lunes, junio 18, 2012

El cuélebre, serpiente alada

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En el año 711 d.C. un ejército compuesto por siete mil musulmanes cruzó el Estrecho dispuesto a conquistar la Península Ibérica. En apenas dos años, este ejército cruzó de sur a norte la península y llegó hasta Asturias, tierra que conquistó el caudillo árabe Muza ibn Nusayr a principios del año 714. Pero los hombres del norte no se resignaron a entregar sus tierras. Por esas mismas fechas, un noble visigodo de nombre Pelayo se refugió en las montañas asturianas con un grupo de rebeldes, desde donde iniciaron una revuelta que terminó con la Batalla de Covadonga en el año 722, que supuso la expulsión de Asturias del ejército musulmán.
Cuenta una leyenda muy antigua que los musulmanes sabían de magia y encantamiento y que llevaban sacas de oro conseguidas en sus múltiples combates. Después de su derrota en la Batalla de Covadonga, pensaron qué podrían hacer para no perder su riqueza, y se les ocurrió esconderla en una de las cuevas asturianas y dejar a uno de sus soldados a cargo de las sacas de oro, hasta que pudieran volver de nuevo a por ellas.
También sabían que era muy peligroso dejar a un hombre solo al cuidado de tantos tesoros, de modo que, por arte de encantamiento, decidieron convertirlo en un ser monstruoso. Al poco de tomar una pócima mágica, el soldado se transformó en una enorme serpiente alada con el cuerpo lleno de escamas, a la que llamaron cuélebre.
Desde ese día, el cuélebre se encuentra escondido en las cuevas asturianas y mata a todo aquél que intenta robarle su tesoro.

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