Esta novela nos sitúa en las décadas de los años 20 y 30. La narradora omnisciente es una de las protagonistas, Lucía Oriol, que cuenta la historia porque está en los últimos meses de vida, cuenta la historia de cuando estaban vivos.
Reconozco que la novela no engancha desde un principio, e incluso considero que necesita pulirse un poco y que requiere más profundidad en los asuntos de los sefardíes (judíos nacidos en España). La trama termina enganchando, aunque en ciertos momentos va tan lenta que termina desencantando. Con esto no quiero decir que no me haya gustado, sólo que en alguna parte se convierte en pesada.
Lucía Oriol cuenta, mediante una serie de testimonios, y a las puertas de la muerte, su historia de amor con Francisco Anclada, pero en realidad no sólo cuenta esa relación, sino que nos traslada la historia siniestra y desafortunada de toda la familia Anclada. En el momento en que cuenta la historia todos los personajes de los que habla están muertos y su intención es dejar este legado a la viuda de su hijo pequeño, para que haga lo que considere oportuno hacer. Sin embargo, la anciana Lucía no aparece con voz en 'off' más que al principio y al final de la novela, sin interrumpir el transcurso de los hechos tal y como ella los cuenta.

Paseo Pintor Rosales, años 40
Está terminando el año 1928 cuando Lucía Oriol se presenta ante un notario porque su padre quiere vender un hotel en Pintor Rosales que había puesto a su nombre. Como la familia se está quedando sin liquidez no le queda más remedio que vender esa propiedad. El comprador es Francisco Anclada, un hombre muy rico venido de tierras aragonesas. Entre Fran y Lucía surgirá, a partir de ese momento, un flechazo mutuo e iniciarán una tórrida historia de amor que continuará durante toda su vida. Pero Lucía está casada con un italiano que apoya a Mussolini, Roberto, con el que tiene un hijo recién nacido, Claudio. Por ende, Fran es viudo y tiene una hija adolescente que está siendo educada por su hermano sacerdote, David, en la finca aragonesa de Tres Robles. Ninguno de los dos es libre, pero eso no impide para que se vean y den rienda suelta a su amor, siendo la comidilla de todo Madrid, e incluso sin engañar al marido italiano de Lucía, que la perdonará todo con la finalidad de no perderla.

Ciudad lineal de Arturo Soria
Para ello, Fran, que compra y vende propiedades, decide comprar una casa en la Ciudad Lineal, que se convertirá en la casa donde se reunirá con Lucía para dar rienda suelta a su pasión. Sin embargo, en los albores de los años 30, la Ciudad Lineal ha dejado de construirse, por lo que muchos sueños de casas sin jardín se han quedado como solares y descampados. Al menos, llegaba el tranvía.
Muy cerca de Arturo Soria se encuentra el colegio donde Lucía recoge a niños huérfanos con ayuda de Sor Juana y otras monjas, lugar que será financiado generosamente por Francisco Anclada.
Pero ha llegado la hora de que Fran traiga a su hija Jimena a Madrid a estudiar una carrera universitaria. Y Jimena parece que viene a complicar las cosas, pero sin embargo, ella será la víctima de dos hermanos, Francisco y David Anclada, que luchan por ella como toros bravos. Jimena y Lucía se llevarán bien, incluso cuando Jimena descubra la relación adúltera que Lucía mantiene con su padre. De hecho, un día va a visitar a su padre al despacho y es testigo de una discusión en la que descubre que Lucía está embarazada de Fran y que él quiere deshacerse de ese niño porque no tiene sus raíces, porque nunca le va a querer.
Jimena, por otro lado, conoce en la universidad a Pere, un joven anarquista con el que comienza a salir para llevar la contraria a su padre. Ella no soporta a su padre porque Fran le ha separado de su tío David, un tío hacia el que tiene un sentimiento insano de amor. De hecho, su padre descubrirá una carta dirigida a David en la que ella confiesa su amor a su tío. Por otro lado, Pere sólo quiere ascender socialmente y considera que con Jimena puede llegar a convertirse en un hombre rico, algo a lo que no puede aspirar desde el proletariado, y eso le convierte en un ser vil y traicionero.
