martes, octubre 11, 2016

La sonata del silencio


La sonata del silencio es un libro amplio, pero justamente por eso termina enganchando de una manera atroz. Quería leer algo de la autora, pero TVE se adelantó con la serie, así que no tuve opción y, antes de ver la serie, decidí que había de leerme el libro.
Engancha de principio a fin, aunque se asemeja más a una novela folletinesca, y aun así la trama nos termina atrapando y los personajes nos hechizan. Y habría que hablar, por tanto, más que de líneas argumentales, de los personajes que componen la historia, su desarrollo y su carácter que, de hecho, no nos termina sorprendiendo.

Marta Ribas es el alma del libro. Es una mujer con clase, nacida entre los algodones de una familia de diplomáticos que vino a vivir a la España de la posguerra cuando se enamoró de Antonio Montejano. Por un desliz poco afortunado, los Montejano lo pierden todo y tienen que vivir de la caridad de los amigos. Marta Ribas es una mujer que despierta pasiones, pues en la novela vamos a conocer a sus tres amores, pero también una señora que lucha por lo suyo. Venida a menos y sin más manos que sustenten a su familia, se pondrá a trabajar, en una época en que la mujer vivía a la sombra del marido y tenía que pedirle permiso para todo.
Antonio Montejano es médico de profesión, pero tras la guerra abrió una tienda de antigüedades en Madrid. Una noche, tras la llamada de su mejor amigo, Rafael Figueroa, se encontrará ayudando a una muchacha a la que se ha practicado un aborto, despedirá a su amigo y llevará a la chica al hospital, donde terminará muriendo. Aunque él no tiene nada que ver, es acusado y encerrado en prisión. Con ayuda de sus amigos, conseguirá salir de la cárcel, pero perderá todo, porque un ex presidiario no está bien visto en los años 40 en Madrid, perderá sus inversores, sus compradores e incluso su casa, se endeudará hasta las cejas y será su amigo Figueroa el que le compre la casa y le ponga de alquiler en un piso pequeño y húmedo en el mismo inmueble. Antonio que, en un principio, parece una persona cándida terminará siendo un hombre celoso, un personaje vil y abyecto. Su personalidad va en declive, encaminada hacia lo peor del ser humano.
Rafael Figueroa es un célebre notario. Vive y trabaja en el piso que le compró a su amigo Antonio, y cree que la deuda no está saldada. Por otro lado, le gusta tener a los Montejano a su merced, sobre todo a Marta, con quien tuvo un amor carnal, del que nació Elena, y aunque pasa por hija de Antonio, él sabe que Elena es su viva imagen. Estuvo de prácticas en Galicia, donde Virtudes, una solterona de pueblo, se le metió en la cama sólo porque vio en él un buen partido.
Virtudes es una mujer de las de antes, una santurrona malvada y habladora, que critica a todo el vecindario, que hace la pelota al cura Don Próculo y envidia a Marta Ribas, la tacha de desvergonzada y poco virtuosa, pero en el fondo envidia todo lo que rodea a Marta Ribas que, pese a su pobreza, es una mujer luchadora y para admirar.
Don Próculo es amigo de la infancia de Antonio y Rafael. Es sacerdote y, a la vez, el confesor de todos y, por tanto, escucha en confesión los secretos de todos, padres e hijos, y eso hace que se inmiscuya en sus vidas más de lo que debería. Suele visitar a menudo la notaría donde Doña Virtudes le sirve un orujo de su tierra, pero él también admira a Marta Ribas.
Elena Montejano es fruto del amor adúltero entre Rafael Figueroa y Marta Ribas. Conocemos la verdad porque Marta lo anuncia en secreto de confesión, pero también porque se lo dirá a su medio hermano, Basilio Figueroa. La joven Elena es una beldad, risueña y querida, criticada por las beatas santurronas, que conocerá el amor de verdad de la mano de un violinista callejero, Hanno, pero será obligada a casarse con un hombre que la dobla la edad, Mauricio Canales.
Mauricio Canales es un juez viudo, que se emperifolla y se fija en Elena Montejano. Antes había intentado cortejar a la hija mayor de los Figueroa, Virtuditas, pero finalmente comprende que la juventud de Elena es única para darle una prole de hijos. Bajo la fachada de juez engolado, se esconde un ser despreciable y maltratador, un personaje abyecto, que toma la ley por su mano según le convenga y amenaza según su conveniencia. De hecho, antes de la boda, forzará a Elena y, como ha espiado sus pasos, la amenaza sobre Hanno para que no pueda anular la próxima boda. Casados, le dará tal paliza que ella perderá al bebé que lleva en las entrañas.
Virtuditas es la hija solterona de los Figueroa. Roza los treinta años y se encuentra amparada por Don Próculo y las garras de su madre, que como soltera viuda la enclaustran en misas, salmos y ayudas en todas las asociaciones de mujeres del franquismo. Es una mota de agua de su madre. Insoportable, y a la vez tiene un amor platónico, que no es otro que Antonio Montejano.
