
Julián tiene 91 años y es de Zaragoza. A estas horas seguro que estará buscándome para jugar al ajedrez y al final tendré que echar una partida con él. Ya le he explicado: "Sé mover las fichas, pero de ahí a jugar... va un mundo". Lleva desde los 15 años jugando al ajedrez, así que me va a pulir en cinco minutos.
Curiosamente, aunque es uno de los ancianos más mayores, la cabeza le rige bastante bien. ¿Será por jugar al ajedrez? Pues al final el ajedrez es un juego que te hace pensar mucho.
Tampoco me puedo ir a cualquier lugar del balneario con el portátil, porque enseguida viene alguien y empieza a hablar, por lo que no puedo seguir escribiendo. Me da la sensación de que los ancianos son seres muy solitarios, que necesitan una persona que les escuche de vez en cuando. Yo les escucho, porque lo que cuentan, en su mayor parte, son lecciones de vida.
Como ha llovido, he estado en una sala de lectura, pero ha sido imposible concentrarme. Me he terminado un libro del que estoy haciendo una especie de reseña, pero que de momento no pondré en el blog, debido a que hay un volumen de continuación que, con cierta previsión, me traje en la maleta, aunque no sé si aguantará toda la semana. Porque ciertamente Murakami me tiene hipnotizada.
A veces me acuerdo de él. En más ocasiones de las que debería me pregunto qué estará haciendo, si alguna vez él también pensará en mí. Hace dos días, entró un chico con el pelo largo y barba encanecida. Desde donde yo me encontraba, al verle me dio un vuelco el corazón. Lo cierto es que aquel era mayor que él, pero yo me encontraba lejos. Sirvió para que me evadiera del lugar durante un momento, porque imaginé que él aparecía aquí, de verdad. Él nunca haría algo así, ni siquiera se le pasaría por la cabeza, yo creo. Pero cuando lo imaginaba sentía cierto regocijo interior. Sería bonito, pero es una especie de utopía en la que es preferible no pensar.
1 comentario:
Hola me ah gustado mucho este esta muy bonito soy vec jeje
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