jueves, noviembre 22, 2012

Recuerdos muy vivos


A veces se detiene el tiempo y no sabemos muy bien por qué. Podría recordar innumerables momentos en que se ha detenido el reloj. Como cuando aquella noche él me llevaba a casa, recuerdo ese perfil en plata bajo la luz de la luna, los nervios en su voz y el temblor de la mía. Hace tanto tiempo ya... Recuerdo el momento en que le miré a los ojos la primera vez, el tenue sonido de una melodía melancólica en la negrura de aquel bar, y su voz, esa voz sensual y segura, esa voz que me encandiló la primera vez. Y no hace tantos días que he vuelto a suspirar al escucharle, y he vuelto a sentir ese hormigueo dentro de mí cuando vi su nombre en la pantalla de mi móvil.
A veces se detiene el tiempo. A veces es dulce recordar esos momentos en que se para el reloj y deseas que no acaben nunca. 
Otras veces, el segundero se para y ya no vuelve a ponerse en marcha. Eso es lo que ocurrió el lunes. La despedida de alguien cercano, de alguien a quien podría recordar aquel lejano verano en la ermita, cuando se acercó a mí y le conocí, podría escucharle. Recuerdo que aquel verano salía con un amigo suyo. Y entonces le conocí. Y le veía a menudo, pese a que su amigo y yo lo dejamos, seguíamos viéndonos por ahí. Podría escucharle ahora, recuerdo nítidamente su voz. Joder, qué injusto es todo esto.

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