A veces, las dedicatorias de los libros nos llegan intensamente, como ésta que da comienzo a un libro de un célebre escritor japonés:
"Es un mundo circense,
falso de principio a fin,pero todo sería realsi creyeses en mí".
(It's only a Paper Moon, E.Y. Harbour & Harold Arlen)
Me parece una cita magistral, aunque con las reminiscencias del eco de alguien a quien no me apetece recordar y, sin embargo, está tan presente en mí. Porque cuando he leído esas palabras me he acordado, inevitablemente, de él. Me imaginaba que se las susurraba al oído, que le miraba a los ojos, esos ojos que aún no he olvidado que son angelicales, nobles, sabios.
A veces me pregunto si él también pensará en mí, de vez en cuando. No lo creo, la verdad. Se ha mostrado indiferente durante tres años, así que ahora imagino que nada cambiará.
A mí me gustaría acordarme de él menos de lo que le recuerdo, más bien porque todos los días hay algo que me lleva a pensar en él.
Creo que debería irme con Murakami.
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