Sabía que volvería a pasar, en cuanto he visto su perfil a través del cristal de la oficina, cuando he visto que miraba de reojo sin osar mirar de frente... Sabía que tendría que regresar unos minutos más tarde.
Así que he salido al encuentro pasados unos cinco minutos. Y efectivamente ha venido y ha parado.
He sentido el aleteo de millones de mariposas en mi estómago, he sentido que una mano invisible me tocaba el alma, me notaba ligera como una pluma... Tal es el efecto que él causa en mí. Esa mirada tan profunda que dice tanto, que contiene en sí misma todas las cosas del mundo. Esa voz tan sensual, tan segura, que amansa mi corazón con sólo escucharla... Tiene aún más hebras de plata, pero sigue estando tan guapo como siempre, sigue tan adorable como siempre. Y yo sigo tan enamorada como siempre.
Tenía que alejarme un poco y un tiempo de él para comprender que sigo queriéndole como nunca. A partir del momento en que nos hemos despedido, me he encontrado flotando en mi nube.
Ya no había exceso de trabajo, ni sueño acumulado, ni nada. Las siguientes horas se me han pasado sin darme cuenta. Tal es el efecto que él causa en mí...
¡Ay del amor!
No hay comentarios:
Publicar un comentario