viernes, junio 29, 2012

1Q84


No había leído nada de Murakami hasta ahora. Me habían hablado de él, pero no esperaba encontrarme con una historia tan majestuosa como la que he leído. 1Q84 es, en realidad, una trilogía, donde el primer volumen alberga los dos primeros libros y el tercero es un volumen aparte.
No sabría decir qué es lo que me ha llamado la atención de la técnica del autor, pero es cierto que desde las primeras páginas me enganchó, y que, llegada a este punto, sólo se me ocurre pensar en qué otros libros ha escrito Murakami y cuántos de ellos caerán en mis manos. Pues cuando un autor me fascina tanto, me contagia una gran tendencia a leer todo de ese autor.

1Q84 nos lleva, de primeras, a recordar la novela de George Orwell, 1984. En japonés, la letra q y el número 9 son homófonos: los dos se pronuncian kyū, de manera que 1Q84 es, sin serlo, 1984. Esta variación en la grafía refleja la sutil alteración del mundo en que habitan los personajes de la novela que es, también sin serlo, el Japón de 1984.

Lo que fundamenta la novela son los personajes con una personalidad potente. En los libros 1 y 2 los capítulos se alternan entre dos personajes que, en su origen, parece que nada tienen que ver:
Tengo, 29 años, profesor de matemáticas en una academia y escritor en sus tiempos libres, aunque nunca ha publicado una novela. Fue un niño prodigio que destacaba en cualquier actividad que se propusiera. Su fisonomía no refleja ni que sea un genio matemático ni que sea un escritor en su tiempo libre, más bien su físico haría pensar en un portero de discoteca.
Tiene una novia casada y con dos hijos, diez años mayor que él, con la que las relaciones carnales son muy satisfactorias. Nunca le han gustado las chicas jóvenes porque siempre tiene que llevar él la iniciativa.

Aomame, 29 años. Es instructora en una escuela de artes marciales, donde se ha especializado en fortalecer los músculos a los clientes, de ahí que muchas veces tenga que trasladarse a domicilios particulares a dar masajes a algunas personas. Pero Aomame tiene una vida paralela y oculta, una vida en la que nunca deja huellas, pero que la convierte en una criminal: desde hace unos años asesina a hombres que han maltratado mujeres, clavándoles una afilada aguja en la nuca. Siempre parece una muerte natural y ella recibe una remuneración muy alta por ese trabajo, si bien el dinero percibido lo guarda en la caja fuerte de una entidad bancaria sin llegar a contarlo.
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Roppongi, Tokio

No tiene pareja, si bien de vez en cuando su cuerpo le pide sexo y va en busca de hombres a bares de Roppongi. Le gustan los hombres cuarentones y que ya tengan entradas, porque son más tranquilos en la cama. Para ella, los jóvenes son demasiado activos y el acto sexual termina enseguida sin apenas disfrutarlo. En uno de esos bares conoce a Ayumi.

Ayumi es una agente de policía en activo. Se hizo policía porque quería patrullar las calles de Tokio, pero sólo se dedica a poner multas por la gran ciudad. Es una adicta al sexo, que de vez en cuando va en busca de hombres. Así que será la compañera ideal de Aomame, aunque ésta es consciente de que no puede estrechar el vínculo con una agente de la policía metropolitana.

Komatsu es un editor célebre por su lengua viperina. A la mayoría de la gente le cae mal y él no hace nada por ser simpático. Sin embargo, se lleva bien con Tengo, al que pedirá un favor especial. En realidad, Komatsu cree que el círculo literario está lleno de enchufismos, sobre todo cuando hay certámenes literarios, con lo que se pierden grandes talentos que nunca ven sus obras publicadas. Es por ello que Komatsu decide poner la zancadilla al mundillo literario japonés.

Fukaeri es una joven de diecisiete años que escribe una novela magnífica. Sin duda, es el personaje clave de la novela, aun sin ser protagonista. Pero sin ella no habría 1Q84.

