César Manrique
Lanzarote tiene un sello con nombre propio: César Manrique. Si en Lanzarote no
hubiera habido un artista como él, estoy segura de que no hubiéramos podido
disfrutar de la isla tal cual está en la actualidad.
César Manrique adecuó todos los espacios “olvidados” (por
decirlo de alguna manera) y los convirtió en lugares que extasian los sentidos.
Acondiciona vertederos y los convierte en paraísos naturales, ocupa espacios
inertes con objetos que se convierten en símbolos lanzaroteños, rescata
verdaderas ruinas, ayuda a que se conjugue el espacio construido de Lanzarote
con el espacio natural…
A rasgos generales, quería escribir algunas pinceladas sobre
la vida de este artista, ya que en una de las excursiones por la isla nos
adentramos de lleno en la obra artística de Manrique, obras que dejan con la
boca abierta a los turistas.
César Manrique nació el 24 de abril de 1919 en Arrecife, y
desde muy temprana edad se evidenció su talento para el dibujo, mientras crecía
su admiración por artistas como Picasso y Matisse.
Al estallar la Guerra Civil española, se alistó como
voluntario en el bando franquista. Parece ser que la experiencia de la guerra
resultó demasiado atroz para él, tanto que jamás volvió a hablar de ello. Tras
la guerra, a instancias de su padre, se matriculó en Arquitectura en la
Universidad de La Laguna. No llegó a terminarla, pues transcurridos dos años abandonó la
carrera y se marchó a Madrid, donde ingresó en la Escuela Superior de Bellas
Artes de San Fernando. En 1945 se graduó como profesor de arte y pintura.
Con el auge del surrealismo fundó, en la década de los 50,
la galería Fernando Fe, primera galería figurativa en España. Durante esa
época, realizó murales en Lanzarote, como el del Aeropuerto de Guacimenta y el
del Parador de Turismo de Arrecife.
En Madrid entabló amistad con otros artistas contemporáneos,
como Picasso, Miró, Dalí, Chillida, etc. De hecho, la pintura le consagró como
artista y comenzó a exponer en Italia, Alemania… Le descubrió una marchante
norteamericana, que le invitó a visitar Estados Unidos. Manrique se instaló en
Nueva York, donde entró en contacto con las corrientes artísticas
norteamericanas.
Pasados unos años, se instaló definitivamente en Lanzarote,
donde comenzaba a desarrollarse el sector turístico y comienza a colaborar con el
arquitecto Fernando Higueras, que ya había proyectado la casa de César Manrique
en Camorritos, a las afueras de Madrid.
Juntos, dan comienzo a una fase caracterizada por una enorme
creatividad. No se limitaron únicamente a la isla de Lanzarote, sino que se
extendieron al resto de las islas Canarias, así como a otras ciudades del
mundo.
Durante los años 70 y 80, César Manrique tuvo una relevante
actividad como creador de espacios perfectamente integrados en el entorno
natural.
En 1988 trasladó su residencia a la localidad de Haría, cuya
casa fue construida y decorada por el propio artista.
Murió en un accidente de tráfico en 25 de septiembre de
1992, cerca de la sede de la Fundación que lleva su nombre. La Fundación,
ubicada en la antigua residencia del artista en Taro Tahíche, acoge en la
actualidad sus obras. Lamentablemente no pude visitarla, ya que el día que era
la visita tenía que coger el avión por la tarde y me hubiera visto apretada en
el tiempo. Eso hace que me quede un motivo para volver, en el futuro, a
Lanzarote.
Casa-Fundación de César Manrique
De las obras de César Manrique, caben destacar los Jameos
del Agua, el Mirador del Río y el Jardín de Cactus, magníficos lugares de los
que hablaré con posterioridad, porque su visita se merece una mención especial.
El Taro de Tahíche, donde se ubicaba la antigua residencia
del artista, fue construida en 1968 aprovechando un espacio natural de cinco
burbujas volcánicas. Hoy es la sede de la Fundación César Manrique, donde se
puede apreciar parte de la obra del artista.Tiene más de mil metros de
superficie habitable.
El Lago de la Costa de Martiánez está situado en el Puerto de la Cruz. Cuando hace dos años
visité Tenerife, llegué a la entrada, pero no pude pasar porque se encontraba
cerrado. Construido en 1977, se trata de un complejo dedicado al ocio, formado
por un lago central artificial rodeado de piscinas, jardines, terrazas,
restaurantes, etc., todo en piedra volcánica. El complejo alberga varias
esculturas de César Manrique.
Asimismo, en Puerto de la Cruz se ubica la Playa Jardín,
diseñada por Manrique en 1992. Remodeló completamente la playa con extensas
zonas ajardinadas, bares y restaurantes, escollera, etc.
Los jardines y piscinas del Hotel Las Salinas en Costa
Teguise contienen una serie de murales de Manrique. El proyecto del hotel, de
corte racionalista y terminado en 1977, es obra de Fernando Higueras.
El Centro Comercial La Vaguada, en Madrid, fue inaugurado en
1983. Se trata del primer centro comercial en España integrado perfectamente
con el entorno natural.
El Mirador de la Peña, inaugurado en 1989, se ubica en la
isla de El Hierro. En él hay un restaurante con amplios ventanales y con vistas
al valle de El Golfo.
El Parque Marítimo César Manrique es una zona de ocio que se
sitúa en Santa Cruz de Tenerife. Fue concebido en la década de los 90 y con él
se consiguió regenerar el litoral, añadiendo piscinas y fuentes con el respeto
a la naturaleza que caracterizó al artista.
El Mirador de Palmarejo, proyectado en 1989 en la isla de La Gomera, se inauguró en 1995. Integrado perfectamente en el paisaje, alberga
un restaurante-escuela.
El Parque Marítimo del Mediterráneo fue inaugurado en 1995
en la Ciudad Autónoma de Ceuta. Es muy similar al complejo de Martiánez del
Puerto de la Cruz, con lagos, jardines, solariums, etc.
El Horno-Asador de Timanfaya lo vi y lo describí en la primera excursión que hice por la isla. Se
trata de un establecimiento gastronómico ubicado en el Parque Nacional del Timanfaya,
cuya particularidad es un horno-asador que aprovecha la energía geotérmina para
la cocción de los alimentos.
Una de las peculiaridades de las obras de César Manrique es
que todas y cada una de ellas tienen un símbolo creado por el propio artista,
un símbolo que tiene que ver con la obra realizada. Por ejemplo, el Diablillo
del Timanfaya es uno de esos símbolos, el cangrejo en los Jameos del Agua, el
cactus en el Jardín de Cactus, un pez en Mirador del Río, etc. Todos estos
símbolos son visibles junto a las obras del artista.
A lo largo y ancho de la isla de Lanzarote, así como en
otras islas de las Canarias, e incluso en Berlín, se pueden contemplar unos
instrumentos similares a esculturas, propios de César Manrique. Se trata de lo
que él denominaba “Juguetes del Viento”. Son estructuras sólidas, pesadas, de
hierro, compuestas de esferas, círculos, pirámides… Con el viento se vuelven
etéreas, sin peso, y establecen un complicado movimiento rotatorio opuesto.
Manrique asoció su imagen con la de los molinos de viento, muy abundantes en
Lanzarote en el pasado. Ante la desaparición de los molinos, el artista quiso
plasmar en el paisaje lanzaroteño referencias sustitutivas de aquellas
construcciones que tendían a desaparecer. Sus planes incluían la instalación de
Juguetes del Viento en puntos estratégicos de toda la isla.

Juguete del Viento
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