Basilio Figueroa aparece en un principio como un botarate. Deja los estudios para irse de jarana la mayor parte de las veces, pero las malas compañías le llevan a unirse a los secuaces del Káiser, un alemán traficante de droga y prostitución en Madrid. En una de esas citas, lleva consigo a Elena y el Káiser se encapricha de ella o, más bien, ahora que se dedica a traficar con el virgo de mujeres, le dice a Basilio que la tiene que llevar a una fiesta privada. No llegará a ocurrir nada por la aparición repentina de los padres de los jóvenes. Basilio sabe que su vida está en peligro y su padre le envía fuera de Madrid, a un monasterio para que se desintoxique. Cuando vuelve, lo hace completamente reformado. Y se convierte en el guardaespaldas de Elena Montejano. De hecho, será uno de los pocos a los que Marta confiese que son medio hermanos, y será con Basilio con quien Elena termine huyendo a Nueva York. El desarrollo de este personaje es francamente extraordinario.
Julita Figueroa es la hija pequeña del notario, nacida unos meses después de Elena e inseparable amiga de la Montejano. Su vida perderá la luz, cuando su novio, Dionisio, la deje preñada y tenga que deshacerse del niño. Como no puede hacerlo, se lo confiesa a Don Próculo y éste le dice que se lo tiene que decir a su padre, y será Rafael Figueroa quien le lleve a una abortera, porque no quiere que el escándalo salpique su casa. Ni siquiera se lo cuenta a su esposa. Sin embargo, Julita perderá toda la ilusión por vivir.
Roberta Moretti es la millonaria italiana para la que se pone a trabajar Marta Ribas. La italiana quiere una asistente con idiomas, pero cuando descubre que Marta es hija de su fallecida amiga Marcella Cerquetti quiere a toda costa que esté a su lado. Le pagará un salario sobreelevado y finalmente le confesará que conocía a su madre. La ayudará en muchas cosas y, sobre todo, con el dinero que le paga la ayudará a salir de la miseria en que vive. Pero sobre todo intentará que Marta rehaga su vida, sabe que tiene que escapar de las garras de su marido. Si bien con la madre no puede, al menos ayudará que su hija Elena se recree como persona y viva su amor sin reprimirse y en un lugar fuera del yugo de un marido que tiene la ley de su parte y su esposa ningún derecho.
Hanno es el sobrenombre de Johann Merkt, un alemán que tuvo que huir de su país por los horrores que vio en el ejército nazi. En realidad, es un desertor, porque no estaba conforme con el antisemitismo que destilaba el nazismo alemán, así que se recorrió media Europa hasta llegar a Madrid, con el apellido de su madre para esquivar los controles. Desde que está en Madrid vive en una pensión barata y come cocido en Casa Rufino, donde los mesoneros le conocen y le adoran como si se tratara de su propio hijo. Es un virtuoso del violín y lo toca con gran maestría. Está tocando en la calle cuando Elena se queda mirándole y surge el flechazo entre ellos. Pero Hanno corre peligro porque en los años 40 en España no se puede ser músico callejero y muchas veces le meten en chirona y le sueltan poco después a condición de que se mantenga en silencio. Cuando Mauricio Canales ponga un espía tras los pasos de Elena, como juez intocable, conseguirá que Hanno sea enchironado y que no le saquen, pero Hanno se escapará y conseguirá llegar a Madrid, donde volverá a ver a Elena. Finalmente, será Marta Ribas quien lo lleve a casa de Roberta Moretti, quien le ayudará a salir del país en dirección Nueva York, donde le conseguirá una mecenas para que toque en los mejores auditorios de Estados Unidos. Desde allí, escribe cartas en secreto a Elena Montejano.
Flavio Tassoni es un profesor del conservatorio de música. Ha rechazado trabajos en los mejores teatros del mundo y se le considera un músico erudito. Proviene de Milán pero su mundo se encuentra apagado. Una tarde conoce a Marta Ribas, una mujer que ya tiene la carrera de música pero quiere perfeccionar el piano. En principio, él se niega, sobre todo porque no da clases particulares a nadie, pero termina cediendo, porque comprende que la música lo es todo para esa mujer. Sin embargo, las clases particulares se las da en su casa, donde vive solo. Se terminan enamorando y Flavio le cuenta que perdió a su mujer y dos hijas en el bombardeo que asoló Milán, y que sólo Marta le ha devuelto las ganas de vivir y de volver a componer, de hecho ha compuesto la Sonata del Silencio inspirado en Marta Ribas. Flavio y Marta han decidido abandonar todo y marcharse a Milán, pero no saben que están siendo vigilados por Antonio Montejano, cuyos celos le corroen las entrañas.