La primera parte nos expone a los personajes principales, Tengo y Aomame, haciendo sus tareas cotidianas. Descubrimos a una asesina que “cambia el mundo” en el momento en que se baja del taxi en medio de un atasco en la autopista porque tiene una cita importante. Ella aún no lo sabe, pero al variar su rutina encuentra la vía para traspasar el umbral a un mundo paralelo.
Esa cita no es otra que la de acabar con la vida de un magnate petrolero en la habitación de un lujoso hotel en Tokio. A partir de ese momento, cada noche comenzará a ver en el cielo dos lunas: la de siempre y una más pequeña de color verde. Y es importante eso de “cambiar el mundo”, porque cuando Aomame se da cuenta de que algo ha cambiado ese mundo, el año 1984 pasará, en su mente, a ser 1Q84, una palabra inventada por ella, y que es el título de la novela.
Descubrimos que fue a la universidad, donde estudió educación física. Tiene una peculiar forma de pensar que nos resulta sorprendente, y un fuerte carácter vengativo, que es su forma de hacer justicia. No es que sea parca en palabras, pero el lector sabe que la respuesta de Aomame le terminará sorprendiendo, porque es lo último que uno esperaría escuchar (o leer). Se ha creado cierta fama en la escuela de artes marciales y es allí donde conoce a la Señora. No sabemos, a lo largo de los dos primeros libros de la novela, el nombre de esta Señora, aunque se nos da cierta información: es una anciana que perdió a su hija porque el marido de ésta la maltrataba (hasta que la mató), que la mujer vive en una mansión y que tiene un alto poder adquisitivo, que en su jardín, escondida, hay una casa de acogida para mujeres maltratadas, vejadas y/o violadas. Su fiel ayudante es Tamaru, un hombre que domina las artes marciales, y que apenas habla. La Señora suele darle los datos sobre las mujeres que recoge y quiénes son los hombres que las han maltratado, de tal forma que Aomame se encargará de hacer “el trabajo sucio”.

A veces, cuando está con hombres mayores que ella, recuerda cuando iba a la escuela de primaria y tenía diez años. Recuerda a su compañero Tengo, el único que no le dio la espalda porque ella era de la Asociación de los Testigos (de Jehová), por lo que el resto de compañeros la repudiaban. En cierto momento, ella le cogió de la mano. Aomame le ama desde entonces. En su peculiar pensamiento, cree que si lo que siente es verdadero algún día se encontrará con Tengo y ya nunca más se separarán.

“-Aunque esté sola, mientras ame a alguien con el alma, habrá una salvación. Incluso si no puedo estar con esa persona”.

Tengo se marchó de casa en cuanto le fue posible. Tiene mal recuerdo de los domingos, de cuando era obligado por su padre para acompañarle a recaudar las deudas de la NHK (cadena de televisión japonesa de pago). Un buen día decidió no acompañarle más. Tiene un recuerdo muy lejano de su madre, de cuando él estaba aún en la cuna y un hombre le lamía un pezón. Tengo cree que el cobrador de la NHK no es su verdadero padre, y que su madre no murió, como le había contado su padre, sino que se fue con otro hombre y los abandonó. Sin embargo, sí recuerda a la niña que le dio la mano una vez, al terminar las clases, y desapareció. A veces la añora y cree que debería haberla buscado después de que ella abandonara la escuela unos meses después.
Tengo es alabado por alumnos y profesores como profesor de matemáticas, gracias a su dinámica oratoria. Cuando llega a casa escribe, pese a que nunca le han publicado un solo libro. Gracias a presentarse a premios literarios, habiendo llegado a la final sin haber ganado ninguno, conoció a Komatsu, un editor odiado, pero con suficiente desparpajo como para hacer críticas exhaustivas sobre los escritores del momento. Así que aunque es odiado, también le hacen la pelota en los círculos literarios.
Es cuando propone a Tengo un desafío que en realidad es un fraude. A Komatsu le mueve reírse de los círculos literarios: reescribir, con el rico estilo de Tengo Kawana, La crisálida del aire, una novela escrita por una chica de diecisiete años, Eriko Fukada o Fukaeri, para que se convierta en best-seller. Tengo sabe que es un fraude, pero antes de rechazar la proposición decide conocer a Fukaeri. La chica es hija del líder de una comunidad religiosa, Vanguardia, que se ubica en las montañas de la Prefectura de Yamanashi. Esta especie de secta debe guardar algún terrible secreto, porque es una comunidad muy hermética, si bien en sus orígenes se trataba de una comunidad comunista, donde la propiedad era de todos, no había un líder y no tenía tintes religiosos. Con diez años, Fukaeri se escapó de Vanguardia y buscó a un amigo de su padre, el profesor Ebisuno, con el que vivió los últimos siete años. Lo curioso es que la chica es de una inteligencia atroz, pero tiene dislexia para leer y para escribir. Cuando Tengo le pregunta, ella le explica que el libro lo ha escrito la hija del profesor Ebisuno mientras ella lo narraba en voz alta.
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Montañas de Yamanashi

Cuando Tengo le explica lo que proponen hacer con el manuscrito de Fukaeri, Ebisuno acepta complacido, explicando que será una forma de comprender qué pudo pasarles a los padres de Fukaeri para que en los últimos siete años no se hayan puesto en contacto con él.
El libro se convierte en un best-seller. Se trata de un libro fantástico que habla de unos seres irreales llamados Little People. Fukaeri sabe que a ellos no les ha gustado que ella haya contado esta historia y decide esconderse.
Es entonces cuando llega una chica de diez años a la casa de acogida de la Señora y a Aomame se le encarga realizar un trabajo que no ha sido esbozado por completo. Pero corre prisa. La Señora ha decidido adoptar a esa niña a la que han destrozado el útero, pero una noche desaparece y la perra guardiana amanece descuartizada.
Es hora de pasar a la acción. Aquí comienza el segundo libro.