Cuando Lucía dé a luz a Blasco, tendrá que marcharse con su marido a Italia, pero ella no soporta vivir en Roma y ver convertido a su hijo mayor en un pequeño fascista, así que a los pocos meses abandona a su marido y regresa a Madrid. Pero Fran está volcado en su hija y no quiere saber nada de Lucía desde que decidió tener un hijo que él no desea. Será Jimena la que le confiese a Lucía que su padre nunca aceptará a ese bastardo porque no tiene las mismas raíces judías que su familia, le confesará que su madre Juliana Roy también era judía conversa, como sus antepasados, y que aunque era una criada era la persona idónea para Fran, aunque no tuvieron en cuenta los sentimientos entre David y Juliana, hecho que empujó a David a marchar al seminario a Zaragoza para ordenarse sacerdote. Pero unos años después, con la muerte de Juliana al caerse de su yegua, Fran acude en busca de su hermano para que eduque a su sobrina Jimena y David acepta.
Fran no aceptará el noviazgo de su hija con Pere, hasta que un día ella se rebela y él le pega con el cinturón, con tan mala suerte que la hebilla le hace una fea herida en la cara. Jimena escribe a su tío, que decidirá ir a buscarla. Pero la relación entre Jimena y David culminará en el momento en que ella le seduzca, de tal forma que él huirá para siempre de Madrid, atormentado por el incesto que acaban de cometer. Jimena entra en una especie de locura ante el abandono de su querido tío David. Fran decide pedir ayuda a Lucía, con la que se reencuentra de nuevo y reanudan su relación sentimental, ahora lejos del marido de ella. Jimena y Lucía se harán muy amigas, con el beneplácito de la ama Fernanda, que tiene un cariño especial por Jimenita porque la ha criado desde que estaba en la cuna.
El médico recomienda que Jimena ingrese en un sanatorio de San Sebastián, Bildur, a fin de que se recupere de su estado mental en unos dos años, pero la joven es expulsada cuando los médicos descubran que está embarazada y el feto es incompatible con el tratamiento psicológico. Deciden sacarla de San Sebastián, para que tenga al bebé en una finca que un tío de Lucía posee en Guipúzcoa y sólo regresarán a Madrid cuando haya nacido Tomás. Fran odia a ese nieto, porque cree que es hijo de Pere, y de hecho él nunca sabrá quién es el verdadero padre. Pero el niño ha traído la cordura a Jimena.
Entre unas cosas y otras, estallará la Guerra Civil, que separará definitivamente a todos. Por un lado, la familia de Lucía Oriol es de ideas nacionales, por lo que cuando Madrid es sitiada corren peligro de ser asesinados, y acuden a la embajada italiana para que les saquen de Madrid, a Lucía, a sus hijos y a sus padres, por lo que Lucía volverá a reunirse con el marido ultrajado en Roma.

Hospital Provincial, hoy alberga el Museo Reina Sofía
Fran intentará proteger a su hija, que cada vez está más débil. Tiene una rara enfermedad en la columna que muchas veces le impide caminar, y morirá sepultada en un bombardeo en el Hospital Provincial. Su padre no podrá recuperar el cadáver, pero aún tiene a Tomás, que es demasiado pequeño. Así que decide dejárselo en el orfanato a las monjas con un cinturón lleno de dólares americanos y con una escritura de propiedad a nombre de Jimena Anglada. Después, él huirá de Madrid para reencontrarse con su hermano en la finca de Tres Robles. Sor Juana le confesará este hecho en una última carta que escribirá a Lucía, que comprenderá que ese niño es el hijo de Jimena.
Acabada la guerra, ella y Fran reanudarán su relación amorosa, que durará el resto de su vida.
Reconozco que la novela no engancha desde un principio, e incluso considero que necesita pulirse un poco y que requiere más profundidad en los asuntos de los sefardíes (judíos nacidos en España). La trama termina enganchando, aunque en ciertos momentos va tan lenta que termina desencantando. Con esto no quiero decir que no me haya gustado, sólo que en alguna parte se convierte en pesada.
Lucía Oriol cuenta, mediante una serie de testimonios, y a las puertas de la muerte, su historia de amor con Francisco Anclada, pero en realidad no sólo cuenta esa relación, sino que nos traslada la historia siniestra y desafortunada de toda la familia Anclada. En el momento en que cuenta la historia todos los personajes de los que habla están muertos y su intención es dejar este legado a la viuda de su hijo pequeño, para que haga lo que considere oportuno hacer. Sin embargo, la anciana Lucía no aparece con voz en 'off' más que al principio y al final de la novela, sin interrumpir el transcurso de los hechos tal y como ella los cuenta.
Paseo Pintor Rosales, años 40
Está terminando el año 1928 cuando Lucía Oriol se presenta ante un notario porque su padre quiere vender un hotel en Pintor Rosales que había puesto a su nombre. Como la familia se está quedando sin liquidez no le queda más remedio que vender esa propiedad. El comprador es Francisco Anclada, un hombre muy rico venido de tierras aragonesas. Entre Fran y Lucía surgirá, a partir de ese momento, un flechazo mutuo e iniciarán una tórrida historia de amor que continuará durante toda su vida. Pero Lucía está casada con un italiano que apoya a Mussolini, Roberto, con el que tiene un hijo recién nacido, Claudio. Por ende, Fran es viudo y tiene una hija adolescente que está siendo educada por su hermano sacerdote, David, en la finca aragonesa de Tres Robles. Ninguno de los dos es libre, pero eso no impide para que se vean y den rienda suelta a su amor, siendo la comidilla de todo Madrid, e incluso sin engañar al marido italiano de Lucía, que la perdonará todo con la finalidad de no perderla.

Ciudad lineal de Arturo Soria
Para ello, Fran, que compra y vende propiedades, decide comprar una casa en la Ciudad Lineal, que se convertirá en la casa donde se reunirá con Lucía para dar rienda suelta a su pasión. Sin embargo, en los albores de los años 30, la Ciudad Lineal ha dejado de construirse, por lo que muchos sueños de casas sin jardín se han quedado como solares y descampados. Al menos, llegaba el tranvía.
Muy cerca de Arturo Soria se encuentra el colegio donde Lucía recoge a niños huérfanos con ayuda de Sor Juana y otras monjas, lugar que será financiado generosamente por Francisco Anclada.
Pero ha llegado la hora de que Fran traiga a su hija Jimena a Madrid a estudiar una carrera universitaria. Y Jimena parece que viene a complicar las cosas, pero sin embargo, ella será la víctima de dos hermanos, Francisco y David Anclada, que luchan por ella como toros bravos. Jimena y Lucía se llevarán bien, incluso cuando Jimena descubra la relación adúltera que Lucía mantiene con su padre. De hecho, un día va a visitar a su padre al despacho y es testigo de una discusión en la que descubre que Lucía está embarazada de Fran y que él quiere deshacerse de ese niño porque no tiene sus raíces, porque nunca le va a querer.
Jimena, por otro lado, conoce en la universidad a Pere, un joven anarquista con el que comienza a salir para llevar la contraria a su padre. Ella no soporta a su padre porque Fran le ha separado de su tío David, un tío hacia el que tiene un sentimiento insano de amor. De hecho, su padre descubrirá una carta dirigida a David en la que ella confiesa su amor a su tío. Por otro lado, Pere sólo quiere ascender socialmente y considera que con Jimena puede llegar a convertirse en un hombre rico, algo a lo que no puede aspirar desde el proletariado, y eso le convierte en un ser vil y traicionero.
Cuando Lucía dé a luz a Blasco, tendrá que marcharse con su marido a Italia, pero ella no soporta vivir en Roma y ver convertido a su hijo mayor en un pequeño fascista, así que a los pocos meses abandona a su marido y regresa a Madrid. Pero Fran está volcado en su hija y no quiere saber nada de Lucía desde que decidió tener un hijo que él no desea. Será Jimena la que le confiese a Lucía que su padre nunca aceptará a ese bastardo porque no tiene las mismas raíces judías que su familia, le confesará que su madre Juliana Roy también era judía conversa, como sus antepasados, y que aunque era una criada era la persona idónea para Fran, aunque no tuvieron en cuenta los sentimientos entre David y Juliana, hecho que empujó a David a marchar al seminario a Zaragoza para ordenarse sacerdote. Pero unos años después, con la muerte de Juliana al caerse de su yegua, Fran acude en busca de su hermano para que eduque a su sobrina Jimena y David acepta.
