viernes, noviembre 02, 2012

Aspectos generales sobre Lanzarote


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Cuando hace dos años estuve en Tenerife, me recomendaron que la siguiente vez que fuera visitara Lanzarote y Fuerteventura. De hecho, Lanzarote es una isla preciosa; ahora que la conozco puedo dar fe de ello. Tan hermosa como tranquila. Para mi gusto, es demasiado tranquila, una isla preparada para familias con niños pequeños, para gente en busca de la desconexión necesaria en estos días de continuo ajetreo. En mi caso particular, necesito más actividad.
Lanzarote debe su nombre al marino genovés Lanceloto Malocello, que redescubrió la isla en el siglo XIV.

Vista del hotel desde el paseo marítimo

Donde tenía ubicado el hotel, en Matagorda, no había absolutamente nada. A diez minutos caminando tenía un centro comercial diminuto con algunos restaurantes, y el resto estaba conformado por zonas residenciales turísticas. Para todo lo demás, era necesario llamar a un taxi. Eso sí, el hotel estaba preparado con todos los servicios que se pueden requerir estando de vacaciones, aunque más bien debería decir que estaba preparado para un turismo llegado de otros países de Europa. 
Cuando se viaja desde la Península a un lugar como las islas Canarias en esta época, se hace complicado decidir qué es lo que vas a llevar puerto. Con botas de invierno llegué a Lanzarote, con la chaqueta colgando y sólo atiné a decir: "La piscina, ¿dónde está?".


Lanzarote es una isla especial. Para mí había dos personalidades importantísimas que tienen que ver con esta isla. Como adoradora de la literatura universal y como lectora prolífica, sé que es la isla que eligió el escritor portugués José Saramago para quedarse a vivir y para terminar sus días allí. El célebre autor falleció en 2010, pero la isla le recuerda bien. No muy lejos de Matagorda, en la pequeña localidad de Tías, se encuentra la casa donde vivió y murió, hoy en día convertida en Casa-Museo. Esto lo sé por la explicación de un taxista al que pregunté, no porque la fuera a ver. Una casa sin su dueño no es mucho, prefiero quedarme con los mensajes de los libros de Saramago. Con su Ensayo sobre la ceguera y con su Ensayo sobre la lucidez. He leído alguno más en mi época universitaria, pero ésos son los que me llegaron muy adentro, porque el magistral Saramago hacía pensar, conseguía que le diéramos vueltas a todo...
La otra persona con quien estaba menos familiarizada y que es un gran desconocido en la Península, pero no así en Canarias, es el magnífico César Manrique. De él hablaré en los próximos días. Adelanto únicamente que en Lanzarote dejó su impronta. Él creaba belleza, habilitaba lugares que se encontraban "perdidos" y los convertía en algo parecido al paraíso. Pero para ello es necesario ver su obra. Aunque diseñó y construyó en casi todas las islas, Lanzarote es la que mejor nos muestra las huellas del artista. Lanzarote le debe mucho a César Manrique.

Al final, un lugar lo hacen las personas. La gente se desvivía porque te llevaras un trocito de su tierra, porque te llevaras el recuerdo de Lanzarote en el corazón. Tanto los taxistas, como los guías, como la gente de los negocios te contaban algo de la isla. Eso enriquece culturalmente, amén de la documentación que me traje conmigo, de las fotos, de las historias, de las anécdotas que apunté. La gente siempre me pregunta por qué lo apunto todo, y es que por experiencia sé que si bien ahora tengo todos los recuerdos tan frescos en unos meses habré olvidado muchas cosas. Eso le ocurre a todo el mundo, la memoria tiende a olvidar muchas cosas a medida que pasa el tiempo. Esta es la mejor forma de intentar que no se olvide a largo plazo.


Parque Nacional de Timanfaya

A Lanzarote se la conoce como la "isla de los volcanes", debido al manto volcánico que se extiende a lo largo de su superficie. En sus casi 850 metros cuadrados, se ven una infinitud de volcanes de todo tipo. Curiosamente, Lanzarote es la isla más baja del archipiélago canario, con elevaciones sin importancia, lo que contrasta mucho al tener muy cerca, en Tenerife, el pico más alto de España. Esta serie de volcanes, esas Montañas de Fuego -como las llaman allí-, conforman un paisaje especial y único, una panorámica que a veces resulta un tanto desoladora por la ausencia de flora y fauna. Y a la vez quita la respiración, al ser conscientes de que estamos circulando sobre la lava de volcanes inactivos, sobre una tierra que ruge y duerme por debajo de nuestros pies.

Paisaje típico de Lanzarote

Esos volcanes dan un colorido especial a Lanzarote: el negro y el rojo son los colores dominantes de la isla, que contrasta con el blanco de las casas que no tienen más de dos o tres plantas (excepto un altísimo hotel que se encuentra en Arrecife). Las casas blancas con dinteles y jambas en verde o azul. Una ley en Lanzarote prohíbe la colocación de vallas publicitarias o de pintadas, por lo que las construcciones conjugan a la perfección con el entorno natural. Da la sensación de que el hombre no ha mellado tanto en el paisaje lanzaroteño, y eso hace que lo que ven nuestros ojos sea de una belleza extraordinaria.


Paseo marítimo de Matagorda, Puerto del Carmen

Hay algunos sitios que no pude ver y me hubiera gustado. Por ejemplo, el mercadillo de Costa Teguise o la Casa de César Manrique. Siempre dejo algo sin visitar para tener un motivo para volver a lugares que me encandilan y de los cuales me traigo un buen recuerdo.

Uno de los días también cogí un barco hasta Fuerteventura, que está a media hora en trayecto en barco. Los canarios, por sus playas, hablan de ella como la isla más hermosa de Canarias. A mi gusto, en belleza, le supera Lanzarote. No se puede comparar, y de Fuerteventura sólo visité un poco la zona norte de la isla; no daba tiempo a más.

En las próximas jornadas hablaré de Lanzarote con más detalle. Aquí sólo me queda decir que es una isla que merece la pena visitar. Mucho, sobre todo si se quiere descansar.

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