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Corre enero de 1946 y España es un país cerrado, se está recomponiendo de los escombros de una Guerra Civil que aún se encuentra muy cercana y, a la vez, está acogiendo dentro de sus fronteras a una serie de extranjeros de toda índole que huyen de los desperfectos de una Europa que se está reestructurando tras la IIª Guerra Mundial.
España es un país de curas y leyes injustas para las mujeres, mujeres que tienen que ser reinas en su casa y comedidas en la calle, es el país de la mojigatería y la zalamería, donde el recato está por encima de todo y las apariencias importan mucho para que los vecinos no hablen. Cuando se ha recibido una educación diferente, como le ha ocurrido a Marta Ribas, ella no encuentra su lugar. Termina adaptándose a las exigencias de un marido injusto, que ni siquiera puede mantener a su familia, pero Marta es una mujer de bandera que traerá el pan a su casa, importándole un bledo los rumores sobre su reputación que queda en entredicho, porque de la noche a la mañana Marta cambia su imagen de tal manera que parece una mujer rica, y sus vecinas creen que se dedica a otros menesteres más fraudulentos. Cuando conoce a Roberta Moretti, una mujer empresaria, extranjera y liberal, ésta intenta sacarla de la jaula en la que vive, pero comprende que es tarde para ella, que Marta no conseguirá superar las barreras que no le permiten vivir su vida, y cuando lo intente será demasiado tarde. Pero no será tarde para su hija Elena, a quien Roberta conseguirá salvar.
Es una novela donde la amistad del hombre está por encima de todo y la mujer es poco menos que un cero a la izquierda.
Desde mi punto de vista, está muy bien descrita la España de posguerra. Sí que da la sensación de folletín e incluso nos esperamos el final que tiene lugar, por mucho que nos pese.

Es una gran novela.

LA AUTORA:

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Paloma Sánchez-Garnica (Madrid, 1962) es licenciada en Derecho e Historia. Autora de El gran arcano (2006) y La brisa de Oriente (2009), su novela El alma de las piedras (2010) tuvo un gran éxito entre los lectores y se publicaron cinco ediciones. Las tres heridas (2012) supuso su consagración entre la crítica y los lectores como una escritora de gran personalidad literaria. La sonata del silencio (2014) ha sido llevada a la televisión. Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido (2016) es su última novela.


EL LIBRO:

Título: La sonata del silencio
Autora: Paloma Sánchez-Garnica
Editorial: Booket (3ª edición, en marzo de 2016)
Colección: De Bolsillo nº 2634
Número de páginas: 892
ISBN: 978-84-08-14058-0

Valoración: 9/10

RETOS:

2 comentarios:

Dyhego dijo...

He visto dos capítulos y me ha gustado. Está bien filmada.

K dijo...

El libro está muy bien y, según he leído en foros literarios, la serie es bastante fiel a la novela. Yo, en mi línea, no he visto ningún capítulo porque primero leo el libro. También me ocurre lo mismo con el cine: siempre el libro primero y si no, no veo la película.