Me quedan ciertos lugares de describir de Lanzarote: unos en
los que estuve motu proprio y otros en los que sólo estuve de pasada. Al día
siguiente de haber llegado había planeado quedarme todo el día en la inmensa
piscina del hotel, aprovechando que hacía sol. Así que cogí el bikini, la
toalla y un libro y me tumbé en una hamaca que se encontraba en las primeras
filas de la piscina. Me encontré rodeada de extranjeros: dos niñas saltando al
agua a la de tres (ein, zwei, drei… se les oía decir en alemán, y a la de tres,
se tiraban al agua); una pareja de jubilados leyendo The Guardian y comentando
en inglés todas y cada una de las noticias del diario inglés; una señora
entrada en años y en carnes, rubia teñida, caminando alrededor mientras hacía
aspavientos para, finalmente, tirarse a la piscina. Todo una miscelánea de
diferentes culturas mezcladas al sol. Y de fondo, cada pocos minutos, pasaba un
avión que estaba a punto de aterrizar, porque teníamos el aeropuerto justo
detrás del hotel. Desde mi perspectiva parecía que el avión iba a chocar contra
una de las alas del hotel.
Al final me encontraba de relax, al sol, sin obligaciones ni
responsabilidades… justo lo que había ido a buscar allí. Pero aquella quietud
me llevó a darme un chapuzón y a marcharme después. Decidí ir a Arrecife, la
capital de la isla, a comprar Lotería de Navidad, que se encontraba a diez
minutos en taxi.
Arrecife cuenta con modernas edificaciones y coloridas
calles de intensa actividad comercial. Sin embargo, esta ajetreada vida moderna
no le ha impedido conservar el carácter y el estilo de pueblo colonial de
pescadores de sus orígenes, algo que se puede comprobar al recorrer los
alrededores del Charco de San Ginés, con las barcas de pesca junto a la playa y
los pescadores reparando redes y aparejos.
Fundada en el siglo XV, Arrecife disfrutó de una vida
tranquila de aldea de pescadores durante más de dos siglos, hasta que en el
siglo XVII una invasión de piratas berberiscos atacó la que era entonces
capital de la isla, San Miguel de Teguise. Se decidió entonces trasladar la
capital a Arrecife, que se encontraba bien defendida, debido a sus dos
excelentes puertos naturales y porque tenía una posición estratégica para
defenderse.
De esta época es el Castillo de San Gabriel que, desde un
islote situado frente a la ciudad, domina toda la bahía entre el litoral y los
islotes de Los Franceses y Los Ingleses.
El Castillo de San Gabriel se erigió en el siglo XVI por
orden del rey Felipe II. Fue destruido e incendiado por piratas que se
encontraban bajo las órdenes del corsario Morato Arráez. Cuenta la leyenda que,
tras una heroica resistencia, en la que resistieron por igual hombres y
mujeres, ellas prefirieron acabar con sus vidas, antes de caer en manos de los
piratas, tras morir los hombres. Pocos años después, se reconstruyó el castillo
y se unió a la ciudad a través de lo que se conoce como “el puente de las Bolas”,
por las esferas que coronan los pilares sobre los que se apoya.
Para asegurar la defensa de la ciudad por la costa norte,
Carlos III mandó construir otro castillo en el siglo XVIII. Hoy conocido como
Castillo de San José, se construyó en un momento en que la crisis laboral
azotaba la isla, por lo que el ingenio popular lo llamaba “el castillo del
hambre”, ya que allí trabajaban todos aquellos que no tenían nada que llevarse
a la boca.
Arrecife sigue siendo una ciudad pesquera. Su flota, la
primera en número de embarcaciones de todas las islas, compite con las modernas
y tecnificadas flotas de Japón y Rusia en la explotación del banco canario que
se encuentra entre Lanzarote y el continente africano.
El edificio más alto de la isla es un hotel de lujo que se
levantó antes de que se aprobara la ley de construcción de no más de dos
plantas. Se trata de una mole acristalada que fue reconstruida hace unas
décadas tras un incendio que lo destruyó todo.
Uno de los sitios donde no pude ir por las circunstancias
adversas fue Costa Teguise. Esas circunstancias adversas es que tenía que coger
un avión el día que se celebra el célebre mercadillo de Costa Teguise. Sí que
pasé en varias ocasiones por allí y, sin lugar a dudas, es uno de los lugares
que más vida tiene de la isla, junto con Puerto del Carmen. Si volviera a Lanzarote
nuevamente, tengo claro que me alojaría en Costa Teguise.
Puerto del Carmen es el centro turístico de Lanzarote. Se
supone que mi hotel se encontraba en Puerto del Carmen, pero el día que visité
este pueblo tuve que coger un taxi y se encontraba a diez minutos.
Puerto del Carmen dispone de confortables complejos
hoteleros, instalaciones deportivas, centros de diversión nocturna e
importantes zonas comerciales para atender a los visitantes.
El último día lucía un espléndido sol cuando visité
Biosfera, el grandísimo centro comercial de la isla, ubicado en Puerto del
Carmen. No era tan grande, pero para Lanzarote está muy bien.
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