Vista de los dos monasterios de San Millán de la Cogolla
Apenas suelo hablar de mi tierra, porque como para mí es lo
conocido, me da la sensación de que todo el mundo sabe. La Rioja es una tierra
rica en historia, rica en colores, rica en paisajes variados y, por supuesto,
rica en vinos. No en vano, los colores de la bandera simbolizan el vino, la
nieve, los bosques y el sol (quizás el amarillo fuera de los cereales, pero
hace tanto tiempo que lo estudié que no lo recuerdo bien).
Con motivo de la visita de unos amigos catalanes la próxima
semana, haré de cicerone, por lo que pondré algunas interesantes fotos de mi
tierra por aquí. Aunque hoy voy a hacer un adelanto: San Millán de la Cogolla.
Es curioso, porque ellos son catalanes y además independentistas. Y si por algo
es importante en la historia este pequeño pueblo riojano es justamente por el
castellano.
San Millán se encuentra en un paraje verde y rodeado de montañas.
Se encuentra emplazado en medio de la que aquí se conoce como ‘Ruta de los
Monasterios’ y es que justamente en esa ruta hay más monasterios por kilómetro
cuadrado de los que podamos imaginar: el Monasterio de Valvanera (que alberga
la imagen de la Virgen de Valvanera, patrona de los riojanos), los Monasterios
de Suso y Yuso en San Millán de la Cogolla, la Abadía Cisterciense de Cañas
(impresionante edificio de los primeros años del gótico, con vidrieras de color
blanco, lo que la convierte en un templo increíblemente luminoso) y Santa María
La Real de Nájera.
San Millán de la Cogolla es un pueblo que no contará con más
de 500 habitantes, pero que recibe numerosas visitas al año. Y es que cualquier
turista que pase por aquí, seguramente se dejará atrapar por las historias de
estos monasterios.
Monasterio de Suso
El Monasterio de Suso (‘suso’ significa ‘arriba’ en
castellano antiguo, aunque es una palabra que se encuentra en desuso) ha sido
abierto al público hace algunos meses. En los últimos años ha sido restaurado y
creo que tendré que visitarlo, porque años ha que no he podido verlo, debido a
lo extensa que ha sido esa restauración. Es un monasterio muy pequeño, del
siglo VI, y en su origen fue un cenobio visigodo que se construyó junto al
sepulcro del eremita Millán. Este edificio fue ampliándose con el paso de los
siglos, y hoy en día se pueden distinguir con facilidad las remodelaciones
(estilos mozárabe y románico).
Su importancia es más lingüística que artística, pues aquí
se gestaron los primeros escritos en castellano. Aquí habitó un monje de un
pueblo cercano (Berceo), Gonzalo de Berceo, considerado el primer poeta en castellano.
Bien es sabido por todos que los monasterios en la Edad Media utilizaban el
latín, considerada la lengua culta. Mientras, el castellano era la lengua usada
por el pueblo llano, considerada la lengua coloquial. Gonzalo de Berceo tuvo la
genial idea de transcribir la lengua del pueblo en lo que se conoce como las
Glosas Emilianenses. Están escritas, en realidad, en lengua romance, que es un
castellano aún poco evolucionado y desarrollado.
En el Monasterio de Suso también aparecieron por vez primera
las primeras anotaciones escritas en vasco, por lo que San Millán no sólo se
considera la cuna del castellano sino también del euskera.
En nuestros días, el Monasterio de Suso se abre para el
turismo pero no vive ya ninguna congregación en él. No ocurre lo mismo con el
Monasterio de Yuso, donde sí que hay una comunidad de frailes agustinos
recoletos.
Monasterio de Yuso
El Monasterio de Yuso (‘yuso’ significa ‘abajo’ en
castellano antiguo) se ubica en el corazón del valle de San Millán, junto al
pueblo de San Millán de la Cogolla.
Cuenta la leyenda que el Rey Don García de Nájera ordenó el
traslado de los restos del santo (San Millán) de Suso al monasterio de Santa
María la Real de Nájera y quienes portaban la arqueta con los restos, al llegar
al valle de San Millán, quedaron como clavados en el suelo. Esto se interpretó
como la voluntad del santo de no abandonar el valle. El Rey Don García mandó
construir en este lugar otro monasterio en el año 1053.
El primer monasterio de Yuso fue de estilo románico, pero
fue destruido y reconstruido en estilo herreriano, lo que crea un singular
contraste el el paisaje del valle de San Millán.
Hoy en día, los frailes explican cómo el monje medieval
tenía que subir pesados libros por una empinada escalera hasta el púlpito, y
nos muestra cómo protegían los enormes volúmenes de la humedad. Pero lo más
importante es que en el claustro podemos ver facsímiles de los primeros
escritos en castellano (los originales no los enseñan), de esas Glosas
Emilianenses que escribió Gonzalo de Berceo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario