Seria un extraño lugar el balneario que no tuviera ancianos. De lunes a viernes llegan inmensos grupos de viejitos que llenan el balneario. Y es que mucha gente de mi edad no he conocido.
Hace unos días me sente en una mesa del jardin y Margarita se sentó a mi lado. Lleva un aparato de oxigeno siempre con ella, que eso no le impide hablar mogollón. Eso si, es la que controla todo el balneario.
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