no le puede ni ver, que cree que traerá los males al mundo.
Es el momento en que se extiende la influenza española (enfer medad que se contagia rápidamente) y mucha gente empieza a morir, por lo que Francisco Morales y Beatriz Cortés deciden marcharse con todos sus criados y jornaleros a la finca La Florida, lejos del contagio. Pasarán tres meses allí, y el único que no irá con ellos será Anselmo junto a su familia, porque Francisco le pidió que no permitiera que entrara nadie a la finca, pero dejó entrar a su mujer recién llegada de Linares en medio de la enfermedad. A su vuelta, Anselmo habrá perdido a casi toda su familia, quedándose únicamente con un hijo y una hija, mientras le han fallecido todos los demás. Poco a poco va alimentando la envidia, y por tanto empezamos a ver su maldad, mientras recuerda que la casa donde viven es de los Morales y siempre ha querido la tierra para sí mismo. Siempre ha pensado que la tierra que él cultiva debería ser suya y no darle la mitad de la producción a Francisco Morales.
La vida sigue y el Gobierno ha aprobado la Reforma Agraria, por la cual toda finca desocupada pasará a ser propiedad del Gobierno. Francisco Morales sabe que llegará un día en que empiecen a expropiarle para darles sus fincas a campesinos desocupados, así que empieza a buscar medidas. Será Simonopio quien le dé la solución.
Simonopio, cuando llega la primavera, comienza a marcharse durante días con sus abejas por los montes. Al principio, Beatriz se preocupa por si le ha ocurrido algo, pero todos saben que tiene un sexto sentido y que es extraño que le ocurra algo, que Simonopio sabe lo que hace. A su vuelta, están celebrando los futuros enlaces de las hijas de la familia con dos hermanos de Monterrey cuando aparece Simonopio con un “regalo” para Francisco. Le trae una naranja partida por la mitad y en su interior hay varias flores de azahar. Francisco comprende que lo que tiene que hacer en sus tierras es plantar naranjos, ya que la ley de la Reforma Agraria respeta únicamente si las fincas tienen plantados árboles, y es la única manera de que no lo expropien. Así que Francisco Cortés decide marchar con Simonopio a California a comprar naranjos para plantar en sus tierras, e ir quitando poco a poco los cañaverales. Tiene que llevar a su ahijado porque él elige los mejores naranjos gracias a sus abejas.
Los años van pasando y las hijas convierten a los Morales Cortés en abuelos, pero entonces se dan cuenta de que Beatriz Cortés también está embarazada. Simonopio lo nota. De ese embarazo nacerá Francisco Morales chico, el niño que será protegido por Simonopio, el niño que ya es anciano y que nos viene a contar la historia. Un niño tardío e inesperado que trae la alegría de la casa. El niño que vio cómo Anselmo asesinaba a su padre y que se libró porque Simonopio le salvó, mientras las abejas se vengaron en los Espiricueta padre e hijo, porque Simonopio se tomó la venganza como propia. Y con la muerte de Francisco, Beatriz decidió vender todas las fincas de Linares y otros lugares y trasladarse a vivir a Monterrey, cerca de sus hijas y nietos, pero Simonopio y la Nana Reja se quedaron en las cercanías de Linares.

Hoy Francisco Cortés ha venido, después de muchos años, a reencontrarse con Simonopio.

LA AUTORA:

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Sofía Segovia nació y reside en Monterrey, México, donde cursó la carrera de comunicación, y coordina talleres de escritura en la Fábrica Literaria de Felipe Montes. Publicó en 2010 su primera novela, Noche de huracán. Con El murmullo de las abejas, su segunda obra, ya ha conquistado el aplauso de la crítica y el público mexicanos.


EL LIBRO:

Título original: El murmullo de las abejas
Autora: Sofía Segovia
Editorial: Lumen (1ª edición, en septiembre de 2015)
Número de páginas: 526 
ISBN: 978-84-264-0242-4

Valoración: 8/10

RETOS:

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