Aomame es llamada con urgencia a la mansión de la Señora. Se le indica el trabajo que tiene que hacer, que si bien es lo mismo que en otras ocasiones, ha sido preparado con precipitación y quizás no salga del todo bien. Aomame se aprende las instrucciones y acepta el trabajo, incluso aunque tuviera que cambiar su rostro para no ser encontrada después de hacerlo. Son conscientes de que la comunidad Vanguardia tiene brazos muy largos y podría dar con ella.
Fukaeri reaparece de su escondrijo y se presenta en casa de Tengo, quien la protege. Fukaeri es quien le habla de la Little People.
Mientras, ha aparecido una segunda luna en el cielo, una especie de pedrusco de color verde. Sólo los que han entrado en el otro mundo paralelo, el de 1Q84, pueden ver esa segunda luna. El best-seller sigue vendiéndose en todo Japón y las críticas son muy buenas. Pero la Little People está en activo. Como no puede tocar directamente a las personas cercanas a Tengo y Fukaeri, que unidos son muy fuertes, ni tampoco a Aomame, atacan a personas cercanas a ellos. De repente, un día Tengo recibe una llamada del marido de su amante, que le explica que su esposa no volverá con él, que ella se ha perdido. No ha querido explicar más.
Por parte de Aomame, también esta descubre que su amiga Ayumi ha sido asesinada cruelmente en un Love Hotel. Sabe que es cosa de la Little People.
Mientras, Aomame llega al hotel donde se hospeda el líder. Tiene que destensarle todos los músculos del cuerpo. Ese hombre está con dos guardaespaldas y ella lleva encima un picahielos muy afilado y una pistola. El líder sabe que ha ido a matarle y espera la muerte sabiamente, puesto que no puede soportar ya más dolor. Le explica que él no ha violado a ninguna chica de diez años, sino que sólo eran conceptos. Le comenta que él es el receiver y su hija una perceiver, que en estos momentos actúa como anti-Little People. Y le confiesa que su hija está con Tengo, su amor de diez años. Le da varias opciones de salvar su vida, o la de Tengo, pero le explica que no pueden salvarse los dos. Aomame decide salvar la vida de Tengo, a cambio debe acabar con la del líder. La tormenta provocada por la Little People ruge en el exterior, y mientras Aomame acaba con la vida del líder con una punzada, Tengo y Fukaeri se convierten en uno. Tengo teme haber dejado embarazada a Fukaeri, pero la joven le dice que no se preocupe, ya que ella no tiene la regla.
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Koenji, Tokio

Con mucho esfuerzo Aomame consigue salir del hotel y se esconde en una vivienda nueva de Koenji, que es justamente el barrio donde vive Tengo. Fukaeri le dice a Tengo que Aomame se esconde allí, en un lugar adonde se podría ir caminando. Tengo intentará buscarla, sin éxito. Pero hay un momento en que ella consigue verle desde el balcón desde donde se encuentra agazapada. Sólo que cuando baja al parque donde se encontraba Tengo él ya ha desaparecido. Aomame ha decidido leer La crisálida del aire, según el cual una niña de diez años ayuda a la Little People a crear un capullo con hilos de aire. Cuando el capullo se rompe aparecen como segundas personas –conceptos- de las personas protagonistas. Por eso no echaron de menos a Fukaeri cuando se marchó de Vanguardia, porque allí quedó su concepto, una persona igual que ella, la sombra de su corazón.
Aomame decide salir del mundo de 1Q84, así que vuelve a la autopista donde cree que comenzó todo, y va repitiendo todos los pasos de aquel día, pero allí no hay escaleras de emergencia y recuerda que el líder le dijo que era una vía sin retorno, que no podría regresar a 1984. Es cuando decide ponerse el cañón de la pistola en la boca mientras los coches parados en el atasco la observan.
Lejos de allí, en una residencia de ancianos en la costa, Tengo ha contado toda su vida a su padre mientras este está en coma. Se lo llevan de la habitación y cuando él regresa allí se encuentra una crisálida de aire. Tiene miedo mirar lo que hay dentro, pero sabe que tiene que hacerlo. Lo que descubre en el interior de la crisálida es una niña de diez años que él conoce muy bien: Aomame.

