martes, agosto 18, 2009

Sin prisas

No quiero irme a dormir porque soñaré y lo peor es despertar, rememorar en dónde estabas (en caso de que lo recuerdes) y volver a la vida real. No quiero decir que la vida real sea mala porque no es así, sólo que en los mundos oníricos vivo experiencias que no existen en la vida real y que muy posiblemente sean deseos reprimidos. No voy a concretar. Los sueños se repiten una y otra vez. Lo que ayer era un lago hoy puede ser una isla desierta; el contenido no varía mucho.
Molan estos sueños. Me pregunto dónde quedan los fantasmas pesadillescos que me producían insomnio hace unos meses, los duendes macabros que me quitaban el sueño. La culpa la tenía Lovecraft (sólo en parte), pues muchos de sus monstruos maquiavélicos tomaban forma en mi imaginación y seguían latentes en las noches en que me desvelaba. Eso me recuerda a que aún me quedan algunas historias de Poe por releer.
Tampoco tengo sueño, así que me sumergiré en la lectura. Algunas noches llego tan cansada que soy incapaz de coger un libro. Estoy perdiendo las buenas costumbres.

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