Fran no aceptará el noviazgo de su hija con Pere, hasta que un día ella se rebela y él le pega con el cinturón, con tan mala suerte que la hebilla le hace una fea herida en la cara. Jimena escribe a su tío, que decidirá ir a buscarla. Pero la relación entre Jimena y David culminará en el momento en que ella le seduzca, de tal forma que él huirá para siempre de Madrid, atormentado por el incesto que acaban de cometer. Jimena entra en una especie de locura ante el abandono de su querido tío David. Fran decide pedir ayuda a Lucía, con la que se reencuentra de nuevo y reanudan su relación sentimental, ahora lejos del marido de ella. Jimena y Lucía se harán muy amigas, con el beneplácito de la ama Fernanda, que tiene un cariño especial por Jimenita porque la ha criado desde que estaba en la cuna.
El médico recomienda que Jimena ingrese en un sanatorio de San Sebastián, Bildur, a fin de que se recupere de su estado mental en unos dos años, pero la joven es expulsada cuando los médicos descubran que está embarazada y el feto es incompatible con el tratamiento psicológico. Deciden sacarla de San Sebastián, para que tenga al bebé en una finca que un tío de Lucía posee en Guipúzcoa y sólo regresarán a Madrid cuando haya nacido Tomás. Fran odia a ese nieto, porque cree que es hijo de Pere, y de hecho él nunca sabrá quién es el verdadero padre. Pero el niño ha traído la cordura a Jimena.
Entre unas cosas y otras, estallará la Guerra Civil, que separará definitivamente a todos. Por un lado, la familia de Lucía Oriol es de ideas nacionales, por lo que cuando Madrid es sitiada corren peligro de ser asesinados, y acuden a la embajada italiana para que les saquen de Madrid, a Lucía, a sus hijos y a sus padres, por lo que Lucía volverá a reunirse con el marido ultrajado en Roma.
Hospital Provincial, hoy alberga el Museo Reina Sofía
Fran intentará proteger a su hija, que cada vez está más débil. Tiene una rara enfermedad en la columna que muchas veces le impide caminar, y morirá sepultada en un bombardeo en el Hospital Provincial. Su padre no podrá recuperar el cadáver, pero aún tiene a Tomás, que es demasiado pequeño. Así que decide dejárselo en el orfanato a las monjas con un cinturón lleno de dólares americanos y con una escritura de propiedad a nombre de Jimena Anglada. Después, él huirá de Madrid para reencontrarse con su hermano en la finca de Tres Robles. Sor Juana le confesará este hecho en una última carta que escribirá a Lucía, que comprenderá que ese niño es el hijo de Jimena.
Acabada la guerra, ella y Fran reanudarán su relación amorosa, que durará el resto de su vida.
LA AUTORA:
Mercedes de Vega es socióloga y escritora. Nació en Madrid en 1960. Ha residido y trabajado en Nueva York y Barcelona. Cursó estudios de literatura en la Universidad Complutense de Madrid y ha participado en numerosos talleres de escritura creativa. Colabora en las revistas literarias Resonancias y Los papeles de Iria Flavia.
Ha publicado la novela El profesor de inglés; el libro de relatos Cuentos del sismógrafo; artículos y publicaciones, y diversos relatos en antologías colectivas. Ha sido galardonada por dos años consecutivos (2013 y 2014) en los Premios del Tren "Antonio Machado".
EL LIBRO:
Título original: Cuando estábamos vivos
Autora: Mercedes de Vega
Editorial: Plaza y Janés (2ª edición, en abril de 2015)
Número de páginas: 524
ISBN: 978-84-01-34340-7
Valoración: 8/10
RETOS:
- Desafío 15 libros en mi estante.
- Reto 100 libros.
- Reto 25 españoles.
- Desafío 24 libros románticos.
- Reto "Ciudades con libro": Madrid.

Quiosco de música en Pintor Rosales, en la actualidad ya no existe
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