miércoles, noviembre 28, 2012

13.11 horas

A veces una hora es importante por toda la carga de sensaciones que lleva consigo. Si volviera a mirar las horas previas del día que está terminando, mi mente se detiene, sin dudarlo, en las 13.11h. Ese momento tiene que ver con él, aunque es un instante de enorme ausencia, porque él no estaba.
No hacía ni unos minutos que había aparcado, he ido a mi oficina, he trasteado un poco para pasar cierta información a un pen, y de repente me encontraba caminando bajo la lluvia en una única dirección. Ni siquiera se me ha ocurrido pensar en llamarle previamente. No recuerdo el camino, ni la lluvia, ni los colores. Sólo recuerdo mi mente pensando en verle, aunque una vocecita me decía que a esa hora es muy difícil encontrarle en su oficina. Debería haber prestado más atención a esa vocecita interior.
Entonces me he encontrado junto a su mesa vacía y con sus tres compañeros de trabajo sonriéndome. Como podía hablar con uno de ellos, me he quedado allá un rato. 
Sé que nada más que haya regresado a la oficina le habrán dicho que me he pasado por allí. Debería haberle llamado, sí, pero a veces las ausencias son como tienen que ser. Al fin y al cabo, últimamente nos vemos y hablamos mucho. 

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