En el libro tercero, los capítulos de Aomame y Tengo se alternan con los de un tercer personaje: Ushikawa. La comunidad religiosa ha contratado a Ushikawa, un peculiar personaje que investiga a Aomame, pero no puede acceder a ella. Entonces descubre un vínculo entre Tengo y Aomame (que estuvieron en la misma clase en la escuela de primaria), y su intuición le lleva a seguir a Tengo, porque cree que Aomame puede aparecer en cualquier momento. Pero Ushikawa tiene un físico demasiado peculiar como para pasar desapercibido. Cuando vigila la casa de la anciana de Azabu, la Señora para la que trabaja Aomame, llama la atención del vigilante Tamaru.
Tengo, por su parte, vuelve a su vida normal, sin su novia diez años mayor que él, sin Fukaeri, a la que no volverá a ver más, hasta que decide ir a pasar unos días con su padre moribundo (en coma) a la residencia de la Prefectura de Chiba. Fukaeri ya le ha avisado de que no se pierda en “el pueblo de los gatos”, que tiene que coger el tren de regreso.
Mientras, Aomame sigue escondida en una vivienda de un edificio nuevo de Koenji. Desde allí se ve un parque y un día reconoce a Tengo, que está mirando al cielo, a las dos lunas de ese mundo paralelo. Le reconoce, pero cuando va a buscarlo, él ya ha desaparecido. Ella no sabe que Tengo también la está buscando. Pero ocurre algo extraño: Aomame se ha dado cuenta de que está embarazada y que esa criatura se gestó la tormentosa noche en que asesinó al líder de Vanguardia. Presiente que el hijo es de Tengo y no sabe explicar cómo lo sabe.
Tamaru le ha preguntado por Ushikawa y se lo ha descrito. Un día le ve en el parque y decide seguirlo… hasta la casa de Tengo, donde está vigilando a todos los propietarios del edificio. Ella va lo suficiente tapada como para que le haga una foto con nitidez. Aomame necesita la ayuda de Tamaru para que descubra, por un lado, si ese Kawana es su Tengo Kawana, y para decirle que allí se esconde Ushikawa. Tamaru sonsacará toda la información posible a Ushikawa y terminará asfixiándole. Además, hace una visita a Tengo, para que éste acuda al parque en busca de Aomame, justo con lo necesario.
Aomame sabe cómo salir de ese mundo paralelo a su verdadero mundo de 1984, un mundo que no esté controlado por la Little People. Así que cogidos de la mano deciden encontrar el camino al revés para regresar a la autopista donde Aomame entró en un mundo extraño del que no había retorno alguno. Sólo tienen que mirar la luna para comprobar que han regresado a 1984. Ya nunca más se volverán a separar.

Esta novela de corte fantástico, más cercano a la ciencia ficción que a la fantasía, te introduce dentro de ese mundo paralelo que convive con el mundo real de 1984 (donde la gran mayoría de la gente sólo ve una única Luna). Al final, el mundo de 1Q84 empieza a convertirse en una pesadilla porque, aunque no es tan agobiante como el Gran Hermano de Orwell, sí que se te pone un nudo en el estómago cuando sientes que el cerco se va estrechando, no sobre Tengo y Aomame, sino sobre esa criatura que Aomame lleva en su vientre, porque esa criatura está predestinada a ser la nueva voz de la secta religiosa Vanguardia, la nueva voz que sustituye al líder y, sin ella, Vanguardia está destinada a desaparecer.
La novela está impregnada de una alta dosis de imaginación. No creo que tarde mucho en leer otras novelas de Haruki Murakami, porque en realidad me tiene fascinada y, además, ahora me encuentro saboreando el final y con el regusto agridulce que deja siempre el punto final de una novela: la agradable sensación de quien sabe que pasarán meses hasta volver a coger una gran novela, como la que acabo de terminar, y la tristeza por haberla acabado ya.

En Japón, el tsutsumi (que significa “envolver objetos”) constituye todo un arte. La forma del objeto, o el modo de envolverlo y de presentarlo, inspira innumerables combinaciones y técnicas: bin tsutsumi (para botellas), entou tsusumi (para objetos alargados), futatsu tsutsumi (envoltorio de dos nudos)… Cada objeto puede envolverse con distintos materiales, y cuando se hace con tela se utiliza una de algodón denominada furoshiki. Como alternativa a la bolsa desechable, además de ser respetuoso con el medio ambiente, el furoshiki ofrece una manera práctica de portar objetos.
Para envolver los dos volúmenes de la novela 1Q84, se ha seguido la técnica del hon tsutsumi (envoltorio para dos libros), con un furoshiki en el que se ha estampado la palabra o-miyage, que significa “regalo”.

No sabría envolverlo como venía.

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