Hay personas con las que convivimos durante un corto trecho de nuestra vida y siempre se nos quedan grabadas, aunque hayamos perdido el contacto varios años después.
Entonces, un tiempo después, te encuentras con alguien que te dice algo como "¿te acuerdas de...? Pues murió hace unos meses".
Te entran esos escalofríos y recuerdas. Vuelves a la vida del internado. Ves la cara de aquella joven, un curso posterior al tuyo, que sonreía con tanta facilidad, que destacaba por su altura, por su voz grave y... sobre todo por su claridad a la hora de decir las cosas.
33 años. Que era una niña.
Desde que ayer me lo dijeron, me llegan ráfagas de recuerdos de ella. Una mancha en un brazo que originó un cáncer. Y de repente ella ya no está. Es para que se nos ponga la piel de gallina.
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